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Tomás Romay: Vigencia de un legado
Por Orfilio Peláez

(Foto: Archivo) |
Cuba celebró en el 2006 el bicentenario
de la introducción de la vacuna contra la viruela,
suceso científico que tuvo en el doctor Tomás
Romay Chacón (1764-1849) a su principal promotor.
La conmemoración de tal acontecimiento bien merece
exponer los aportes de este insigne médico nacido en
La Habana y considerado por los historiadores una de las figuras
más relevantes dentro de la naciente intelectualidad
de la pujante burguesía criolla de finales del siglo
XVIII e iniciador del movimiento científico cubano.
Y es que la obra de Romay estuvo en importantes hechos que
marcaron verdaderos hitos en el desarrollo de la sociedad
de la época, sometida por entonces al dominio de la
metrópoli española.
Fue uno de los redactores principales del Papel Periódico
de La Habana desde su fundación en 1791, publicación
en la que frecuentemente aparecieron artículos de corte
científico.
También estuvo entre los miembros más activos
de la Real Sociedad Económica de Amigos del País
(creada en enero de 1793), de la cual llegó a ser director
en 1842.
Precisamente ante esa institución, el 5 de abril de
1797, leyó su célebre trabajo “Disertación
sobre la fiebre maligna llamada vulgarmente vómito
negro, enfermedad epidémica en las Indias Occidentales”,
considerado el primer estudio científico de la fiebre
amarilla publicado en el país, obra que le valió
ser elegido Académico Correspondiente de la Real Academia
de Medicina de Madrid en 1798.
Sin embargo, y como bien se aprecia en el libro “Cien
figuras de la Ciencia en Cuba”, editado recientemente,
Tomás Romay trasciende ante todo por haber difundido
y promovido la vacunación antivariólica en nuestro
país.
Apenas cuatros años después de ser descubierta
por el científico inglés Edward Jenner, el sabio
cubano la aplica por primera vez en La Habana el 12 de febrero
de 1804 —en enero de ese propio año se practicaron
algunas vacunaciones en Santiago de Cuba por el cirujano francés
Vignard—, pese a la férrea oposición de
quienes atacaban el novedoso procedimiento y eran partidarios
del método de la inoculación.
En un acto de valor y seguridad en sus conocimientos, Tomás
Romay vacunó a sus dos pequeños hijos y luego
en una demostración pública les inoculó
el pus de un paciente atacado por la viruela para probar a
sus detractores que una persona vacunada no padecería
el mal, aún cuando se le introdujera el virus activo
de un individuo enfermo.
Tras el éxito del científico criollo y la llegada
a Cuba de una expedición española enviada a
América por la metrópoli para introducir la
vacuna en sus colonias, se creó una Junta Central de
Vacuna en La Habana, presidida por Romay.
Durante casi cuatro décadas y en un digno ejemplo de
la responsabilidad social que debe tener todo médico,
el sabio cubano difundió la vacuna contra la viruela
en el país y logró inmunizar a decenas de miles
de personas.
Junto con su extraordinaria labor en la lucha frente a esa
enfermedad, Romay realizó importantes reformas en la
docencia médica al introducir nuevos métodos
basados en la observación y la práctica, promovió
la modernización de la medicina clínica, y logró
restablecer la enseñanza de la Anatomía.
Sin duda, su quehacer es un paradigma para las presentes generaciones
de médicos y científicos cubanos.
(Tomado
de www.chtv.cubasi.cu)
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