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Escuela de San Alejandro
Durante los siglos anteriores al XIX y específicamente
en esa última centuria, las artes plásticas
en Cuba no tuvieron un desarrollo notable, y siempre el arte
oficial fue el academicista, en franca contraposición
a los intereses de muchos artistas nacionales.
El empeño personal, la falta de apoyo constitucional
e incluso la lucha contra los gobiernos de turno fue la nota
característica de la creación en la Isla. Esa
batalla se inició en tiempos de la Colonia con la fundación
de la Escuela Gratuita de Dibujo y Pintura, el 12 de enero
de 1818, que en 1832 recibe el nombre con el que quedó
en la historia de las artes plásticas cubanas, Escuela
de San Alejandro, en honor a su creador, Alejandro Ramírez,
director de la Sociedad Económica de Amigos del País.
Su primer director, el pintor francés Juan Bautista
Vermay (1786-1833), había venido a Cuba años
antes para encargarse de los frescos que adornan El Templete,
monumento neoclásico que indica el sitio de fundación
de la villa de La Habana. Otros importantes directores fueron
los también pintores Armando Menocal (1863-1942), Leopoldo
Romañach(1862-1953) y el escultor Florencio Gelabert en
1959.
Entre los estudiantes de la Escuela de San Alejandro estuvieron
figuras como el Héroe Nacional, José
Martí (matriculó Dibujo Elemental en 1867); el
comandante guerrillero de la Sierra Maestra Camilo Cienfuegos,
interesado en 1947 en aprender escultura, y destacadas figuras
de la pintura nacional como Wifredo Lam, Amelia
Peláez, Víctor Manuel García, René
Portocarrero, Flora Fong, Manuel Mendive, Rita Longa,
Antonia Eiriz, Tomás Sánchez y Carmelo González.
Tras años de adormecimiento, la pintura cubana renace
en las primeras décadas del siglo XX. En 1937, Eduardo
Abela funda en San Alejandro el Estudio Libre de Pintura y
Escultura, una expresión del proceso renovador que
experimentó la cultura cubana desde la década
del 20.
En esos años, la trayectoria de la gran mayoría
de los artistas plásticos cubanos incluyó constantes
viajes a las capitales artísticas del mundo como París
y New York, en un periplo que les nutría de los nuevos
aires y la nueva técnica sin que perdieran la visión
raigal de la cubanía. Como toda expresión en
Cuba, las artes plásticas se nutren de una mezcla de
fuerte nacionalismo con un cosmopolita rasgo de asimilación
de otras culturas y de la modernidad.
Al triunfo de la Revolución, la misma campaña
alfabetizadora y por la cultura que promovió el gobierno
fue un impulso en el terreno de las artes visuales. Surge
en 1961 la Escuela de Instructores de Arte. En 1962, la Escuela
Nacional de Arte, y en 1976 el Instituto Superior
de Arte, complementados todos con la permanencia de la
Escuela de San Alejandro y numerosos centros de estudio y
exposiciones a lo largo del país, dando lugar a una
verdadera explosión creativa que queda patentizada
en las generaciones de pintores posteriores y tiene su cima
en la heterogénea y activa generación de los
'90.
(Tomado
de www.radioreloj.cu) |
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