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El regreso de Niceto
Por Amado Andux Couso

Niceto cayó defendiendo el
derecho del campesino a poseer la tierra que cultivaba.
(Foto: Archivo) |
Aquella horrenda mañana del 17 de
mayo de 1946, los sicarios no repararon siquiera en que al
hombre a quien iban a matar lo acompañaban dos de los
hijos de este, de 4 y 6 años. Incluso, uno propuso
aniquilar a los pequeñines, para que no quedaran testigos.
Cuando Niceto Pérez, ensangrentado
y tambaleante, se aproximó a su esposa, que había
salido a su encuentro al escuchar los disparos, mientras le
decía quiénes eran sus asesinos, le repetía:
"¡Matan a los muchachos! ¡Matan a los muchachos!".
Solo al ver llegar a su lado a los niños se sonrió
y se cerraron sus ojos.
Este drama había comenzado en 1944, cuando una compañía
administrada por Lino Mancebo —quien había sido
director del Instituto Cubano de Estabilización del
Café, en época de Batista,
y del cual era compinche—, pretendió desalojar
de las tierras que cultivaban a 128 familias campesinas asentadas
desde hacía más de 20 años en El Vínculo
de Guantánamo (Realengo 3), donde trabajaban y vivían
como precaristas. La firme actitud de los campesinos impidió
que fructificara el empeño del geófago, propietario
de una finca colindante con el citado realengo.
Los desalojos
La práctica criminal de desalojar, por la fuerza, de
las tierras que labraban a miles de familias campesinas pobres,
mediante el empleo de sicarios y de la Guardia Rural, dejaba
a estos sin medios de subsistencia y sin sus casas, por lo
cual tenían que irse a vivir en los caminos vecinales,
en medio de la más terrible miseria.
Esta forma violenta de despojo utilizada por los latifundistas
del país y de las transnacionales norteamericanas,
en complicidad con los corrompidos gobernantes de turno, tuvo
en las tierras realengas guantanameras una tenaz resistencia
desde los años `30, en cuyas batallas se destacó
Lino de las Mercedes Álvarez, mambí devenido
aguerrido y prestigioso dirigente campesino.
En 1945, nuevamente el íntimo amigo de Batista intentó
desalojar a los campesinos de El Vínculo, pero estos
volvieron a resistir y vencer. Enfurecido por su fracaso,
Mancebo y su hijo Pucho concibieron el homicidio de Niceto
Pérez, por ser uno de los que con mayor decisión
y valentía rechazara las pretensiones del voraz geófago.
Bravuconerías de los Mancebo
Meses antes del crimen, acompañados de soldados de
la Guardia Rural, los Mancebo trataron de construir una cerca
a través de la finca María Luisa, cultivada
por Niceto. Este no lo aceptó con actitud resuelta.
Empezaron entonces las presiones y bravatas. En abril de 1946,
el hijo de Mancebo con una pareja de soldados, fue a la finca
de Niceto y con un revólver en la mano lo amenazó
de muerte si no accedía a sus deseos. Días después,
se reiteraron las intimidaciones.
El 26 de ese mes, el corajudo campesino denunció tales
amenazas en el cuartel de la Guardia Rural, y, por supuesto,
los gendarmes de los terratenientes no hicieron nada.
El primero de mayo siguiente, en represalia por la denuncia,
el mayoral de los Mancebo se presentó en la finca y
al no encontrar a Niceto, le destruyó las siembras
y se robó los frutos existentes.
Finalmente, el 17 de mayo, cerca de las nueve de la mañana,
los sicarios de los Mancebo lo ultimaron a tiros.
Condena popular
La desaparición de Niceto Pérez conmovió
a todos los campesinos de los realengos guantanameros. La
noticia recorrió el país de un extremo a otro.
Organizaciones campesinas y obreras emprendieron diversas
acciones para exigir justicia. Incluso llevaron a Marina Trujillo,
su viuda, ante el entonces presidente de la República,
Ramón Grau San Martín, para que le relatara
los hechos y denunciara a los asesinos. Con su habitual cantinfleo
y socarronería, este prometió justicia.
Decenas de actos de masas se efectuaron en toda Cuba. El 27
de noviembre de 1946, los estudiantes guantanameros realizaron
uno en el que habló el líder popular Eduardo
Chibás.
Sin embargo, los verdaderos asesinos de Niceto no fueron condenados,
aunque si los estigmatizó la historia.
Aniceto (su nombre real) Pérez García nació
en Güira de Melena, el 27 de marzo de 1908, según
el Registro Civil, aunque varios familiares aseguran que fue
el 20 de marzo de 1907.
Quienes 55 años atrás quisieron hacerle desaparecer,
no imaginaron nunca que este hombre honesto, de gran dignidad
personal y valentía, devendría símbolo
imperecedero de la lucha de los campesinos cubanos por defender
el derecho a poseer la tierra que cultivaban con sus nobles
manos. De ahí que al triunfar la Revolución
se escogiese el 17 de mayo para firmar, en 1959, la Ley de
Reforma Agraria, y para crear la Asociación Nacional
de Agricultores Pequeños, en 1961.
El Indio
Naborí*, en su poesía “El retorno de Niceto
Pérez”, refleja en su estrofa final una bella
imagen que es toda una advertencia a los enemigos de la Revolución
cubana: ...y te oigo cantar, y siento / que en este mayo se
convierte / de la fecha de tu muerte / en la de tu nacimiento.
(Tomado de www.elhabanero.cubaweb.cu)
* Sobrenombre del destacado poeta cubano
Jesús Orta Ruiz.
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