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La tierra fue a manos de sus verdaderos dueños
Por Matilde
Salas Servando
Antes del triunfo de la Revolución
Cubana, de enero de 1959, eran miles los ciudadanos, sobre
todo de las áreas rurales, donde la propiedad de la
tierra estaba en manos de unos pocos y los campesinos carecían
de escuelas y asistencia médica.
Con el objetivo de solucionar el hambre,
la miseria, el desalojo, la incultura, el pago de altas rentas,
la falta de caminos, médicos, hospitales y energía
eléctrica, un grupo de jóvenes, dirigido por
el abogado Fidel Castro, asaltó a los cuarteles Moncada
y Carlos Manuel
de Céspedes en julio de 1953, ambos en el extremo oriental
de la isla de Cuba, para tratar de recuperar la dignidad de
nuestro pueblo.
En el juicio por esos sucesos, el principal
encartado, Fidel Castro, destacó en su auto-defensa,
que 500 mil obreros del campo habitaban en bohíos miserables,
trabajaban cuatro meses al año en la zafra azucarera
y pasaban hambre el resto del año.
Desde los primeros días del triunfo
revolucionario de enero del ’59 se creó una comisión
para redactar la Primera Ley de Reforma Agraria, que se firmó
el 17 de mayo de ese año en La Plata, sede de la Comandancia
General del Ejército Rebelde, durante la campaña
guerrillera en la Sierra Maestra, el escenario donde durante
25 meses se desarrolló la lucha armada contra la tiranía
de Fulgencio Batista.
Se escogió esa día para aprobar
la Primera Ley de Reforma Agraria en justo homenaje al luchador
campesino habanero Niceto Pérez García, quien
fue asesinado en igual fecha de 1946, muy cerca de su casa,
cuando iba en compañía de sus dos de sus cinco
pequeños hijos, hacia su parcela de cultivo, en el
lugar conocido por María Luisa.
Desde años atrás, la zona
de Realengo Tres, en Guantánamo, era codiciada
por la Compañía Ermita S.A. y la Guantánamo
Sugar Company, pero Lino Mancebo, administrador de un poderoso
consorcio, primero trató de intimidar a Niceto para
que abandonara el lugar y ante su negativa se adelantó
a los demás y preparó la forma de eliminarlo
por la fuerza.
Este hecho fue el desenlace de una antigua
querella, que tenía como objetivo desalojar a 128 familias
de las tierras estatales que ocupaban. El horrendo crimen
conmovió a los vecinos de la zona, y al día
siguiente miles de residentes en El Vínculo, Yateras
y Guantánamo acompañaron el cadáver hasta
el cementerio de ésta ciudad, en lo que fue una verdadera
manifestación de protesta.
Centenares de miembros de la Asociación
Campesina de Realengo 18 fueron a caballo al parque José
Martí, de Guantánamo, y ahí se concentraron,
con el apoyo de los obreros de la zona, para reprobar la violenta
muerte del agricultor Niceto Pérez García.
La condena fue unánime y las autoridades
del lugar no tuvieron otro remedio que iniciar un proceso
judicial a Lino Mancebo, promotor del asesinato a Niceto y
Alejandro Coque, quien apretó el gatillo asesino y
segó la vida del campesino.
A pesar de que las autoridades de turno, apoyados por el corrupto
régimen gubernamental, quisieron aparentar que se iba
a juzgar a los criminales, lo cierto es que los autores de
esa fechoría se paseaban por La Habana, con exclusión
de fianza, sin llegarse a dictar sentencia en ningún
momento, como si nada hubiera ocurrido.
Con la firma de la Primera Ley de Reforma
Agraria en 1959, trece años después del horrendo
crimen del campesino Niceto Pérez, se inició
la verdadera justicia por el asesinato.
En 1961, se escogió nuevamente
el 17 de mayo para recordar a quien se convirtió en
símbolo del campesinado cubano, al constituirse en
esa fecha la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños
(ANAP). Esta organización está destinada, desde
su nacimiento, a organizar, orientar, unir y representar los
intereses del campesinado, lo que también es una forma
de honrar a Niceto Pérez García.
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