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Aniversario 30 de la creación de los IPVCE

Sueños y realidades en el Preuniversitario Vocacional de Santiago de Cuba

Por: Odalis Riquenes Cutiño y Dayron Chang Arranz y Luis Ángel Rondón (estudiantes de Periodismo)

Logotipo del IPVCE Antonio Maceo, de Santiago de Cuba.
(Foto: Álvaro Álvarez)

Ya son 30 años de sueños forjados y caminos abiertos los que suma el Instituto Preuniversitario Vocacional en Ciencias Exactas (IPVCE) Antonio Maceo Grajales en Santiago de Cuba cuya historia es la de los más de 15 000 graduados que curso tras curso atraparon, de su mano, el futuro para hacer realidad sus ilusiones de adolescencia.

“A este Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas Antonio Maceo en Santiago de Cuba, y a la exhaustiva dedicación de los profesores, debo mis preseas en los concursos y olimpiadas internacionales de Matemática”, dice con la emoción en los ojos, Reinaldo Gil, ganador recientemente de un lauro dorado en los Iberoamericanos de la asignatura, realizado en México.

“Para repasar nuestro pasado es necesario caminar por entre las memorias de esta escuela de avanzada, en la que nos constituimos como profesionales y seres humanos; ella está indisolublemente ligada a lo que hoy somos”, evoca Ado Sanz Milá, ex estudiante del centro, actualmente locutor de radio y televisión.

Tres décadas de indispensable y certera guía, de cotidiano bregar cultivando, lo más exacto posible, el conocimiento, la vocación, la ciencia y la virtud.

La impronta marcada por el IPVCE se valida con los amplios resultados docentes y educativos alcanzados desde su creación, que la hicieron merecedora de la condición de centro Vanguardia Nacional y de la Bandera de Honor de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), en el año 1991.

“En el presente lustro, entre otros reconocimientos, hemos obtenido 109 medallas provinciales, 43 a nivel nacional y 10 a nivel internacional, lo que demuestra la calidad de nuestra enseñanza”, comenta orgulloso Roberto Sánchez Leyva, actual director del centro.

Las Olimpiadas del Saber, los eventos de monitores, las sociedades científicas, los encuentros Inter-IPVCE forman parte, entre otras, del arsenal de actividades en las que el pre vocacional ha cosechado estos premios y distinciones.

Haber alcanzado el ciento por ciento de aprobados en las pruebas de ingreso a la Educación Superior el pasado curso es un récord que nos impone nuevos retos, argumentó Eddy Labrada, secretario docente de la escuela.

La vinculación de los educandos con el trabajo y la producción de alimentos, así como la promoción de la defensa, la cultura y el deporte son otros de los méritos que ostenta “la Vocacional santiaguera” en su empeño de formar integralmente a sus estudiantes.

“Recuerdo cómo hicimos de todo: el movimiento de artistas, el Festival de Frutas y Vegetales, Mi Casita Bonita, autoservicios y aulas modelos, choques deportivos recreativos, paradas militares, asambleas de la organización y el trascendental programa Encuentro con Clío de la televisión”, nos cuenta Israel Calderin Calzadilla, estudiante de Derecho y ex-presidente de la FEEM.

Aunque le pesan algunos años, el IPVCE continúa cultivando el interés por todas estas iniciativas. Con ese mismo espíritu podría subir muchas veces más el Pico Turquino y hasta vivir el nerviosismo de probar sus conquistas en una prueba de ingreso.

Una meta en la mira
Experiencias como estas renacen cada septiembre desde la fundación de la escuela, en octubre de 1979. Una excursión por las memorias estudiantiles da testimonio de esos primeros años donde alumnos y profesores aunaron esfuerzos para hacer del instituto un hogar:

“Nos separamos de nuestras familias siendo aún de los pioneros y llegados de Bungo Seis y Diez, en el municipio de Contramaestre —antecedentes de la actual escuela—. Decidimos apoyar en las labores constructivas y cuidar con nuestra guardia, hasta de madrugada, los medios que poseíamos”, recuerda Adela Díaz, económica de la Empresa de Seguros Internacionales y una de las primeras dirigentes de la organización juvenil.

Por idea del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, en el año 1986, después de un amplio período de transformaciones educacionales, la Vocacional se convierte en un Pre de Ciencias Exactas, con un alto nivel de rigurosidad en la selección de sus alumnos. Con este cambio se daba respuesta a las necesidades del país de incentivar el gusto por las carreras científicas y orientar de manera práctica la vocación de los pinos nuevos.

En la búsqueda de su identidad el centro fue conformando en poco tiempo los elementos que hoy lo distinguen. Así surgió su peculiar monograma, el Maceo que señala el camino hacia futuros horizontes y su insigne plaza de la cubanía, que recorre en hitos la historia del proceso revolucionario cubano.

“Estos eran viejos anhelos de los estudiantes. No olvido que cuando portaron por primera vez en un viaje a otra provincia el distintivo recién estrenado, causó tal conmoción, que los alumnos tuvieron que desprenderse de ellos para obsequiarlos”; recuerda Juan Francisco Vera, ex–director del centro e inspirador de estas iniciativas.

La maravilla que es educar solo es posible conseguirla contando con hombres de tal magnitud, al decir del propio Vera, “hombres del uno al nueve, verdaderamente sin-ceros”.

“Al salir de la Vocacional nos llevamos muchos recuerdos, pero guardamos uno con especial agrado que resume los 30 años de la escuela: Máximo Barrena Ibarra, subdirector de internado, es la síntesis perfecta de la consagración y la enseñanza”, asevera Zeida Suárez, primera secretaria profesional de la UJC y actual subdirectora de actividades en el teatro Heredia.

Tal parece que su existencia se hubiese fundido a la maravillosa obra de su creación. El profesor Máximo asegura que a pesar de los años que pesan sobre sus espaldas, a pesar de estar jubilado, no descansará, en aras de que el IPVCE continúe siendo una escuela de puntería, en la que se tiene que seguir trabajando por mantener los objetivos iniciales para los que fue creada.

Momentos en que estudiantes del IPVCE reciben la Bandera de Honor de la Unión de la Jóvenes Comunistas (UJC), en el año 1991.
Momentos en que estudiantes del IPVCE reciben la Bandera de Honor de la Unión de la Jóvenes Comunistas (UJC), en el año 1991.
(Foto: Álvaro Álvarez)

Disparando hacia el futuro
Para perfeccionar y optimizar su sistema de enseñanza, la Vocacional indómita pone nuevamente en la mira sus fundacionales objetivos, dirigiendo su programa de estudio hacia las ciencias naturales y exactas, especialidades con variedad de ofertas universitarias por las cuales solamente pueden optar los estudiantes que allí ingresan desde el pasado curso escolar.

En aras de garantizar la excelencia que denota la condición de segundo IPVCE más importante en todo el territorio nacional, por su complejidad en el aprendizaje e integralidad en la institución, se aumenta la exigencia constante por la auto-superación del personal docente, así como por la preparación del alumnado.

“Para que esta misión se cumpla, explica el director, nos ocupamos por crear las condiciones materiales y humanas, una tarea que requiere del apoyo de todos”.

Alegre y aún lozana la escuela conserva en sus aulas, pasillos y dormitorios, el alma de varias generaciones que la mantienen respirando.

“Me llevo conmigo lo que aprendí con las exigencias de los profesores, con las desenfrenadas travesuras, con los castigos en las madrugadas, con la severidad del estudio y de los exámenes finales”; afirma Mc Johnson Uzuatuego, egresado del centro.

Gretchen Gómez, ex–presidenta nacional de la FEEM, considera además que “es una huella imborrable porque se enfrentan situaciones diferentes, se conoce el abrazo de muchos amigos y se convive en una casa grande con disciplina y educación”.

Como duende curioso, el IPVCE juguetea con el tiempo y en la voz de quienes se niegan a olvidar cuenta su historia para multiplicarse en ingenieros, médicos, científicos y verdaderos profesionales.

Como expresara Máximo en sus memorias, el IPVCE santiaguero “llegó para quedarse y seguir disparando con precisión hacia el futuro”. Con ese compromiso de 30 años se alista hoy para buscar nuevas aventuras.

Vocacional por dentro
El IPVCE Antonio Maceo Grajales está enclavado en el kilómetro tres y medio de la Autopista Nacional Sur de Santiago de Cuba y cuenta con una extensión de 23,7 hectáreas, además de tres caballerías dedicadas a las áreas de autoconsumo. Actualmente posee una matrícula de 1553 estudiantes, de ellos 980 hembras y 573 varones.

Estructuralmente, la escuela está conformada por cuatro unidades de estudio, cinco comedores, dos cafeterías, un laboratorio de plantas medicinales, un centro médico con área terapéutica, uno de documentación, otro de entrenamiento para concursantes del territorio y varias aulas especializadas donde se profundizan los conocimientos en las ciencias exactas, naturales y el idioma.

Para fomentar la actividad física y el deporte cuenta con un campo de pelota, una pista olímpica, un complejo de piscinas, un tabloncillo y dos canchas de baloncesto y voleibol.

A esto se le suman el anfiteatro, el cine, la sala de historia, y el salón de proyecciones, entre lugares donde se promueve la cultura y la recreación.



(Tomado de Radio Baraguá Digital)


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