|
En memoria del forjador y Jefe del Ejército Libertador
de Cuba
El General Máximo Gómez
descolló en nuestras luchas independentistas protagonizando,
junto a Maceo, la mayor hazaña militar del siglo XIX.
Con motivo de su muerte, el 17 de junio de 1905, publicamos
este artículo.
Por Nancy
Pérez Medina

Máximo Gómez izando
la bandera cubana después del ceremonial del inicio
de la República en 1902.
(Tomada de www.upec.cu) |
En el hotel Mascote, del municipio villaclareño
de Remedios, octava villa fundada por los españoles
en Cuba, se exhibe la silla y la mesa donde se sentó
el General Máximo Gómez a firmar el licenciamiento
del Ejército Libertador, cuyos miembros fueron desactivados
sin miramientos para eliminar el peligro que representaban
a los intereses injerencistas de los Estados Unidos.
Así lograron que la
primera República de Cuba, luego de mortal contienda,
naciera baldada. Por supuesto, Gómez es destituido
del cargo que le otorgara José
Martí en la Guerra Necesaria: Jefe del Ejército
Libertador. Al amenazarlo con fusilarlo o expulsarlo por ser
un “extranjero indeseable”, el hombre victorioso
de mil batallas, que nunca sufrió una derrota militar,
con el corazón cargado de desengaños, escribió:
“Extranjero como soy, no he
venido a este pueblo, ayudándolo a defender su causa
de justicia, como un soldado mercenario; y, por eso, desde
que el poder opresor abandonó esta tierra y dejó
libre al cubano, volví la espada y la vaina (…).
Nada se me debe y me retiro contento y satisfecho de haber
hecho cuanto he podido en beneficio de mis hermanos (…)”.
Así de sencillo y desinteresado era
este insigne combatiente revolucionario, nacido en República
Dominicana en 1836, y que realizó una ingente labor
internacionalista de ayuda eficaz en las dos guerras por la
independencia de Cuba durante el siglo XIX. Al nacer la República
Mediatizada decretó su alejamiento de la vida pública,
rechazando la presidencia del país, que nadie hubiera
podido disputar al héroe.
La egregia figura llegó a Cuba en
1865 como oficial del Ejército Español. Tres
años después se incorporó al movimiento
emancipador cubano, donde sobresalieron sus dotes de mando,así
como su astucia poco frecuente en la táctica y estrategia
militar acertada, mientras trazó pautas de entereza
e integridad a un pueblo levantado en armas.
Sus legendarias cargas al machete le ayudan
a realizar, junto al General
Antonio Maceo, la mayor hazaña militar del siglo
XIX: la invasión a Occidente. Tras la expulsión
de los españoles, el glorioso jefe mambí vivió
modestamente hasta su muerte en La Habana, el 17 de junio
de 1905, a los 69 años de edad.
Recomendamos leer su Diario de campaña,
para que puedan comprobar que Gómez no sólo
fue el típico maestro y estratega militar; sino que
también se caracterizó por su pasión
por la justicia, integridad, amor a la humanidad, honradez,
desinterés y valentía, unido a su incondicional
cariño por la esposa, los padres, los hijos y los amigos.
Apreciamos en él una vida llena de amor, bondad, sensibilidad
y solidaridad.
A 105 años de su muerte, los ideales
del invencible “Viejo Chino” se yerguen impasibles.
Si cerramos los ojos y echamos a volar la imaginación,
podemos verlo montado en su caballo, aún dispuesto
a los mayores sacrificios, sin ceder en sus principios, defendiendo
la libertad de los cubanos.
Artículo relacionado
Dominicano, cubano,
universal
|