| Bollywood
Magia con rentabilidad
El séptimo arte hindú
no cesa de sorprender por su cuantiosa producción,
que ronda la increíble cifra de mil películas
anuales, prácticamente todas de rotunda pegada en el
público local. Hollywood se retuerce de envidia frente
a la supremacía de su colega del Oriente, pero, por
más que lo intenta, no ha podido venir a bailar en
“casa del trompo”.
Por Pavel
López

La nominación a los premios
Oscar del filme hindú Lagaan, comenzó a
despertar el interés de Occidente por el cine de
Bollywood. Su argumento demostró que el entretenimiento
y la visión crítica del pasado podían
combinarse en una oferta digna, trascendiendo los esquemas
de la bobería tópica presentes en esta cinematografía.
(Tomada de www.denhibui.com) |
En Occidente, las noticias que llegan sobre
la Meca del cine oriental no alcanzan para formarse una elemental
idea acerca del fenómeno “Bollywood”. El
término, acuñado en la década del 70
de la anterior centuria, se sustenta en el juego con las palabras
Hollywood, cuna del cine estadounidense, y Bombay, otrora
nombre de la ciudad de Mumbay, donde han radicado tradicionalmente
los principales estudios fílmicos de la India.
Los centenares de películas gestados
en la nación apenas se proyectan de este lado del orbe,
lo cual no impide que las efectivas dinámicas de funcionamiento
de su industria cinematográfica despierten la franca
admiración de especialistas y públicos en cualquier
parte.
Sus fórmulas estéticas
son muy discutibles, pero en momentos de globalización,
justo cuando asistimos al exterminio paulatino de las culturas
nacionales, no deja de ser significativa la existencia de
un territorio del llamado “Tercer Mundo”, donde
las propuestas audiovisuales foráneas, incluidas las
“deslumbrantes” cintas made in USA están
condenadas al más estrepitoso fracaso.
Que nadie lo dude: el mito sobre el poderío del séptimo
arte norteamericano colapsa en las fronteras de esta región,
cuyos habitantes, no en balde, han sido catalogados como los
ciudadanos que más cine consumen en todo el orbe.
Según datos de la Film Board Asociation, difundidos
en la publicación digital Revista D, el promedio aproximado
de asistencia a las salas de exhibición en la India
se acerca a los mil millones de espectadores a solo tres semanas
de estrenada una obra.
Sin embargo, la efectividad con que opera
la industria fílmica en este rincón del mundo
no se evidencia tan solo en el éxito local de sus ofertas.
La fuente de marras afirma que las películas hindúes
se exportan a más de 95 países, sobre todo de
la zona de Asia Meridional (Bangladesh, Nepal, Sri Lanka,
Pakistán), así como repúblicas centro-asiáticas
que formaban parte de la antigua Unión Soviética.
Rusia y Japón no escapan a la “fiebre”,
como tampoco aquellas naciones con importantes comunidades
de emigrantes hindúes, entre ellas Sudáfrica,
Singapur e Inglaterra. En esta última, varias películas
bollywoodenses figuran entre las diez más taquilleras
de todos los tiempos, y algunos de sus actores han sido catalogados,
según una reciente encuesta de la BBC, como los más
populares de la historia.
El fenómeno no es nuevo. Desde las
primeras décadas del siglo XX la producción
sobrepasaba el centenar de cintas anuales, una tradición
que se fue consolidando hasta la actualidad.
Los hábitos de consumo cinematográfico
en esta zona solo pueden compararse con la devoción
de los japoneses por el anime, o de los latinoamericanos por
la telenovela.
A ello contribuye, sin dudas, que el precio
de la entrada a cualquiera de las 10 mil salas de proyección
existentes en el país apenas rebase los 20 centavos
de dólar estadounidense, y que estos “templos
de la evasión” permanezcan abiertos de 11 de
la mañana a 11 de la noche.
Asimismo, cada realización viene
respaldada por una campaña mediática de armas
tomar: las bandas sonoras de los filmes son difundidas en
la radio meses antes de su debut en la pantalla grande, secuencias
de bailes que aparecen en las cintas se pasan sistemáticamente
por la televisión local, y cada centímetro de
calle es decorado con gigantescos carteles publicitarios de
las películas. Todo para garantizar que el día
del estreno “los cristales se rompan”.
Y es que, nadie lo dude, detrás de
cada obra se mueven los resortes de una bien aceitada industria
cultural, que busca, más que todo, la incesante reproductibilidad
del dinero.

El sistema de estrellas constituye
uno de los eslabones fundamentales de la industria cinematográfica
hindú. Una voz afinada, dotes para el baile, un
rostro divino, y ya se tiene un actor. En la foto Aishwarya
Ray, ex?Miss Universo convertida en actriz de la noche
a la mañana.
(Tomada de www.140.tinypic.com) |
La estandarización de la producción
bollywoodense puede constatarse en los repetitivos argumentos,
casi siempre circunscritos a una pasión adolescente
entre representantes de diferentes clases sociales. Todo ello
salpicado con secuencias de música y baile tradicionales,
con leves pinceladas sonoras de modernidad. Por otra parte,
el universo visual de estas cintas no rebasa los presupuestos
del kitsch más estridente.
En resumen, cualquier semejanza con el dramatizado seriado
latinoamericano no es pura coincidencia.
Se trata de una planificada
amalgama de ingredientes, capaz de conectar con la sensibilidad
y las expectativas culturales más elementales, fácilmente
localizables en un público que ronda los 3 mil 600
millones de espectadores, dentro de los cuales un considerable
porcentaje es analfabeto.
Tras múltiples décadas de
tradición cinematográfica nadie discute la pericia
técnica de los realizadores hindúes, pero la
nulidad artística de sus propuestas es más que
verificable en la actitud vegetativa que frente a la realidad
que proponen.
Bollywood deviene así foco de resistencia
cultural…a medias: la India que cristaliza en el celuloide
no deja de ser pintoresca y epidérmica. La mitología
y las tradiciones recreadas en los argumentos, no pasan de
meros fetiches para aliviar la nostalgia por sus raíces
en los integrantes de una sociedad sometida a las contradicciones
del desarrollo económico capitalista acelerado.
No por gusto, en muchas de estas películas, se plantea
la coexistencia armónica entre lo rural y lo urbano,
lo tradicional y lo moderno, expresado en anécdotas
de jóvenes que emigran a la ciudad y alcanzan todos
sus sueños, o miembros de clases sociales diferentes
que terminan enamorándose y viviendo felices para siempre.
En estas cintas, las desigualdades sociales,
el desempleo, la miseria generalizada, no pueden visibilizarse;
solo las insustanciales desavenencias entre familias hindúes,
vestidas con trajes típicos, al interior de sofisticadas
mansiones modernas, o sus desenfrenados bailes en medio de
surtidos mercados callejeros, donde los carros de último
modelo transitan como “Pedro por su casa”.
En fin, las “propagandas silenciosas”
de las que hablara el intelectual Ignacio Ramonet se hacen
más que palpables en esta estética puesta al
servicio de intereses económicos y políticos.
No es de extrañar que múltiples partidos utilicen
a los actores de Bollywood para respaldar sus campañas
electorales o, venga el disparate, muchas de estas estrellas
terminen siendo postuladas para importantes cargos públicos.
.
En un contexto tan agresivo el cine “de autor”
está condenado al fracaso, aunque ello no ha impedido
que algunas voces se hagan sentir desde el pasado siglo, manifestando
preocupaciones por múltiples temáticas sociales.
Los nombres de Satyajit Ray y Sehkar Kapur, sobresalen por
alcanzar, gracias al vuelo de sus piezas, un merecido prestigio
internacional.

Mira Nair, la chica incómoda
del cine indio. La realizadora lo mismo triunfa en Estados
Unidos, con lo cual burla el hermético sistema
de producción de su país, de absoluto dominio
masculino; que se faja de tú a tú con la
opinión pública, al poner sobre el tapiz
los tabúes presentes en la sociedad india contemporánea.
(Tomada de www.img2.timeinc.net) |
Junto a ellos un caso atípico: la
cineasta Mira Nair, quien no solo le ha ido de frente a temas
“candentes” de su país como la infancia
desatendida, los violentos choques culturales entre las comunidades
de indios emigrantes en el mundo y su lugar de asentamiento,
o los tabúes presentes en la sociedad hindú
contemporánea, sino que ha demostrado que el punto
de vista femenino puede y debe realizarse, en medio de un
sistema de producción sustentado en una ideología
conservadora, machista y excluyente.
Resumiendo: Bollywood es magia perfectamente
disfrutable, observada desde la distancia crítica.
El colorido y la inocencia de sus argumentos es arma de doble
filo. Su valor seguirá radicando en la manera en que
consolida el compromiso de los indios con las propuestas nacionales,
aun cuando estas no estén exentas de fórmulas
adormecedoras, abocadas al embrutecimiento generalizado.
Algo así como una “caja de
Pandora”, envuelta en papel de regalo.
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