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Realidad de las Ciencias Farmacéuticas

Incrementar el número de profesionales de las ciencias constituye una de las prioridades de la universidad cubana.

Por Isabelle

Ilustración.
(Ilustración: Yanisleydi)

Ya desde la antigüedad hombres y mujeres hacían uso de los elementos de la naturaleza para sanar o prevenir determinados males. Curanderos, brujos, médicos, entre otros, eran catalogados como buenos o malos, entre otras razones, por la efectividad de los remedios o medicinas que indicaban.

En este sentido, hacia la segunda mitad del siglo XVI en Cuba, la cura de las enfermedades era asumida por un variado grupo de personajes, debido a la ausencia de instituciones creadas para este fin. Ensalmadores, médicos, boticarios y parteras constituían un importante séquito con alta demanda de/por sus servicios.

Todos ellos hacían gala de sus habilidades tras haber adquirido mayores o menores conocimientos en otros países o haberse entrenado en la Isla. Su preparación se formalizó un tanto a principios de la centuria XVII, cuando el rey Felipe III decidió otorgar licencias a aquellos que pudieran demostrar su capacidad para curar enfermos, o elaborar y dispensar preparados medicinales.

Para ello debían presentar el título de alguna de las universidades españolas o dar muestras de su habilidad en el manejo de cocimientos de origen vegetal, ungüentos y en la realización de sangrías y otros métodos curativos.

Pero todo no quedó ahí: el monarca también dio autorización para que tales personas pudieran enseñar y otorgar la condición de practicante a los aprendices, fundamentalmente los criollos.

Aunque se estaba lejos de asumir como una industria la curación a través de remedios, el hecho puede ser considerado como uno de los primeros intentos por ampliar los conocimientos de este saber.

A pesar de que históricamente se ha asumido como función fundamental de los farmacéuticos la de abordar científicamente todo lo relacionado con los medicamentos, en la actualidad, la especialidad de Farmacia ha ampliado su espectro de conocimientos, y se considera una de las de mayor rigor académico en el ámbito universitario.

Primeros pasos para una sabia elección
Si preguntase a alguno de ustedes qué ubicación puede tener un egresado de la carrera de Ciencias Farmacéuticas, algunos no encontrarían otras respuestas que: “vender en una farmacia” o “preparar fórmulas durante todo el día”. Sin embargo, la mencionada profesión tiene otras utilidades, lamentablemente desconocidas.

Dr. Antonio Iraizuz, profesor del Instituto de Farmacia y Alimentos de la Universidad de la Habana.
Para el dr. Antonio Irazuz, profesor del IFAL, la carrera de Ciencias Farmacéuticas es una de las más fuertes por la carga docente.
(Foto: Sureidy)

Una vez terminados los estudios, la Dirección Nacional de Farmacias recurre a un porcentaje significativo de egresados, otras industrias como la alimentaria, la del petróleo, la de cosméticos, el Centro Nacional de Estudios Clínicos, así como todos los centros del Polo Científico, también demandan su presencia ya sea en el área de producción o la investigación.

Ahora bien: antes de saborear la posibilidad de ser un investigador o trabajador de estas instituciones, es indispensable conocer del rigor académico de dicha carrera.

Si bien el primer año está concebido para que los nuevos ingresos se adapten al sistema de educación superior y sus exigencias, una buena base en química, biología, te permitirán adecuarte con mayor facilidad a la carga docente pues, según el dr. Antonio Iraizuz, profesor del Instituto de Farmacia y Alimentos de la Universidad de la Habana; es considerada una de las carreras más rigurosas dentro del ámbito académico universitario. Química Farmacéutica, Ciencias Bbiomédicas, Farmacia, Microbiología e Inmunología son algunas de las asignaturas que conforman el programa de estudios.

Claro, el terminar la exhaustiva preparación recibida en los cuatro ejes que conforman la industria farmacéutica (el biológico, químico, tecnológico y el de los servicios), estarás apto para desempeñarte en una amplia gama de funciones.

La palabra farmacia viene del griego farmakon, que significa medicamento. Desde sus mismos orígenes estuvo siempre vinculada al arte de la curación, por lo que el farmacéutico era toda una personalidad, pues era el responsable de preparar las pócimas, jarabes y otros brebajes. En la actualidad su función trasciende estos límites.

Retos ante la escasa orientación vocacional
La motivación hacia una rama del saber, entre otras razones, se fortalece por el acertado conocimiento que poseamos acerca de ella. En el caso de las ciencias farmacéuticas, la insuficiente información sobre ella la reviste de falsos mitos que atentan contra su visibilidad con respecto a otras.

Lamentablemente esta creencia se encuentra muy extendida y ello atenta contra el ingreso a la carrera, reflexiona el dr. Iraizuz.

“Ese desconocimiento también influye desfavorablemente en las matrículas que hemos tenido en los últimos años en el número de egresados que logramos –continúa el profesor –. Los muchachos eligen otras especialidades y algunos de los que llegan a nuestras aulas la tomaron como segunda o tercera alternativa por lo que la motivación es menor. Y una carrera tan fuerte como esta necesita de gran incentivo para lograr buenos resultados docentes y por tanto tributan a que las promociones sean más numerosas”.

En este sentido, la facultad busca alternativas para lograr una orientación vocacional acertada pues el proceso de Puertas Abiertas no se lleva a cabo con la frecuencia y el rigor necesario.

Así, hace unos meses, un grupo de profesores y estudiantes puso en práctica una multimedia en la cual se explica minuciosamente en qué consiste la carrera.

Según Lisandra Herrera Belén, estudiante de quinto año de Ciencias Farmacéuticas e integrante del equipo de realizadores, “el material será útil, pues los estudiantes de la FEEM conocerán en qué consiste la especialidad, así como las diferentes opciones de trabajo a las cuales puede aspirar un egresado, y con esta información podrán sentirse más motivados”.

Así opinan los futuros farmacéuticos

Durante el período colonial, La Habana sobresalió por la existencia de una cantidad significativa de farmacias llamadas también boticas. Muchas de ellas han llegado hasta nuestros días por los productos que expendían, la belleza de los locales que ocupaban y por sus instrumentales. A ellas no solo se asistía en busca de opio, alcanfor, jarabes, ungüentos y otros remedios, sino también para comentar temas de actualidad.



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