| Educación
en sexualidad
Única puerta
de salida
Por Kalika
Kofi

(Foto: Jorge L. Baños) |
En la sesión plenaria del V Congreso
cubano de Educación, Orientación y Terapia Sexual,
había sido presentada, a secas, como Mary Guinn. Visitaba
La Habana por primera vez, mas por el cargo en que se desempeña
como especialista en VIH/sida de la Oficina Regional de Educación
de la UNESCO
para América Latina y el Caribe, con sede en Santiago
de Chile, ya tenía un juicio sobre el trabajo de las
instituciones cubanas.
SJ: ¿Será la Isla
referencia en educación en sexualidad?
“Claro que sí, y la conferencia
inaugural, La educación sexual como política
de Estado, impartida por Mariela Castro, da detalles
que permiten explicitarlo.
“Establece cuatro grandes etapas;
parecen obvias, pero hacen pensar en las circunstancias en
las que avanzó la cuestión. Para mí es
enriquecedor comprender esa secuencia histórica.
“La directora del Centro
Nacional de Educación Sexual muestra cómo Cuba
transitó desde un período de atención
a la igualdad de derechos de la mujer y a la promoción
de su salud reproductiva, hasta un presente donde se está
a la mira de la diversidad y predomina una visión holística
e integradora”.
Mary Guinn
Delaney es originaria de DuBois, un punto del noreste
norteamericano situado a 2 700 kilómetros del
estado norteamericano de Wyoming, en los parajes donde
se ambientó la cinta “Brokeback Mountain”
(“Secreto en la montaña”, Ang Lee,
2005), la historia de amor entre dos vaqueros solitarios
que derribó el mito
del hombre del oeste rudo y duro.
Con todo, admitió que el tiempo
de su pueblo natal también está marcado
por el implacable “qué dirán”
y la vieja moral omni-dominante. Se
preguntó, durante la entrevista, por qué
misterio, nacida en un sitio de tan escasa diversidad
étnica,
llegó a trabajar de adulta en países de
una multiplicidad tan exquisita como Nicaragua y Honduras,
para terminar “chilenizada” en 2005, casada
con un santiaguino, con quien tiene dos hijos, de cuatro
y seis años.
Entre sus intereses de toda la vida
pesan los asuntos latinoamericanos, en especial de Cuba
y Chile. Sin haber puesto un pie en el archipiélago,
muchos
de sus estudios enfocan la realidad insular; hoy tiene
residencia fija en el país austral y se alojaba,
cuando nos conocimos, en el hotel Palco, de La Habana.
“Todo habría comenzado
—pensó en alta voz— cuando se cruzó
en mi camino un profesor de Lengua Española que
me transmitió su amor por el idioma; de no ser
por aquel maestro —¡otra vez la educación!
— quizá me habría quedado en DuBois.
Los educadores tienen esa especial capacidad para abrir
puertas”. |
SJ: ¿Cuál sería
el mejor fruto de todo ese camino?
“El enfoque de género y derechos
es un aporte, sobre todo porque se basa en la práctica
cotidiana; luego, no solo se formulan los currículos
idóneos,
sino que se ajusta la formación docente.
“El país sigue las directrices
de la UNESCO, pero con una mirada crítica. No se contenta
con haber alcanzado esa experiencia y desarrollado el concepto
de educación sexual para prevenir riesgos. La vocación
latinoamericana de Cuba, que entraña otra altura intelectual,
y hasta ideológica, es una contribución.
“Me he comprometido a
documentar este enfoque para confrontarlo con el de otras
regiones; el VIH en África, por ejemplo, ha puesto
en crisis al sector educativo: hablo de millones de educadores
enfermos, de un gran impacto a nivel de sistema de educación,
con miles y miles de niños afectados, huérfanos”.
SJ: Educación sexual es más
que VIH.
“Aunque hoy contemos con más
recursos para luchar contra el VIH, debemos ensanchar la única
puerta conducente a la resolución satisfactoria de
cualquier problema, no importa el área donde se presente:
la de la educación sexual, cuyo fundamento siempre
estará en el enfoque de género y derechos.
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