| ¡Y
llegó el verano!
Por Araima
Saco Pérez
El verano es sinónimo de diversión,
alegría, algarabía, recreación, despeje
regocijo. Si buscamos en el diccionario se define como la
estación más calurosa del año, que en
el hemisferio septentrional, comprende los meses de junio,
julio y agosto y en el hemisferio austral los meses de diciembre,
enero y febrero.
Lo malo de esta estación del año es que ha muchos
se nos olvida que precisamente es cuando más debemos
cuidarnos. Sin salud no podemos tener un disfrute a plenitud
por tanto todo mimo es poco. En el verano debe primar la cultura
del pomito de agua (hidratación abundante y vital sin
esperar a tener sed) y evadir a toda costa la ingestión
de bebidas alcohólicas.
Debemos huirle al sol, por así decirlo, entre las 10
y 16 horas cuando sus efectos son más dañinos
y hay que evitar exponer a los bebés menores de seis
meses. Entregarse al astro rey sin protección puede
causar quemaduras dolorosas, envejecimiento prematuro de la
piel y mayor riesgo de cáncer en la misma.
Es primordial cuidar de nuestra alimentación. Consumir
platos fríos, ensaladas, frutas y dejar a un lado las
comidas pesadas, calientes y crudas es lo más recomendado.
Tengamos en cuenta que en el verano hay mayor riesgo de intoxicaciones
alimentarias.
Las carnes, vegetales u otros deben estar bien cocidos y refrigerados
antes de dilapidarlos, es muy importante lavarnos las manos
antes y después de cocinarlos.
Las actividades físicas en exteriores hay que evitarlas
o realizarlas a primera hora del día o al atardecer.
Si no se pudiera, entonces es necesario resguardarse del sol
mediante crema protectora para los rayos solares, unos 30
minutos antes de salir al exterior e hidratarse incesantemente.
El uso de ropa ligera, no apretada y de colores claro, ayudaría
muchísimo en este verano así como la utilización
de sombreros, pamelas y gorras. Esta protección debe
hacerse extensiva, incluso en los días nublados.
Está comprobado que la utilización de anteojos
disminuye el daño ocular producido por la exposición
prolongada a rayos ultravioletas A y B, por tanto haga de
las gafas una prenda indispensable y rutinaria en el verano.
Es común ver a los jóvenes acostados en la arena
para obtener un bronceado envidiable pero, OJO, eso puede
traer aparejado grandes e irreversibles daños. Mejor
protejámonos y tomemos el sol de manera prudente, así
disfrutaremos este y todos los veranos que vengan con una
salud de hierro.
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