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Vamos a hacer café

Por Marietta Manso

Taza de café.
El ofrecimiento del “néctar negro” en Cuba equivale a la más cordial bienvenida.
(Tomada de www.alzheimermonterrey.com)

Para la mayoría de los cubanos el café es casi una religión. Incluso hasta los que no se deleitan con su sabor, saben que es casi un insulto recibir una visita sin brindar una tacita.

No por gusto cuando alguien en esta isla quiere significar lo mal que fue atendido, se limita a decir: “Ni siquiera me brindaron café”, esgrimiendo la casi similitud entre ser bienvenido y degustar el “néctar negro”.

Por eso, todo anfitrión que se precie de serlo, luego del arribo de alguien —sea familiar, amigo, vecino o desconocido— sabe que tras el obligado comentario sobre el tiempo, el calor y la lluvia, viene la frase mágica: “Vamos a hacer un cafecito.”

Y si por casualidad, se trata de los pocos que no lo consumen, saben que tras la excusa para no tomar vendrá una expresión de incredulidad y hasta de tormento, pues si no tomas café, ¿cómo te demuestran que eres bienvenido?
Lo que ocurre es que en esta zona del Caribe el café es algo más que un líquido humeante y energético: es el símbolo de la amistad, del cariño, del te quiero bien.

Dos recetas tradicionales
Café carretero: Poner agua en un jarro y cuando rompa el hervor, echar el polvo de café. Esperar que se asiente y servir.

Café expresso: En una cafetera italiana, poner agua, depositar encima el colador y echar tres o cuatro cucharadas de polvo, cerrarla y poner al fuego. Preparar aparte un jarrito con dos cucharadas de azúcar. Cuando termine de colar, verter el líquido y revolver. Servir caliente en tacitas individuales.

El amanecer cubano tiene olor a café, y es esa primera colada la que nos hace emprender con mayor entusiasmo cada jornada. No importa si luego no se toma nada más hasta el almuerzo, pero despertar sin la infusión es prácticamente un sacrilegio

No hace falta saber su origen africano o su descubrimiento accidental —como casi todas las grandes revelaciones—, o que el primer cafeto lo trajo a la isla José Gelabert en el siglo XVIII. Basta saborearlo para saberse feliz integrante de una cofradía de millones.

Bien sea expresso o con leche, cortado o capuchino, el café convoca a la gente a cualquier reunión, no importa si se trata de un velorio o del más feliz de los encuentros… porque como dijo un importante intelectual cubano, “tomarse un buen café es como ponerse una guayabera por dentro.”


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Directora: Marietta Manso Martín, Editora: Alicia Centelles,
Diseño Web y Programación: Carlos Javier Solis, Webmaster: Letty Fernández Chirino,
Casa Editora Abril, 2010
Fecha actualización.
 
Portada de la edición impresa de la revista Somos Jóvenes de  agosto/2010.
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