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La muralla de La Habana: un recuerdo de nuestra historia
Por Ramón
Torres

Estaban destinadas a proteger el
lado occidental de la villa, pero resultaron insuficientes.
(Tomada de www.trabajadores.cu) |
Diariamente, cualquier visitante o poblador
de la capital cubana puede escuchar, al llegar las nueve de
la noche, el sonido de un cañonazo que data de la época
colonial y anunciaba el cierre de las puertas de la muralla.
Hacia el siglo XVI, se decretó la edificación
de sendas fortalezas como El
Morro, La
Punta o el Castillo
de la Fuerza, por ejemplo, con el objeto de defender la
entrada de la bahía habanera contra los ataques de
corsarios y piratas, muy comunes en aquellos tiempos.
Sin embargo, quedaba vulnerable el lado terrestre occidental,
por lo cual se determinó el amurallamiento de la villa
de San Cristóbal de La Habana.
En 1764 comenzaron los trabajos constructivos, que se extendieron
hasta 1740, a la vez que se le colocaron nueve puertas para
el acceso.
En cambio, la vida útil de la muralla resultó
efímera (solo se limitó a 123 años),
al quedar demostrada su ineficiencia y, sobre todo, ante la
expansión de la ciudad más allá de los
muros.
Con todo, aún quedan hoy pequeños fragmentos
de aquella majestuosa mole que dividía La Habana intramuros
del exterior, mientras la señal sonora de las nueve
continúa desafiando el tiempo, como recuerdo imborrable
de una parte de nuestra historia.
La
Habana intramuros
Correspondía a la parte de la ciudad que se extendía
desde la muralla hasta la calzada que bordeaba la bahía
(hoy Avenida del Puerto), mientras que el lado oeste era
conocido como Habana extramuros o extramural, donde vivía
una población muy humilde, marginada, y con una
alta presencia de libertos y esclavos.
Esos asentamientos se transformaron luego en lo que serían
los primeros barrios tradicionales habaneros: Los Sitios,
Jesús María, San Lázaro y Pueblo
Nuevo, por mencionar algunos. |
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antiguas Murallas de La Habana
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