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A propósito del estreno de “José Martí, el ojo del canario”

Miradas que matan

Por Pavel López

Escena de la película cubana “José Martí: el ojo del canario”.
(Fotos: ICAIC)

Ahora mismo puede convertirse en un tópico alegar que ¨José Martí, el ojo del canario¨, trasciende por mostrarnos un Apóstol inédito, cercano en su perfectibilidad, constituido por fragilidades y candores, y por ello acreedor de una estatura más tangible, reconocible, humana.

No pocos aseveraron categóricos tras el estreno de la cinta que este Pepe sí respira, colocando ipso facto a los anteriores “Martí” (esos que esculpieron desde la infancia en nuestro imaginario), a un paso del estatus de dioses o cadáveres, de algo, en fin, ajeno a nuestro mundo terrenal.

La hipótesis no debe extrañarnos. Ciertamente, el filme pareciera bajar al héroe de las alturas para ponerle “los pies en la tierra”, es decir, más cerca de su gente, aunque tal interpretación no alcance por sí sola para explicar cómo la película consigue —tras sus presupuestos de sencillez, transparencia y sinceridad— inquietar, estremecer, emocionar, a la vez que dispensa el retrato más original, incisivo e imprevisto del Héroe Nacional suscitado en la pantalla grande hasta la fecha.

Para nadie es secreto que la obra disiente del ditirambo y la loa irreflexiva al Apóstol, en tiempos cuando recubrir de una pátina solemne a cualquier paradigma moral, político o religioso constituye la práctica de turno. El ser humano necesita de los mitos como de brújulas para orientarse en su trayecto vital, dirían los filósofos, y cualquier hombre o mujer que logre emular tal condición prontamente es elevado a los altares.

Ahora bien, Fernando Pérez no cierra los ojos ante la inmensidad del héroe, solo que su particular visión rastrea más la hondura que la estatura de su protagonista. El filme se proyecta como un viaje, no hacia la cúspide, sino hacia el interior del hombre, ese espacio profundo, verdaderamente infinito, al cual el pensamiento y la sensibilidad de Martí emprendieron vuelo.

Escena de la película cubana “José Martí: el ojo del canario”.
(Fotos: ICAIC)
El enfrentamiento de la figura paterna y el vínculo de esta última con la coerción y el autoritarismo, es un tema recurrente en el cine latinoamericano reciente, aunque el talento de Fernando Pérez lo hace rehuir de manera eficaz la reproducción mimética de dicha operatoria.


Una de las escenas finales de la obra es muy elocuente en tal sentido: Martí en las canteras, en medio de los rigores del presidio, enfrenta a la figura del padre. Los antagonismos pasados van en retirada frente al peso aplastante de una nueva realidad.

Los caminos de estos seres se bifurcan de manera irremediable. El padre, impotente para retener al hijo en su cárcel doméstica, o conmovido ante la depauperación física del muchacho, no esconde más su sufrimiento. Las lágrimas inundan su rostro, y ofrece entonces al hijo las almohadillas que le ha hecho Leonor para que se coloque en los pies, entre los grilletes, para atenuar el dolor.




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