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El legado poético de El Cucalambé
Por Matilde
Salas Servando
Aunque Juan Cristóbal Nápoles
Fajardo nació hace más de 170 años (el
1ro. de julio de 1829) en la finca El Cornito, de la oriental
provincia de Las Tunas,
su figura está presente a partir de su amplia obra,
que ha llegado a nuestros días en las múltiples
espinelas, sonetos, letrillas, epigramas y romances que escribió
en su corta existencia de sólo 32 años.
Lo que dejó escrito refleja su origen
campesino, aunque también está marcado por la
influencia de su abuelo materno, José Rafael Fajardo,
hombre de cierta cultura, quien fue cura, hacendado y conspirador
contra la metrópoli española, por lo que sufrió
prisión.
Mientras se dedicaba a las tareas del campo,
Juan Cristóbal se desempeñó además
como periodista, editor, dramaturgo y pagador en Obras Públicas,
al tiempo que compartía su vida sentimental con Isabel
Rufina Rodríguez, su principal musa.
La obra poética de este creador fue
dada a conocer en el periódico El Fanal, de Puerto
Príncipe, y está recogida en un libro de su
autoría que se conoce como: “Rumores del Hórmigo”,
título inspirado en el nombre del río que recorre
la zona.
A Juan Cristóbal se le reconoce
internacionalmente por el seudónimo festivo de El Cucalambé,
apelativo que según la tradición oral se da
a cierto baile muy antiguo que realizaban los habitantes negros
de esa zona geográfica cubana.
En Las Tunas, su pueblo natal, todos los años se desarrolla
la llamada Jornada
Cucalambeana, un verdadero acontecimiento cultural en
el que intervienen poetas, músicos, investigadores,
repentistas, improvisadores y toda la población deseosa
de participar en esa fiesta de la creación literaria,
en la que reina la décima espinela, una de las formas
más representativas del folclore musical de Cuba.
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de los más genuinos autores de la décima campesina
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