| Pubertad
piel adentro: las féminas
La adolescencia es una etapa de intensos cambios.
Para ellas, la incertidumbre y los prejuicios pueden empañar
uno de los períodos más importantes de sus vidas.
Por Isabelle
Quizá para ti, pasar
al preuniversitario implica un acto de total libertad. De
repente la idea de ofrecer merodea con una fuerza increíble
por la mente y, en nombre de ello, crees actuar y juzgar con
toda la sabiduría de la Tierra.
Los cambios hormonales que se enseñorean de tu cuerpo
justifican, en alguna medida, estas maneras de pensar y actuar.
Durante la adolescencia apenas estás dando los primeros
pasos que te adentran hacia un “viaje” a ser adulto.
Las percepciones que tienes sobre la sociedad y todo lo que
te rodea están permeadas por disímiles valoraciones
que irás cambiando mientras vayas madurando. Por ello,
escuchar, ser flexible y aprender de los adultos te podrá
ser útil.
Pero no te asustes si aún no puedes controlar tu modo
de pensar, y rechazas cuanto te dicen. Ese sentimiento de
invulnerabilidad, de omnisapiencia, de rebeldía, es
característica inseparable de la etapa por la que transitas,
y poco a poco la irás dejando atrás. Los cambios
que se operan en tu psiquis y en tu físico te darán
la respuesta de por qué actúas de manera tan
variable.
Pubertad: la génesis de los
cambios
Tu narcisismo
es desmedido. Ni miles de espejos te alcanzarían para
observar cada centímetro de tu cuerpo. Llegas a sonreír
por tus incipientes senos o por las caderas que ya se notan,
y lloras y maldices por ese grano en medio de tu cara, justo
el día antes de la fiesta del fin de semana.
Esas variaciones son lógicas. Las hormonas irrumpen
como nunca por todo tu cuerpo y son las responsables de tus
risas y tus lágrimas.
Cada año creces un poco más. La hormona del
crecimiento trabaja para que todo tu cuerpo se desarrolle.
Son sustancias que produce tu organismo y controlan funciones
muy diferentes como el metabolismo, crecimiento, volumen del
líquido corporal, embarazo, lactancia y el desarrollo
de los genitales.
La niña queda atrás
En este período tu aparato reproductor madura. Tu cuerpo
se prepara para tener descendencia. También aparecen
los rasgos físicos que te diferencian de los varones.
En poco tiempo se produce un crecimiento muy rápido,
y alcanzas el peso y estatura casi definitivos.
Aunque los primeros síntomas exteriores son un incipiente
vello púbico, y la elevación apenas perceptible
de los pezones, internamente se llevan a cabo procesos previos.
Una serie de hormonas comienzan a funcionar, y dentro de ellas
los andrógenos, los estrógenos y la progesterona.
Sus productos finales derivan en secreciones expulsadas por
las glándulas sudoríparas, sobre todo en las
axilas y a nivel de los genitales. De ahí que de vez
en cuando tus blusas y tu ropa interior huelan totalmente
diferente a cuando eras más pequeña.
Estos eventos en las hembras cubanas comienzan a transcurrir
alrededor de los ocho años. Mientras se manifiestan
los cambios anteriores, debido a la acción de los estrógenos,
se inicia el desarrollo de la vagina, que aumenta de espesor
y dimensiones. También evolucionan las glándulas
de Bartholin y el útero, así como los genitales
externos, es decir, el monte de Venus, los labios mayores
y menores, el conducto vaginal y el clítoris.
En la vagina, uno de los lugares sobre los que apenas conoces,
se crea un medio favorable para los bacilos, que ayudan a
mantener un equilibrio en la flora vaginal, pues producen
ácido láctico, el cual sustituye a la escasa
flora bacteriana de la niñez.
Los genitales externos experimentan importantes cambios. En
ellos se acumula el tejido adiposo, con el efecto de que los
labios mayores se hacen más gruesos y crecen por encima
de los menores. Estas estructuras, entre otras funciones,
protegen a las glándulas productoras de la lubricación
que, en buena medida, permiten una mejor penetración.
Las glándulas de Bartholin aumentan su tamaño
y producen una sustancia mucosa en respuesta a la excitación
del clítoris y de otras partes de la zona genital externa.
Por otro lado, crece el clítoris, y al igual que los
pezones y el pene, se vuelve eréctil y puede aumentar
su tamaño ante determinados estímulos y caricias.
El útero, que está alojado en la cavidad pélvica,
crece haorsta cas triplicar su tamaño. La acción
de los estrógenos sobre el pubis y la parte inferior
de la pelvis hacen que la cavidad pélvica se vuelque
hacia delante y que su cuello se haga relativamente más
corto.
Durante la pubertad las hormonas son responsables de cambios
físicos que se proyectan en el cuerpo, por tanto, el
ensanchamiento de las caderas y muslos no depende del inicio
de las relaciones sexuales o del comienzo de los períodos
menstruales, sino que influyen solo en la disposición
de las grasas en esas regiones, pero no de la posición
de los huesos pélvicos (caderas).

Doctor Joel Varona Sánchez,
ginecobstetra del hospital capitalino Ramón González
Coro.
(Foto: Elio
Miranda) |
Mujer:
¿sexo débil?
Históricamente, detrás de esta frase ha habido
una subvaloración de la mujer. Los roles que desde
la antigüedad asignan las tareas a hombres y mujeres
a la luz de hoy se aceptan como demostrados y admitidos por
la ciencia.
Los mitos sobre el esfuerzo físico y la repercusión
en posteriores problemas uterinos o pélvicos son errados.
Para el doctor Joel Varona Sánchez, ginecobstetra del
hospital capitalino Ramón González Coro, todo
parte de un entrenamiento. Si se prepara al cuerpo para una
actividad fuerte, resistirá. Si te lanzas sin previa
ejercitación, no solo el organismo de una mujer, sino
el de un hombre, también puede resentirse.
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