| Mi
ciudad linda y bonita
Son cada vez más los sitios en la ciudad que
exhiben, con menor o mayor grado de maestría, los trazos
de alguien que quiso dejar su huella. ¿Es esto arte
o, acaso, vandalismo?
Por IWC

¿Arte o vandalismo?
(Foto:
Sureydi) |
“Tito el salbaje de la
pentiun 4” (sin lugar a dudas por su ortografía
de cuatro”años de edad), “Claudia y Yusniel,
APS”, “Yasser el Sicario de la zona X”,
son solo algunos de los letreros, como prefieren llamarle
algunos, o graffitis que ocupan cada vez más el espacio
urbano.
A diferencia de otros que han ido engalanando
de manera sui géneris, de forma oficial o no, variados
espacios capitalinos, estos nuevos “artistas”
plasman su “arte” en cuanto sitio tengan a su
alcance: asientos de ómnibus, teléfonos públicos,
columnas o paredes.
Parecen grafómanos que inundan la
ciudad con un deseo de reconocimiento que no pueden alcanzar
por otras vías y encuentran en esta, bastante inefectiva
por cierto, algún tipo de compensación a su
anhelo.
Sin lugar a duda, esta serie de escrituras,
unas sobre otras, afean el entorno y distan mucho del graffiti
admitido como arte.
| El término graffiti
es de procedencia italiana y fue acuñado por los
romanos, que plasmaban en las paredes y sitios públicos
sus profecías y protestas, llevados por el deseo
de compartirlas con sus conciudadanos. |
Germen
Los orígenes del graffiti pueden ubicarse en el inicio
de la civilización. Griegos, egipcios e incluso los
hombres de las cavernas con sus pinturas rupestres, utilizaban
las paredes de tumbas, viviendas y edificios en general para
satisfacer a conciencia uno de los más ancestrales
instintos del hombre: el de comunicarse.
Su función principal era servir de
puente para el intercambio y la transmisión de ideas,
con lo cual el hombre dejaba una huella de su accionar sobre
el medio.
Este lenguaje fue transformándose con la misma dinámica
de la humanidad, y trajo como resultado dos lenguajes gráficos
que iban a desarrollarse y coexistir paralelamente; uno, el
de la vida cotidiana, y otro, más marginal, cuyos nuevos
códigos originaron un sistema simbólico afín
con las nuevas ideas.
Por qué se hace graffiti
Generalmente se ha intentado responder el por qué de
hacer graffiti a partir de una perspectiva psicológica,
y se etiqueta a sus productores como inconformes, inadaptados,
antisociales o rebeldes.
Sin embargo, debe tenerse en cuenta que
el principal motor que impulsa a pintar en las paredes, ómnibus
árboles, etc., es la necesidad común a cualquier
tipo de arte: la búsqueda de reconocimiento, salir
del anonimato, de la masa, dejar constancia en nuestro paso
por el planeta Tierra; pero, además, está ese
otro bichito que tanto nos motiva: la atracción hacia
lo prohibido.
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