|
Jesús Suárez Gayol: el primer cubano caído
en Bolivia
Por Alina Martínez Triay

Suárez Gayol siguió
el camino de “la estrella que ilumina y mata”.
(Tomada de www.bohemia.cu) |
A poco más de un año de constituirse
el Ministerio del Azúcar, creado en 1964, se realizó
una investigación junto con la Escuela de Psicología
de la Universidad
de La Habana, cuyo objetivo era diagnosticar el estado
de la moral de trabajo. Dentro de los parámetros a
evaluar se contemplaba el grado de ascendencia, prestigio,
reconocimiento y popularidad de los dirigentes del organismo
de cara a sus trabajadores, y al computar los resultados el
dirigente que alcanzó la más alta puntuación
favorable fue el viceministro de Producción, Jesús
Suárez Gayol.
Al recordar este hecho, el entonces titular del ramo, Orlando
Borrego, aportó sobre el desempeño de Gayol
detalles que avalan la justeza de la calificación:
“A pocos meses de su nombramiento en el Ministerio conocía
todas las instalaciones azucareras y a miles de sus trabajadores
por su nombre y su apellido. Su capacidad excepcional para
cultivar las relaciones humanas dejaba su sello imborrable
en cada uno de los trabajadores con quienes se comunicaba,
influyendo de igual forma en los demás funcionarios
del Ministerio, ya fueran pertenecientes a su área
de trabajo o de cualquier otro lugar del organismo”.
Fue al propio Borrego a quien le correspondió comunicarle
que había sido seleccionado por el Che
para integrar el grupo de cubanos que lo acompañaría
en la guerrilla de Bolivia. “Su reacción fue
la de un niño a quien se le premia con el más
preciado juguete, daba saltos de alegría y me abrazaba
lleno de júbilo”, relató Borrego.
Recuerdos de Camagüey
Tres de sus coterráneos y compañeros de ideales,
Noel Sánchez Ávila, Antonio Massiá Fernández
y Manuel Lefrán Christ, rememoran las primeras luchas
de Gayol en Camagüey. Había venido de Manatí,
en la actual provincia de Las Tunas, a estudiar en las Escuelas
Pías, y a la muerte del padre, su mamá decidió
reunirse con el hijo, y abrió una casa de huéspedes
en la céntrica calle de República, en el número
69.
Aquella valerosa mujer, a quien Gayol llamaba
su Mariana
Grajales gallega, le inculcó sólidos valores
morales, subraya Massiá, quien destaca también
la influencia en la formación del joven, de Álvaro
Morell Charles, su condiscípulo en el Instituto de
Segunda Enseñanza.
“Gayol era como yo —agrega— amante del deporte,
de gran fortaleza física. En la Asociación de
Estudiantes del Instituto, a la que entró como secretario
de propaganda, fue un fenómeno de popularidad. Fue
electo para presidente por unanimidad.
“Impresionaba por su valentía —señala
Lefrán—. En el entierro simbólico de Rubén
Batista, primer mártir de la dictadura, realizado
en la escalinata del Instituto, se enfrentó a piñazos
con la policía. Por entonces yo era el presidente del
alumnado de la Escuela de Comercio y él, junto con
Cándido González —futuro expedicionario
del Granma—
que había sido expulsado de esta institución,
colaboraba con nuestras luchas.
“Precisamente una de las características de Gayol
era su tremendo sentido de la unidad —apunta Massiá.
Fue el impulsor de la Federación de Alumnos Secundarios
de Camagüey, que aglutinó al alumnado de Morón
y Ciego
de Ávila. También vinculó a los estudiantes
con las luchas de los trabajadores.
Cuando la FEU
estaba dando pasos en favor de la unidad con los estudiantes
de la Segunda Enseñanza, viajó a la capital
y le causó a Echeverría una grata impresión,
convertida después en una gran amistad”.
Noel se auxilia de fotos para hilvanar sus recuerdos. Junto
a la imagen de Martí,
en la plaza del mismo nombre, Gayol, que se había subido
sobre sus hombros para sobresalir en la multitud, lanza una
encendida arenga a los reunidos. Otra de las instantáneas
capta al combativo líder estudiantil, golpeado por
los esbirros del régimen, cuando se levantaba del suelo
con la ayuda de sus compañeros.
Una tercera recoge el emotivo acto celebrado
el 27 de noviembre de 1955 en la Asociación de Estudiantes
del Instituto donde se develó un cuadro de Abel
Santamaría traído por Armando Hart. Ya se había
constituido el Movimiento
26 de Julio en Camagüey y Gayol se convirtió
en una de sus figuras más destacadas.
Combatiente clandestino y del Ejército
Rebelde
En una entrevista que le realizaron años después,
él mismo reveló que tuvo preparado el pasaporte
para reunirse con Fidel en México e integrar el grupo
que se preparaba para venir a Cuba, pero el Movimiento le
orientó incorporarse a la dirección nacional
de las brigadas juveniles, junto a Gerardo
Abreu (Fontán), cuyo lugar ocupó después
de su asesinato.
Noel volvió a coincidir con Gayol en México,
donde ambos recibieron entrenamiento militar. El joven retornó
a la patria en una expedición que arribó por
La Coloma, Pinar
del Río. Tras permanecer un tiempo alzado, el Movimiento
le encomendó asumir la jefatura de acción en
el territorio pinareño.
En el sabotaje a una emisora de radio local sufrió
en las piernas quemaduras que lo obligaron a someterse a tratamiento
médico, pero el acoso de los cuerpos represivos del
régimen aconsejó su traslado a Las Villas, donde
se incorporó a la Columna No. 8 del Che, quien lo designó
inicialmente instructor de armamentos en el campamento de
reclutas del Pedrero.
Una vez recuperado, combatió en Fomento, Cabaiguán,
Jatibonico y Placetas, y cuando el Che le dio la misión
de tomar el cuartel de Ciego de Ávila, le informó
de su ascenso con una sencilla frase de despedida: “Suerte,...
Capitán”.
El primer cubano caído en Bolivia
El arribo de Gayol al campamento de Ñancahuasú
se produjo el mismo día en que su único hijo
cumplía cuatro años.
Su caída, el 10 de abril de 1967, le impidió,
como le anticipó a su pequeño en una emotiva
carta de despedida, estar a su lado en su proceso de formación
y proporcionarle las pequeñas alegrías que la
generalidad de los padres ofrecen comúnmente a sus
hijos.
No obstante le legó, además del ejemplo de su
existencia consagrada a su país, consejos de gran valor
para cualquier joven revolucionario: “Quiero que rechaces
siempre lo fácil y lo cómodo. Todo lo que enaltece
y honra implica sacrificios (...) que siempre veas el bienestar
común como único medio de obtener el bienestar
propio (...) Mantente siempre vigilante y defiende tu Revolución
con celo y con fiereza. Ha costado mucha sangre y representa
mucho para los pueblos del mundo. (...) Prefiere siempre la
verdad por dura que esta sea (...) Rechaza siempre la lisonja
y la adulonería. Sé siempre el más severo
crítico de ti mismo”.
Y para concluir le recomendaba la lectura de los versos del
Apóstol Yugo y Estrella: “medítalos y
recuerda que quiero que, ante las alternativas que la vida
te ofrezca, tú siempre escojas la estrella que ilumina
y mata”. Ese había sido su camino.
(Tomado de www.edicionesanteriores.trabajadores.cu)
|