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Jornada internacional por la liberación de los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.

45... ¡Y van más!

Donde nace la esperanza

Por Idalma Menéndez Febles

Alumnos del Centro de Reeducación de Menores en Pinar del Río.
Aprender un oficio forma parte de la labor educativa.
(Foto: Daniel Mitjáns)

”Todavía era un niño cuando fue condenado por un tribunal penal a varios meses de prisión por robar comida en el puesto de venta de un comerciante adinerado.

”Juan José sólo tenía 11 años y fue a parar a un centro penitenciario donde cumplían sentencia otros reclusos de su edad, pero también, otros bastante mayores que él. ”Allí conoció la esclavitud, el horror, el crimen, los abusos sexuales...

”Él, al igual que el resto de los chicos de su edad, no tenían opción frente a un grupo de hombres sin escrúpulos. No obstante, Juan José, al pasar el tiempo establecido, no salió en libertad. En vez de reeducarse, se volvió más agresivo y violento, sin posibilidad ninguna de incorporarse a la sociedad. Por eso, a muy pocos le extrañó cuando apareció colgado una mañana”.

La historia, por irreal que parezca, no es ficticia. Ocurrió en esta Isla en 1945, en la época en que el vicio, la pobreza y la corrupción se daban la mano y competían para ver cuál era mayor.

Inicio de una nueva historia…
Pero para suerte de los cubanos, un 31 de diciembre, el tirano que fustigaba a la Mayor de las Antillas huyó cobardemente ante la fuerza y la braveza de este pueblo que luchaba por acabar con historias como estas. Es así que el 27 de marzo de 1962 se decide crear centros para reeducar a los menores, idea que se comienza a extender a todas las provincias.

Dichas instituciones tendrían otras características; entre ellas, serían exclusivos para menores de edad, y tendrían con condiciones de escuelas y talleres donde los jóvenes ocuparían su tiempo libre. Atrás quedaban los viejos y malos recuerdos.

Con la puesta en marcha de este proyecto, padres e hijos con determinados problemas tienen una nueva oportunidad en la vida.

De eso se encarga el Centro de Reeducación de Menores en Pinar de Río, que hoy tiene una matrícula de 39 jóvenes con edades que oscilan entre los 15 y 17 años.

Al Centro de Evaluación, Análisis y Orientación, primer eslabón en esta cadena de atención a los adolescentes, le corresponde evaluar a menores que han cometido de hechos delictivos o con trastornos de conducta. Allí permanecen por un período de 30 días bajo observación, con vistas a procesar sus características, preferencias y conductas individuales.

Posteriormente, a partir de las necesidades detectadas, se hace un diagnóstico psicopedagógico y criminológico, el cual es llevado al Consejo de Atención de Menores que valora y dictamina cada caso, propone las medidas necesarias y si se queda en el centro o no. Cada seis meses se evalúan las conductas de los menores y se propone cambio de medida de ser necesario.

La labor preventiva-educativa es fundamental para evitar un deterioro futuro en esos jóvenes. Por eso, a partir de 1982, el Decreto Ley 64 del Ministerio de Educación establece un trabajo conjunto con el Ministerio del Interior para lograr el mejoramiento de la conducta de esos adolescentes.

Yamilia Gigato, psicóloga del Centro de Reeducación de Menores en Pinar del Río.
Yamilia conoce de cerca la eficaz labor educativa del centro.
(Foto: Daniel Mitjáns)

El Centro por dentro
Al dialogar con Yamilia Gigato, psicóloga del centro, conocimos que en la institución se lleva a cabo una labor de reeducación muy amplia y efectiva.

Quizás la inconformidad de algunos padres a la hora de internar a sus hijos se deba al desconocimiento que tienen sobre la instalación, pero luego de ver los resultados comprenden y no son pocos los que se sienten agradecidos.

“Aquí, precisó la psicóloga, los muchachos reciben clases de nivel primario y secundario, según la situación escolar de cada uno. Además, practican en talleres de carpintería, albañilería y agronomía, lo cual les permite aprender estas especialidades, que pueden serle útiles en el futuro.

Los hay que según la sanción y la conducta pueden seguir estudiando fuera del centro, aunque tengan que permanecer en él”.

La práctica de deportes forma parte de las actividades que realizan, pues es un método efectivo para adquirir disciplina. Encuentros con integrantes de la comunidad y combatientes, así como juegos de mesa, están entre las actividades que realizan.

Durante el curso escolar se preparan para los juegos zonales, en los cuales el pasado año obtuvieron el primer lugar en varias modalidades.

Cumpleaños colectivos, excursiones al Parque Lenin y a la playa semanalmente en la temporada vacacional, así como chequeos de emulación devenidos charlas y talleres instructivos con los menores y sus padres, los acercan a la culturan a la vez que los educan y entretienen.

Como parte de la labor política, ideológica y patriótica participan en caminatas, visitas a museos, limpieza de tarjas y recuerdan efemérides importantes de la historia de Cuba.

El talón de Aquiles
La mayoría de estos niños provienen de un medio desfavorable, por lo que la ayuda a la familia también es indispensable. Divorcios mal manejados, antecedentes delictivos y alcoholismo, son algunas de las particularidades que caracterizan los hogares en que se forman estos menores.

Por tal razón, en el centro se efectúan escuelas de orientación todos los meses, y ya surten su efecto. En ellas se les explica a los padres o personas responsables de la tutela del menor cómo lograr mayor comunicación con los muchachos.

Temas jurídicos, sobre las relaciones familiares y otros que ayuden a mejorar la conducta de ellos son debatidos por reeducadores, menores y padres.

“Actualmente, se logran avances en este aspecto que siempre ha sido el talón de Aquiles del centro, pues sin la ayuda y guía de los seres más allegados poco pueden avanzar los menores”, explica Yamilia.

Incluso, cuando las madres llegan los hijos la reciben con un beso, se sientan en sus piernas y son más cariñosos.

Cuando las aguas toman su nivel
Dicen que “árbol que nace torcido jamás su tronco endereza”, pero también dicen que “toda regla tiene su excepción”.

Quizás el protagonista de esta historia sea una singularidad, aunque él asegura que fue el trabajo de un grupo de hombres y mujeres lo que enderezó su vida.

Alexander Correa Lazo es un joven de 29 años de edad que confiesa sentirse deudor de este proyecto revolucionario. Con 15 años, mientras cursaba la secundaria, las malas compañías y la falta de experiencia lo llevaron por el camino equivocado.

Las ausencias a la escuela aumentaban cada día, las escapadas al río era uno de sus entretenimientos preferidos y del resto del grupo, y en más de una ocasión se colaban en los patios ajenos para llevarse mangos o guayabas.

Así comenzó todo. Hasta que un buen día, mientras esperaban que dejara de llover, se refugiaron en el portal de una tienda de víveres.

Uno de ellos se recostó a una ventana que no había sido bien cerrada y para sorpresa de todos cayó dentro del establecimiento. Rápidamente salió, pero enseguida “el diablito” que todos llevamos dentro le recomendó que aprovechara la oportunidad que le daba la vida. Y ni corto ni perezoso, uno de ellos se adentró y tomó varios de los productos en existencia.

Dos días después la policía se presentó en casa de Alexander, y ante el asombro de su madre fue llevado ante el Consejo de Atención al Menor, que determinó que debía permanecer 10 meses en el Centro de Reeducación de Menores.

En la institución terminó el noveno grado y se integró a todas las actividades; se destacaba en el trabajo y participó en una revista oral que hizo la biblioteca Ramón González Coro.

Según Alexander, su paso por el centro fue determinante. Pronto comprendió que quería ser alguien en la vida, y para ello debía quedar atrás el pasado y comenzar de cero.

Y eso fue lo que hizo. “Al salir comencé a trabajar en Ferrocarriles como aprendiz de chapistería, pues cuando uno termina de cumplir la medida disciplinaria, según la edad que tengas, los reeducadores te buscan empleo o tienes la posibilidad de continuar estudios.

“Para mí fue esencial mi paso por este lugar, donde me apoyaron y ayudaron mucho. Allí estuve ochos años y me hice militante de la Juventud, fui integrante de la Asociación Nacional de Inventores y Racionalizadores (ANIR) y llegué a ser anirista destacado”.

Al parecer, Alexander no quiso ser menos que los jóvenes de su edad y en su afán por superarse pasó un curso de revisor de coches y carros, mecánico Truk-A (sistema de rodaje de las máquinas, locomotoras y coches), y en la Hermandad Ferroviaria hizo un curso de Perfeccionamiento Empresarial.

Al preguntarle por qué ese deseo de superarse, me dijo que quería ser alguien en la vida y darle un buen ejemplo a su pequeño de año y medio, pues luego de haber tenido a su hijo se da cuenta de cuánto sufrió su familia y de los obstáculos que ha vencido, y no quiere eso para él.

Hoy Alexander también hace realidad su sueño de niño, ese que todo pequeño abraza desde que tienen uso de razón. Aun cuando muchos no llegan a materializarlo, este joven sí lo logró.

Llegó a la Policía a través de las convocatorias que hace el Ministerio del Interior para ingresar a la Policía Nacional Revolucionaria (PNR), “aunque a decir verdad, tuve un poco de temor pues a veces el pasado me persigue, pero cuando se lo conté a mis antiguos reeducadores me dieron confianza, me presenté y fui seleccionado”.

Inmediatamente pasó el curso básico de funcionario de Orden Interior y comenzó a trabajar en la prisión, hasta que al poco tiempo —cosas del destino— vuelve al Centro de Reeducación de Menores, pero esta vez como reeducador.

Al llegar, comenta, el pasado le llegó de súbito y la amargura se asomó a sus labios, pero no se deprimió y transmitió sus experiencias a los menores que entonces pasaban por la institución. Así, a través de charlas y conversatorios con padres e hijos y antiguos reeducadores, refería anécdotas de ayer y anhelos de hoy hechos realidad.

Pero Alexander no es el único que esa institución logra salvar. Actualmente hay otros jóvenes integrados socialmente, gracias al amor y la ternura; el empeño y la paciencia con que los atendieron.


(Tomado de www.guerrillero.co.cu)




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