| Mujeres:
¿Iguales o diferentes?
Está comprobado científicamente: las
mujeres y los hombres tienen las mismas posibilidades ante
la ley. Sin embargo, hay contrastes que los marcan. ¿Cuál
es realmente el abanico de influencias?
Por Mongui

Ya no es fácil hablar de
la supuesta "inferioridad" de las mujeres.
(Ilustración: Yanisleydi) |
Al principio éramos
uno: seres unicelulares sin diferencia. Como cualquier protozoo
de hoy día, no había hembra o macho, y nos reproducíamos
por bipartición. Nadie era ni más ni menos,
sino la misma cosa.
Luego la evolución quiso que nos dividiéramos
en masculino o femenino, pero sin que ello implicara superioridad
de lo uno sobre lo otro. La cuestión siempre fue complementaria.
Hasta que la raza humana se enseñoreó del planeta
y estableció los límites: apareció la
división social del trabajo y también la de
sexo.
Desde entonces comenzaron los contrastes.
Sobre el terreno conquistado
Ella estudia en el nivel medio superior. No importa su nombre,
ni lugar, ni el centro docente, sino los hechos. Se siente
igual que cualquiera. Tampoco le importa el sexo, posición
social o el color de la piel. Solo sabe que no existen diferencias
sustanciales entre ella y los demás, mucho menos que
por fémina es menos que los varones. Otras también
piensan así.
Las chicas de hoy, en su inmensa mayoría, consideran
haber ganado en independencia y libertad respecto a sus progenitoras.
“Es que el mundo cambia”, confesaba Dianelys,
del Instituto
Politécnico de Informática Fernando Aguado y Rico.
Está comprobado científicamente: las mujeres
y los hombres tienen las mismas posibilidades; pero ¿significa
de veras que exista la igualdad?
Morfología cerebral
Admitir el cliché de una «superioridad»
masculina es tan poco científico como defender a ultranza
el sentimiento de “igualdad“.
Se sabe que el cerebro de la mujer es un poco más pequeño
que el del hombre, lo cual para nada indica que ellas sean
menos inteligentes. De hecho, el hombre de Cromagnon tenía
un cerebro más grande que el de cualquier humano de
hoy (1600 cc, frente a los 1400 actuales) y no por ello sabía
más.
También se sabe que el cerebro está constituido
principalmente por dos tipos de tejido: la materia gris y
la blanca y, hasta hace poquísimo tiempo se asociaba
la primera con la actividad pensante.
Sin embargo, las conjeturas decayeron cuando una investigación
del Hospital Universitario Gregorio Marañón,
de Madrid, y del Centro de Investigación Biomédica
en Red de Salud Mental (CIBERSAM) aseguró que los adolescentes
con un primer brote de psicosis o de esquizofrenia tienen
un mayor volumen en la materia gris que los adolescentes sanos.
Dicho de otra manera: la relación entre cantidad de
materia gris y la actividad pensante no tiene necesariamente
que ser directamente proporcional.
Lo único que sí está claro es que mientras
los hombres y las mujeres utilizan centros de actividad y
caminos cerebrales muy diferentes, ambos pueden desarrollar
igual actividad cognoscitiva.
Cuestión de aptitud
No descubrimos el agua tibia. Cada sexo parece poseer mejores
que otras y no siempre ello tiene que ver con la educación
sexista, como muchos defienden. Lo demostró un estudio
realizado precisamente por una mujer, Melisa Himer, en 2002,
cuando puso al alcance de un grupo de muy corta edad juguetes
como un camión, una pelota, una muñeca y una
sartén.
Lo natural sería que, al estar alejados de influencias
culturales, hicieran una elección indistinta por cualquiera
de los juguetes; pero, curiosamente, los machos optaron por
el coche y la pelota, mientras que las hembras por la muñeca
y la sartén ¡Sí!: machos y hembras, porque
se trataba de ¡monos!
Otro experimento de la Universidad de las Islas Baleares concluyó
que ante la percepción de algo estéticamente
bello, las mujeres entran en actividad con los dos hemisferios
cerebrales, al tiempo que en los varones solo se activa uno.
Hormonas
Estadísticamente hablando, las mujeres son mejores
para recordar rostros de otras personas y en disímiles
actividades de la memoria. Los hombres, quizás por
la secreción de testosterona, las aventajan en la orientación.
Explican los científicos que estas hormonas también
son las causantes de ciertos comportamientos como la agresividad
y la impetuosidad.
Dicho de otra manera, las hormonas influyen no solo en las
características sexuales externas, sino que potencian
o limitan ciertas áreas cerebrales. Tal vez eso explique
por qué las mujeres aprenden a leer antes o tienen
mayor facilidad para los idiomas, pero les puede costar más
trabajo parquear un auto.
Desde luego, nada de lo anterior implica incapacidad de liderazgo
ni ineptitud para determinados empleos en ninguno de los dos
sexos.
Cultura
Es indiscutible que la mujer ha atravesado años, siglos,
milenios… de subordinación con respecto al varón.
La cultura ha incidido, sin lugar a duda, en el comportamiento
femenino. Pero se carecen respuestas científicas que
demuestren superioridad de sexo.
Por el momento, ellas están siendo más atrevidas
y se incorporan a las actividades tradicionalmente consideradas
«de hombres». Habría que ver cómo
sería el comportamiento de ambos sexos en el caso de
que se normalice la presencia femenina en todas esas actividades
y cumplan los mismos roles. Entonces tendríamos más
elementos para argumentar mejor la discusión.
La diferencia entre hombres y mujeres se va estrechando, porque
–sin lugar a duda– la biología no es inmune
a los estímulos sociales.
Las nuevas funciones asumidas por ambos sexos podrían
alterar el sistema operativo del cerebro. Las diferencias
de comportamiento no significan mayor o menor aptitud para
asumir tareas; por tanto, ellas y ellos han de caminar al
lado y, mejor aún, unidos cual uno solo. Como en los
primeros tiempos: sin diferencias.
Estudiantes del IPUEC
Ernesto Dimas opinan:
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tienen cabellos largos, ni muchos menos ideas cortas
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