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Cuatro hermanos que lo dieron todo por la Revolución
Por Matilde
Salas Servando
El matrimonio formado por Manuel Ameijeiras
y María de los Ángeles Delgado vivía
en el poblado de Puerto Padre, en la zona oriental del país.
En ese lugar nacieron sus once hijos, de los que sólo
se salvaron siete. En 1935, el padre se fue a España,
donde había nacido, y allá murió durante
la Guerra Civil. La madre se quedó en el pueblo y con
la ayuda de los hijos mayores trató de sacar adelante
a la numerosa prole.
Uno de ellos, Gustavo, aprendió el
oficio de chofer y transportaba pasajeros desde la terminal
de ferrocarril de Puerto Padre y sus hermanos cargaban las
maletas de los pasajeros. Tiempo después, una de las
hermanas mayores se casó y todos vinieron para La
Habana.
Eran tiempos difíciles y Gustavo
se convirtió en el guía de la familia; comenzó
a trabajar en un garaje y enseñó a sus hermanos
los rudimentos de la mecánica. Uno de ellos, Juan Manuel,
se unió a los jóvenes que se luchaban contra
la tiranía de Fulgencio Batista y participó
junto al joven abogado Fidel Castro, en el asalto al cuartel
Moncada, en Santiago de Cuba, donde ofrendó su
vida, por el alto ideal de la libertad.
Desde entonces todos los hermanos se volcaron
solidariamente hacia el sagrado deber de luchar por un mundo
mejor. Fidel y sus compañeros sufrían prisión
en el Presidio
Modelo, en Isla de Pinos, y empezó a salir subpreticiamente
el alegato pronunciado por el líder de la Revolución
en el juicio por los hechos del Moncada, titulado La
historia me absolverá.
Cuando ya estaba impreso, Gustavo Ameijeiras
y su hermano Ángel fueron en un auto prestado, de pueblo
en pueblo, burlando a la policía, hasta Santiago de
Cuba, en la zona oriental del país, para entregar los
folletos al líder clandestino Frank País.
Todos los hermanos Ameijeiras continuaron
su heroica lucha con el objetivo de lograr el derrocamiento
de la sangrienta dictadura de Fulgencio
Batista. Efigenio fue uno de los 82 expedicionarios que
llegó con Fidel a Cuba, a bordo del yate
Granma en diciembre de 1956 (1); Salvador guardó
prisión en Isla de Pinos por sus actividades conspirativas
y Ángel fue asesinado en la capital por esbirros de
la tiranía, junto a un grupo de compañeros.
Gustavo no corrió mejor suerte que
sus hermanos caídos, pues la policía lo detuvo
en Santiago de Cuba y después de torturarlo hasta la
muerte, se conoció que sus restos fueron arrojados
al mar, el 21 de mayo de 1957.
(1) Al triunfo de la Revolución
tenía el grado de Comandante y estuvo al frente del
Batallón de la Policía, durante el ataque a
Playa
Girón.
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