| No
es tiempo de cigüeñas
En la actualidad, gran parte de
los métodos anticonceptivos no gozan de popularidad
entre los jóvenes, por la falta de información
sobre su aplicabilidad. Ello ha provocado elevadas tasas de
embarazos, así como la apelación a las interrupciones
voluntarias.
Por Isabelle

(Ilustracion: Rayko) |
En junio de 1960 una noticia revolucionaba
la sociedad norteamericana: la Administración de Drogas
y Alimentos de los Estados Unidos (FDA) daba su aprobación
para el empleo de una píldora anticonceptiva. El Enovid,
nombre con el cual se comercializó, suponía
para las féminas un método reversible de amplios
beneficios.
La prevención de embarazos no deseados,
y por tanto la posibilidad de planificar el momento de tener
descendencia, así como una mayor libertad sexual —concepto
tan esgrimido por aquellos años— fueron los beneficios
más visibles.
Ante tal realidad, la anticoncepción
hormonal ganó miles de usuarios, e incluso
actualmente es uno de los métodos de mayor preferencia
1.
Anticoncepción
en la adolescencia
Aunque los adolescentes y jóvenes no constituyen grupos
uniformes, sí existe un alto grado de homogeneidad
en su comportamiento sexual. Características como el
cambio frecuente de pareja, la fragilidad ante la presión
grupal y la falta de percepción de riesgo los hacen
vulnerables a las relaciones sexuales desprotegidas, y por
tanto, al riesgo de embarazos no previstos.
Por ello, tener e incrementar la percepción
sobre la importancia de los métodos anticonceptivos
no debe ser una asignatura pendiente.
En este sentido, las industrias médicas,
farmacéuticas y el personal médico crean
y potencian variados y efectivos procedimientos. El condón
o preservativo (el más eficaz por su doble protección),
el cálculo del período fértil o método
del ritmo, el diafragma y los Dispositivos Intrauterinos (DIU),
entre otros, son procedimientos a los cuales se apela desde
tiempos inmemoriales, y no siempre son usados con la asiduidad
necesaria.
Ellos actúan bloqueando o impidiendo
la unión del espermatozoide con el óvulo o evitan
que este último, una vez fecundado, anide en el endometrio,
región donde se desarrollará el futuro bebé.
Por su parte, las pastillas impiden que
el óvulo madure y sea liberado del ovario, con lo que
se evita la fecundación. Además, producen un
espesamiento del moco
cervical 2, lo cual dificulta
la penetración de los espermatozoides en las trompas
de
Falopio, lugar donde normalmente ocurre la fecundación.
A pesar de estar avalados por los especialistas,
los falsos criterios rodean a las píldoras hormonales.
En Cuba, su popularidad está sesgada por la creencia
de que provocan malestares como dolores de cabeza, vómitos,
la temida subida de peso o los desarreglos hormonales causantes
de vello excesivo o el incremento del acné.
Según estudios sobre riesgos y beneficios,
estos últimos priman, pero para ello
lo indicado es buscar el asesoramiento médico que definirá
cuál es la pastilla más idónea y cómo
debe emplearse.
Las píldoras ofrecen una anticoncepción
altamente eficaz con una dosis hormonal
reducida, proporcionan una disminución en las alteraciones
del ciclo menstrual, estabilizándolo en ciclos de 26
a 30 días, y eliminan muchas de las alteraciones relacionadas
con este proceso como las náuseas, dolores, cólicos
y la exacerbación del acné.
Otros ventajas adicionales son la reducción
del cáncer de ovario y la disminución de infecciones
genitales.
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