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Por Frank País, por Raúl Pujol y por todos los
mártires
El Consejo de Ministros del Gobierno
Revolucionario acordó el 26 de Julio de 1959, declarar
el 30 de Julio como Día de los Mártires de la
Revolución Cubana, honrando desde entonces a los que
ofrendaron su vida por la Patria en la última gesta
revolucionaria.
Por Nancy
Pérez Medina

El entierro de Frank fue una verdadera
manifestación de duelo popular.
(Foto: Archivo) |
El Cuartel
Moncada fue sede de una sesión de trabajo especial
del Consejo de Ministros del joven Gobierno Revolucionario,
el 26 de julio de 1959 a las 5:15 de la madrugada, la hora
en que comenzara el transcendente asalto a esa guarnición
dela tiranía, seis años antes. Entre las propuestas
aprobadas en esa reunión sobresalió la de Pedro
Miret: declarar el 30 de Julio como Día de los Mártires
de la Revolución Cubana.
La fecha fue escogida porque
ese día, en 1957, hubo en Santiago
de Cuba una acción considerada entre las decisivas
para la caída de la dictadura de Fulgencio
Batista, y en la que cayeron combatiendo los valiosos
revolucionarios Frank Isaac País
García y Raúl Pujol Arencibia. Con la decisión
tomada en el Consejo de Ministros se homenajeaba, a partir
de ese momento, a todos los mártires de la última
gesta por la total independencia de Cuba.
Frank País fue un hombre íntegro
desde su etapa estudiantil; también sobresalió
como maestro, amigo y luchador consagrado a la liberación
de su pueblo de los gobiernos corruptos. Con pasión
difundía las ideas nacionalistas, democráticas
y cristianas, y especialmente el pensamiento y la obra de
José Martí.
No tenía aún 23 años
y ya era jefe de Acción Clandestina de la Dirección
del Movimiento 26
de Julio. Lo asesinaron en el Callejón del Muro,
donde recibió 22 disparos.
Un inmenso dolor impregnó la reacción
popular. Sus honras fúnebres —fue condecorado
como General de la Revolución— se convirtieron
en marcha combatiente y huelga general que se extendió
por toda Cuba.
El 30 de noviembre
de 1956 dirigió el levantamiento armado en Santiago
de Cuba en apoyo al desembarco del yate
Granma. David, como se le conocía en la clandestinidad,
fue uno de los principales organizadores de la ayuda a la
guerrilla de la Sierra Maestra y la extensión de la
insurrección a toda la Isla. Exactamente un mes antes
de su muerte, había sido asesinado su hermano Josué,
otro destacado combatiente revolucionario.
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