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Industriales: Leones, Azules, ¡campeones!
Por Joel
García
La XLIX Serie Nacional de Béisbol concluyó
en la madrugada del primero de abril con un triunfo histórico
para Industriales, el equipo que más coronas acumula
en la pelota cubana (12), pero que tuvo una pésima
campaña 2008-2009 y fue el último en clasificar
para los play off de la temporada 2009-2010.
Sin embargo, en apenas 18 juegos reverdecieron laureles e
hicieron recordar a su gigantesca afición —y
también a sus inmensos detractores— la historia
gallarda e inmensa que encierra la principal formación
de la capital, en tanto sus jugadores fueron ejemplos de perseverancia,
tenacidad, sacrificio y valentía. “¡Nos
propusimos ganar y ganamos!”, confesaría tras
la victoria el inicialista Alexander Malleta.
El director Germán Mesa fue más preciso tras
el triunfo final en casa de sus enconados rivales, Villa Clara.
“Nos preparamos desde el inicio para el primer lugar.
Paso a paso, meta a meta, los muchachos comprendieron que
sí podían subir al podio y este éxito
es de todos, desde el masajista, los entrenadores, el chofer
de la guagua, hasta el mejor bateador del equipo”, acotó.
Los protagonistas
Lejos de relatar las victorias en cinco desafíos (3-1,
1-8, 6-4, 9-4, 8-3 ) a los favoritos de Sancti Spíritus
—con Yulieski, Cepeda y Eriel incluido—, los seis
éxitos ante los monarcas defensores de La Habana (5-3,
8-2, 0-4, 8-2, 4-7 y 3-1) —el de mejor pitcheo en toda
la serie— y los siete peleados triunfos ante los villaclareños
(2-3, 0-3, 12-1, 11-1, 3-6, 8-5 y 7-5), veamos qué
expresaron los nuevos monarcas de nuestro pasatiempo en diferentes
momentos de la final:
“Comenzamos a jugar play off desde los últimos
partidos de la clasificatoria, pues no se puede olvidar que
en el juego 89 fue que logramos el boleto. Eso unió
mucho al equipo y después de ganar el primer partido
a Sancti Spíritus nos reunimos y dijimos: nosotros
podemos ser campeón”, contó Alexander
Malleta, elegido el más valioso pelotero de la tropa
azul en esa ronda decisiva
.
“Lo mejor que tuvimos fue la unidad como colectivo,
y cuando alguien salió por lesión del juego
diario otro lo sustituyó igual o mejor. Es decir, el
espíritu nunca cayó y cuando eso pasa es difícil
perder un campeonato”, expresó en varias ocasiones
un veterano y líder indiscutible de Industriales, Carlos
Tabares.
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Ausente durante casi toda la campaña regular por reiteradas
lesiones, Yoandry Urgellés volvió a resultar
pieza clave en la ofensiva de los monarcas. “Sabíamos
que no se podía bajar la guardia ante ninguno de los
tres equipos, pero sin dudas, el público del Latinoamericano
demostró fidelidad, apoyo y nos dio fuerzas para las
victorias, sobre todo en la primera serie ante Sancti Spíritus”,
recordó.
Como uno de los momentos más felices en su vida deportiva
calificó el torpedero Rudy Reyes el jonrón con
bases llenas que prácticamente sacó de la lucha
a los espirituanos, en tanto valoró que sigue siendo
un orgullo ser industrialista porque “es la selección
más grande de Cuba para quienes lo aman y hasta para
sus detractores”.
“Hice lo que me tocó, con un mejor bateo que
en años anteriores y la defensiva de siempre. No puedo
dejar de pensar en esa victoria final, en el último
ponche de Socarrás…”, declaró el
receptor Frank Camilo Morejón; mientras que el lanzador
zurdo Arley Sánchez no perdió la oportunidad
de dedicarle una de sus actuaciones frente a Villa Clara al
cumpleaños de su pequeña hija.
Un aparte con Germán
Muchos nombres quedaron guardados en la memoria colectiva
de este galardón de Industriales. Serguei Pérez
y su bateo oportuno; Raiko Olivares con sus fildeos de leyenda
en la segunda base; Leugin Barroso, coloso en la tercera almohadilla
y muy ajustado con el madero; Irait Chirino, revelación
ideal como primer bate de la tanda; Stayler Hernández
con su feroz ofensiva, y los lanzadores Odrisamer Despaigne
y Armando Rivero, imprescindibles desde el box, por solo ejemplificar
con los más conocidos.
Sin embargo, al frente de todos, como cabeza visible, estuvo
un colectivo de dirección encabezado por Germán
Mesa, el bien llamado “mago” del campo corto cubano
en su época de jugador.
“Trabajo de equipo, esa fue la clave del resultado.
Cada uno de los muchachos asumió el papel que le tocó,
sin pensar en glorias personales. Se habla mucho de eso, pero
lograrlo es complicado, creo que ahora somos un equipo”,
respondió en una entrevista el manager más cuestionado
de los 16 que dirigieron la Serie Nacional.
Sobre la actuación de los noveles abundó el
director: “Los jugadores que nos llegaron de Metropolitanos
se aclimataron con mucha facilidad, en especial Irait Chirino
y Stayler Hernández, aunque en general todos los nuevos
se entregaron e hicieron lo que el momento necesitó.
Eso facilitó el trabajo”.
Con un estilo de mando muy particular y diferente al de sus
antecesores, Germán destacó finalmente que este
ha sido el título más difícil de todos
los conseguidos como jugador. “Ya todo terminó
y ahora la celebración invita a pensar en el próximo
campeonato, especial para todos los cubanos, pues será
la 50ma. Serie Nacional e Industriales saldrá a defender
su corona”.
¡Y todo fue pasión!
Las últimas horas vividas en la gran final de la pelota
cubana y el recibimiento desbordante y sin precedentes del
pueblo de la capital a sus campeones, son quizás el
mejor reportaje que podemos compartir con nuestros lectores.
El mérito de los Industriales no estuvo en su duodécima
corona y un play off de ensueño. Su mayor virtud recayó
en haber propiciado, junto a Villa Clara, el empujón
necesario e imprescindible al béisbol cubano, el mejor
de América no por sumas millonarias, sino por la calidad,
la entrega y el amor de sus peloteros.
Para jugadores, directivos y veteranos industrialistas ,las
miles de personas que salieron espontáneamente a las
calles —hay cálculos que hablan de medio millón
desde el inicio del recorrido en el Cotorro hasta el Parque
13 de Marzo, en La Habana Vieja— superó todo
lo vivido en estos 49 años de béisbol, incluido
el recibimiento a nuestra selección nacional después
de su medalla de plata en el Primer Clásico Mundial.
Emociones hubo por doquier en las tres horas del apurado
periplo. Desde las iniciativas más simpáticas,
hasta los abrazos, besos y delirios que vivían las
personas con sus industrialistas. Cuatro Caminos, Virgen del
Camino, Calzada de Luyanó, Malecón
habanero, Calle 23, Prado capitalino, por solo mencionar
algunos lugares, se paralizaron al paso de la caravana de
carros descapotables con la formación regular y el
director Germán Mesa, mientras un tren turístico
transportaba al resto del conjunto.
Fue esa misma masa de pueblo la que detuvo el paso del tren
—averiado por falta de fuerza para subir una empinada
calzada— y provocó el traslado sorpresivo y tumultuoso
para el ómnibus oficial del equipo azul, en medio de
un río humano que se apoderaba, alentada por la emisora
local, de todas las arterias de la ciudad; en tanto carros,
camiones y todos los medios de transporte se sumaban al jolgorio
con el sonido de sus cornetas.
Vestidos con un mar de gorras y camisetas azules todos corrían
entonces al lado del ómnibus, tirándole fotos
a sus ídolos, tal y como pudiera experimentarse en
un esperado concierto de artistas famosos. Y es que ellos
son quizás más célebres, pero con bate,
pelota, fildeos, jonrones, con la pasión de todos los
cubanos: el béisbol.
Solo al final del recorrido, en un lugar histórico,
el Parque 13 de Marzo, frente al antiguo Palacio Presidencial,
hoy Museo de la Revolución, se reunieron más
de 20 mil personas para saludarlos y cantar con ellos el coro:
“¡Oye, que Industriales sí!”, seguido
por la actuación del popular dúo de reguetón
Gente de Zona.
No valdría la pena concluir sin reconocer que esa
furia azul, capaz de contagiar a todo un pueblo durante la
tarde del primero de abril —miles de personas se quedaron
sin saludarlos por un cambio del trayecto para ser puntuales
en el acto final—, significó uno de los acontecimientos
socioculturales más grandes en la historia de la capital
cubana de todos los tiempos.
Sirva entonces todo lo vivido, la rivalidad de los ocho finalistas
en la postemporada del béisbol cubano y el apoyo popular
en cada provincia donde se jugó, como señales
positivas y luces mágicas para esperar el venidero
mes de noviembre, cuando el estadio Latinoamericano vuelve
a reunir miles de personas, quienes gritarán a coro,
comandados por la graciosa mascota del león: ¡INDUSTRIALES,
INDUSTRIALES, INDUSTRIALES!
NOTA: Para este material se utilizaron las declaraciones y
entrevistas concedidas por los jugadores de Industriales a
diferentes medios de prensa radial, escrito y televisivo,
así como el testimonio del autor en el recorrido del
equipo azul por toda la capital.
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