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Había una vez una niña...
Por Ileana
Núñez Morales
Los grandes genios de la danza se
revelan, según Martí, en la niñez y en
la juventud ¡Cuántas mujeres extraordinarias
han escrito páginas indelebles en la cultura universal!
Alicia, que es considerada una de las grandes genios de la
danza en el siglo XX, tiene una historia que contar a la mayoría
de las personas que aman su arte...

La prima ballerina assoluta Alicia
Alonso en “Carmen”.
(Foto: Archivo) |
Ileana Núñez:
Alicia, ¿Cómo era usted de niña?
Alicia: Supongo que debo haber sido una niña
igual a todas las demás, había una sola diferencia
que pienso tienen muchas niñas también hoy en
día y la han tenido siempre, es que cuando yo oía
música imaginaba mi propio baile.
Era viva, alegre, y tenía tres hermanos mayores a los
cuales seguía. Me encantaba jugar a los cocinados.
Ya bañada, jugaba con mis amigas en el jardín,
pronto me venían a buscar porque estaba llena de tierra.
Siempre he tenido mucha imaginación y un día
en que puse unas hojas rojas y amarillas, creía que
había hecho un arroz con pollo y dije: “He hecho
un arroz con pollo, déjame probarlo porque está
tan rico”. Lo probé y era tierra. Me gustaba
recortar a las muñecas de papel, hacerles vestidos
y ponerlas a dar saltos.
Ileana Núñez: ¿Cuál
fue la primera obra que usted bailó?
Alicia: Lo primero que yo bailé fue El Gran
Vals de la Bella Durmiente, el baile de los campesinos del
primer acto.
Ileana Núñez: ¿Cómo se
sintió, estaba nerviosa?
Alicia: Estaba muy contenta de bailar en el escenario.
Pero pasé un apuro, bailamos con unos abanicos; cuando
fui a sacar el mío tuve que improvisar unas vueltas
y piruetas para poder sacarlo, parecía que yo era la
solista del Gran Vals en lugar de una de mis compañeras.
En “Pro Arte Musical” fue donde di mis primeros
pasos de ballet.
Ileana Núñez: De aquella
primera etapa de aprendizaje, ¿qué profesor
usted recuerda especialmente?
Alicia: Mi primer profesor fue Nicolai Yavorski,
cosaco ruso que fue con una compañía de ópera
a París tratando de bailar baile folclórico.
Vino a Cuba con un conjunto de ópera y fracasó,
apareciendo luego en la Sociedad “Pro Arte Musical”
como maestro de baile.
Ileana Núñez: ¿Recuerda
alguna anécdota acerca de él?
Alicia: Algo muy increíble,
él sin ser profesor de ballet como tenía muy
buen gusto recibió unas clases de ballet y las asimiló
enseguida. Cuando la revolución en Rusia, salió
del país y se fue a Yugoslavia. Estando allí
fue profesor de baile de salón y otros bailes a los
que se les llamaban “bailes de fiesta”, y allí
dio clases a un joven llamado Igor Youskevitch. Resulta que,
años después, Igor se convirtió en un
gran bailarín de ballet, uno de los mejores del mundo.
El y yo bailamos juntos y descubrimos que habíamos
sido alumnos del mismo profesor, yo alumna de ballet e Igor
de bailes de salón. Nicolai estaba muy contento y orgulloso,
y decía: “mis discípulos son esos dos”.
Qué cosa más curiosa: a una distancia tan grande
y, sin embargo, los dos dimos clases con la misma persona.
Ileana Núñez: ¿Quiénes
eran sus mejores amigas?
Alicia: Cuando yo era chiquita,
tenía dos buenas amigas que me duraron durante toda
mi vida a pesar de que políticamente pensábamos
diferente, pero me tuvieron tanto cariño que siempre
las consideré magníficas amigas.
Ileana Núñez: ¿Dónde
cursó sus primeros estudios?
Alicia: Estudié en un colegio de monjas,
el colegio Teresiano, y luego comencé a formar parte
del mundo de la danza. Antiguamente no existía aquí
en Cuba ninguna escuela de profesionales, todas eran escuelas
privadas, las que había eran para aprender un ejercicio,
un movimiento, pero sin tener futuro. Mis padres tuvieron
que pagar todas mis clases de ballet. Mi primer par de zapatillas
de puntas las tuve cuando una niña que iba a viajar
con sus padres, se las dio al profesor Yavorski para ver a
quién le servían, y me sirvieron a mí.
Ileana Núñez: Alicia, le agradezco que
me haya obsequiado unos minutos de su tiempo.
¿Usted quisiera agregar algo más, algo de lo
cual no hayamos comentado aún?
Alicia: Lo que tiene nuestra niñez
y nuestra juventud hoy en día, no lo tuvimos nosotros,
el esfuerzo fue grande y valió la pena, ahora ustedes
tienen el deber de cuidarlo, por el sacrificio que los anteriores
tuvimos que hacer para que esto sucediera, y por el futuro
de ustedes y por aquellos que van a continuar.
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