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Memorias y consideraciones de un delegado fundador
Por Yudith Madrazo Sosa
Por estos días, Cuba vive momentos
de efervescencia cívica. La proximidad de las elecciones
parciales para delegados a las asambleas municipales del Poder
Popular, convoca al pueblo a nominar a los candidatos.
En ese contexto, los vecinos de cada circunscripción
propondrán a quienes consideren con los mejores méritos
y la capacidad para representarlos ante las instancias locales
de Gobierno.
De esa manera, estarán consolidando
el décimo tercer proceso electoral en el país,
iniciado en 1976.
Aunque a partir de los 16 años asisten
a las urnas e incluso sus nombres engrosan las candidaturas,
en el presente muchos jóvenes se preguntan: ¿Las
elecciones fueron siempre así? ¿Cuál
es la génesis de este proceso?
A Luis Damián Mayo Flores le asiste el privilegio de
haber protagonizado la constitución de los órganos
del Poder Popular en la Isla Mayor de las Antillas. Cuando
la vecina provincia de Matanzas
servía de laboratorio donde se experimentaba esta nueva
forma de gestión, él resultó uno de los
delegados a la Asamblea Municipal en ese territorio. Por eso,
conversar con Mayo permite acercarnos a aquel primer ejercicio
y conocer ciertas consideraciones suyas sobre el quehacer
de los representantes del pueblo.
“Lo acontecido en Matanzas fue algo
verdaderamente nuevo. Había muchas expectativas, pero
al mismo tiempo preocupación por cómo iban a
funcionar esas estructuras. Inicialmente tuvimos un seminario,
pues no existía ninguna experiencia, teníamos
sólo la idea de qué iba a ser aquello.
“Resultó muy interesante. En
esos momentos la cabecera provincial estaba dividida en asambleas
seccionales, lo cual acarreó graves problemas, porque
era como si una misma ciudad estuviera fraccionada en cuatro
municipios y los directivos de las diferentes entidades tenían
que despachar con delegados de cada uno de ellos. Además,
los encuentros de éstos con los electores se hacían
con mucha frecuencia”.
—¿Cuál fue la
reacción de la población en los inicios?
“Podíamos apreciar que tenía
mucha confianza en ese sistema. Uno se percataba de que el
pueblo se sentía partícipe de la gestión
del Gobierno, porque en el marco de las reuniones, ellos planteaban
las situaciones, los problemas que había y el método
fluía. Pero también notábamos cierta
resistencia burocrática. Muchos cuadros administrativos
tendían a no comprender el verdadero sentido del Poder
Popular, la idea de que el pueblo fiscalizara y controlara
su gestión. Eso nos costó trabajo; incluso,
algunos delegados llegaron a sentirse subordinados de las
direcciones administrativas, cuando debía ser al revés”.
—¿Qué motivaciones
tuvo para asumir ese cargo?
“Bueno, en aquel momento nadie sabía
exactamente de qué se trataba, pero mostré disposición.
No tuve reparos en atender a mis electores. Trataba de gestionar
o resolver los problemas que me planteaban. Lo mismo ayudaba
a conseguir una beca para un joven, que un mueble sanitario
para sustituir uno roto en cualquier vivienda. Claro, ahora
ya las cosas no funcionan de esa forma, pero entonces sí,
y mi papel era ese, tratar de dar solución a los planteamientos
de mis vecinos”.
Tal aptitud, junto al respeto que le ofreció
siempre a sus electores, influyó, sin dudas, en la
reelección de Mayo Flores como su representante durante
un segundo período. Cual él lo concibe, quienes
asuman esta función deben ser personas sensibles, solidarias
con las angustias ajenas. “De lo contrario no logran
la eficacia en su gestión. Pero además de mostrarse
muy humanas, deben estar bien informadas y preparadas, poseer
un alto nivel cultural y ético, tener mucho tacto a
la hora de explicarle al votante porqué su queja no
tiene respuesta, así como ser ágil y valiente
para enfrentar las negativas que todavía algunos administrativos
ofrecen. Pero para ello, deben sentirse respaldadas”,
argumentó Mayo.
En el tiempo durante el cual fue delegado,
Mayo laboraba como mecánico de equipos de medición,
en Matanzas, y alternaba el trabajo con los estudios de Derecho.
Tal circunstancia lo hizo alejarse de las tareas en calidad
de representante del pueblo para poder volcarse a la profesión
de jurista. Fue así como, una vez graduado, llegó
a Cienfuegos
a asumir la función de fiscal, dada la escasez de estos
operadores en la recién constituida provincia.
—¿Qué provecho
sacó de ese actuar para su desarrollo personal y profesional?
“El más importante es que mi
actual ejercicio de jurista lo debo en gran medida al Poder
Popular. En aquellos años tuvo lugar el movimiento
de institucionalización del país y eso me vinculó,
de cierta manera, a la cuestión de las leyes, los reglamentos,
las resoluciones, lo cual me incitó a matricular la
carrera de Derecho.
“Por lo demás, el quehacer
como delegado me ayudó mucho a conocer al ser humano,
a percibir las necesidades de las personas, entenderlas, buscar
soluciones a sus problemas. Considero muy importante que los
cuadros y dirigentes estrechen los vínculos con las
masas, que incluso, se lo programen”, aseveró
Mayo.
Secretario de la Junta Directiva de la Unión
Nacional de Juristas de Cuba en Cienfuegos, Mayo reconoce
que en la actualidad, muchas personas muestran reticencia
para asumir una función que demanda mucho tiempo y
esfuerzo. Mirar hacia delante y sentir confianza es el consejo
que brinda a quienes con determinación, consienten
en ser elegidos por el pueblo para representarlo ante los
órganos de Gobierno.
(Tomado
de http://www.5septiembre.cu)
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