| Durante
mucho tiempo el acto de besarse estaba prohibido, al considerarse
pecaminoso. Solo era admitido en la intimidad y, aún
así, generaba mucha vergüenza para las mujeres.
Afortunadamente, las costumbres han cambiado y se ha convertido
en una de las máximas expresiones de amor.
Bésame…, bésame
mucho
Por Isabelle
Varios fueron los sujetos escogidos para
esta pequeña encuesta, en la cual el azar fue el único
criterio de selección. Las respuestas fueron diversas
y, de manera casi absoluta, primó la reacción
inicial: una sonrisa entre burlona y nerviosa por parte de
los interpelados. Y es que el solo hecho de hablar del beso
provoca un placer que pocos pueden y quieren disimular.
La humanidad casi siempre busca el porqué
y los orígenes de todo cuanto existe. El beso no queda
excluido. Así, aparece como una instintiva forma de
mostrar afecto, y lo da por primera vez la madre a su hijo.
Otras numerosas interpretaciones buscan el origen en el impulso
de succión del bebé o la costumbre de tribus
primitivas de olfatearse y olerse. Pero, ¿y el beso
de amor?
En este sentido, algunos estudiosos plantean
que las civilizaciones antiguas no lo conocían y que
fueron los exploradores, viajeros y misioneros occidentales
quienes se encargaron de difundirlo por todos los confines
del planeta.
Otros, por su parte, prefieren adscribirse
a la afirmación del griego Plutarco. El célebre
historiador, que vivió entre los años 50-125
d.n.e., relata que los seres humanos comenzaron a abrazarse
y a besarse debido a una ley promulgada por los romanos, mediante
la cual se prohibía a las damas tomar vino. Por tal
razón, todos los días los esposos debían
verificar el aliento de sus mujeres para comprobar si había
rastro que descubriese la ingestión del néctar
proscrito.
Pero parece que ese sistema no dio mucho
resultado, y pronto se implantó otra ley más
rígida: se ordenó que, además de aspirar
el aliento, los caballeros romanos debían rozar los
labios de sus esposas y cerciorarse bien de que no había
en ellos vestigios del sabor a la bebida.
Se necesitarían varias cuartillas
para relatar cada una de las hipótesis sobre el surgimiento
del beso, pero lo importante es que ha trascendido por su
“valor” incalculable para propiciar uno de los
mayores placeres durante la interrelación con otra
persona. Incluso, en la actualidad, se podría considerar
un eficaz remedio para el estrés con que se vive.
Según la articulista Pia Rajevic,
del periódico chileno El Mercurio, un buen beso provoca
una verdadera revolución en nuestro cuerpo: quema entre
tres y 12 calorías; pone en movimiento nada menos que
12 músculos de los labios y otros 17 de la lengua;
hace que las pulsaciones cardíacas pasen de 70 a 140
por minuto, y además, produce una serie de procesos
químicos que se responsabilizan placenteramente del
organismo. Los biólogos, por su parte, explican que
un beso intenso aumenta la secreción de dopamina (la
cual genera una sensación de bienestar) y de testosterona
(asociada al deseo sexual).
Besos arbitrarios
Todo está muy bien, pero, ¿es sensato convertir
al beso en un acto tan cotidiano y vulgar que nos impida distinguir
a quién se lo ofrecemos o en qué lugar propiciarlo?
Prometo alejarme de los sermones, pero es
importante que recuerdes que los límites y el respeto
son necesarios. El acto de besar no es un concurso de popularidad
o una obra de arte que haya que exhibir, y mucho menos de
una manera tan expresiva como de manera creciente vemos en
las calles.
No es cohibirte del placer de besar a tu
pareja mientras caminan, esperan una guagua o conversan en
una esquina. Es, simplemente, tener un poco de sentido común
para darse cuenta de cuándo deja de ser un gesto tierno
y pasa a convertirse en un acto de la más evidente
vulgaridad.
Ya sé que esperas un consejo, pero
no te voy a hablar de cómo poner la cabeza o los labios,
y mucho menos referirme a las últimas técnicas
besatorias.
Sería muy ilusa si intentara indicarte, a través
de estas líneas, qué hacer. Las técnicas
son propias y la manera de besar varía por muchos motivos:
desde la persona a quien vas a besar, hasta el lugar y la
hora que escojas para hacerlo. Por ello solo te puedo exhortar
a que lo asumas como un acto de pleno placer, y nunca para
demostrar cuánta experiencia tienes haciendo esto o
lo otro.
Las técnicas son propias, y a besar
se aprende besando. Claro, evita a cualquier persona desconocida
que encuentres en un parque, una fiesta o la escuela. Recuerda
que el beso es un acto de intimidad y una muestra de amor.
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