| Dos
jóvenes guantanameros que recogen los frutos de la
tierra
Daymaris Díaz y Ovidio Alonso se entregan a
la producción de alimentos con excelentes resultados.
Jóvenes tan valiosos como ellos deben ser atraídos
por la organización de vanguardia de la juventud cubana
Por Lisván Lescaille Durand

Muchos jóvenes se han vinculado
a la producción de alimentos con muy buenos resultados
(Foto: Modesto Gutiérrez) |
Ella lleva sus uñas
arregladas como para fiestas. No obstante, sabe que se les
estropearán al final de la jornada, con los rigores
de su oficio de cuerpo y alma para la tierra, los implementos
agrícolas y los animales de su cuartón ganadero.
Tiene 25 años y las alegrías suficientes para
encontrarle un tiempo a las distracciones. “Voy a fiestas
y me divierto con la misma pasión con que chapeo, siembro
y atiendo las vacas”, confiesa Daymaris Díaz,
una muchacha que se apartó de su rol de supervisora
integral de una empresa para dedicarse a producir alimentos.
Aunque nazcan callos en sus dedos, la joven siente que encontró
su camino entre los surcos de un terreno baldío en
áreas de la cooperativa de créditos y servicios
(CSS) Osmel Gonsalvo, de Jamaica, en Guantánamo,
donde junto a su madre cosecha viandas, granos y cría
el ganado vacuno para mejorar la comida de su gente: “Hemos
entregado más de 300 litros de leche mensuales”,
afirma.
Ovidio Alonso Matos tiene la misma edad que Daymaris e igualmente
dedica buena parte de su existencia a producir alimentos para
los habitantes del municipio guantanamero de Imías.
Allí, en su terruño, este joven, licenciado
en Cultura Física, es casi una celebridad por su virtuosismo
para hacer bien las cosas en ambas ocupaciones: Metodólogo
en la Dirección Municipal de Deportes y, uno de los
criadores de cerdos más destacados de su territorio
y la provincia.
“Creé mis condiciones. Compré una turbina
para mantener el agua; sembré 2,5 hectáreas
de plátano burro y maíz; tengo mi propio molino
y almaceno el alimento de los puercos para adicionarlo a la
cantidad de pienso asignada por la Empresa Porcina, como parte
del convenio firmado con ellos”, explica.
El joven campesino está asociado a la ANAP
del municipio desde hace tres años, y tiene una
“estrategia de vida bien trazada”, para hacer
las dos cosas y obtener resultados positivos en ambas. Piensa
que no debe abandonar ninguna de las dos porque les reportan
satisfacciones, no solo a su economía personal sino
a la de su pueblo, y ese “es un compromiso de honor
que tengo con la Revolución”, apunta.
Pero los nombres de Daymaris y Ovidio no se leen en ninguna
lista de militantes de la UJC de las 21 organizaciones de
base con que cuenta la provincia en el sector campesino. Tampoco
pertenecen a brigada juvenil campesina alguna, de las 78 donde
se integran 616 miembros del radio de acción en las
CCS y cooperativa de producción agropecuaria del Alto
Oriente.
Y quién duda que esos muchachos con sus méritos
a cuestas son, por virtudes, militantes de una causa impostergable:
aportar sus energías y talento a la producción
de alimentos, un asunto de seguridad nacional.
Tales ejemplos colorearon de aplausos el activo provincial
de jóvenes campesinos, pero también llamaron
la atención acerca de la necesidad de que la organización
de vanguardia de la juventud cubana atraiga a sus filas a
jóvenes tan excepcionales, integrales e incondicionales
como Daymaris y Ovidio.
El asunto, hondamente analizado en esa tribuna, motivó
la observación del miembro del Buró Nacional
de la UJC,
Hilder Torres Escalona, de que el campesinado cubano se identifica
también por el alto nivel profesional, inteligencia,
y compromiso político, algo que no puede desaprovechar
la organización de vanguardia de su juventud.
“En cada argumento se aprecia la sinceridad y el amor
por las cosas que hacen con los recursos a su alcance. Lo
dicen de corazón y sería un premio para ellos
pertenecer a la UJC”.
(Tomado de www.juventudrebelde.cu)
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