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Para el bien de todos, pero no con todos
Por Hilario
Rosete Silva

(Foto: Nancy Reyes) |
(Entrevista publicada en marzo de 2006 en el sitio digital
de la revista
Alma Máter
)
El segundo lunes del último diciembre, el poeta, escritor,
ensayista y pensador cubano Cintio
Vitier (Cayo Hueso, la Florida, 1921), recibió
el cuestionario que le enviara la redacción de Alma
Mater para la realización de esta entrevista.
Fue un gran día: en el marco del Festival
Internacional del Nuevo Cine Latinoamericano, a Cintio
le entregaron, junto a Alicia
Alonso y a Alfredo Guevara, el premio Maestro de Juventudes,
de la Asociación
de jóvenes escritores y artistas cubanos Hermanos Saíz (AHS).
Las preguntas del cuestionario las habíamos elaborado
desde sus consideraciones sobre el discurso de José
Martí “Con todos y para el bien de todos”.
Dichos criterios los expuso Cintio, por vez primera en público,
en la Conferencia Internacional homónima celebrada
en el Palacio
de Convencionesde La Habana en octubre de 2005.
La apertura oficial del cónclave le había sido
encargada a Eusebio Leal, Historiador de La Habana: “Me
veo obligado a hacer una precisión”, dijo Leal
al subir al estrado después que Cintio abriera la sesión
plenaria, “la conferencia magistral ya ha sido pronunciada;
las palabras de Cintio, como le llamamos con afecto entrañable,
me relevan de ese compromiso; sería imposible superar
el espíritu que ellas contienen, espíritu y
esencia de lo que este encuentro se propone: penetrar analíticamente
en la vida y la obra de Martí.”
Similar objetivo nos fijamos nosotros. Por eso regresamos
a él, presidente de honor del Centro
de Estudios Martianos, a través de Paula Luzón,
su ayudante. El propio Cintio nos dio el teléfono de
Paula cuando lo abordamos en el vestíbulo del Palacio:
“Cintio, ¿cómo se siente?”, lo saludamos.
“Me siento bien, pero me levanto con dificultad”,
replicó, y desde entonces, aguijoneados por su ingenio
distintivo, creció nuestro deseo de encontrarnos.
La entrevista demoró en producirse. La vieja dolencia
—una hernia discal— que aqueja al venerable anciano,
se combinó con uno de esos virus de moda, “arranca-pescuezos”,
y lo indispuso de mala manera.
Pasó el Festival, pasó la Nnochebuena,
pasó la Navidad, pasó el Año Viejo...
Así como los magos llegaron a Belén, llegamos
a Cintio Vitier: literal y metafóricamente hablando,
el encuentro con el Premio
Nacional de Literatura1988 y Premio de Literatura Latinoamericana
y del Caribe “Juan Rulfo” 2002, siempre por mediación
de Paula, fue un regalo de Reyes.
Opinión franca y libre
Querido Cintio —fuimos al grano—
quisiéramos que repitiera, para nuestros lectores,
lo que ya hizo en la Conferencia Internacional “Con
todos y para el bien de todos”: que nos ayudara a discernir
lo que en este discurso de Martí tuvo una función
correspondiente con el tiempo y espacio en que se pronunció,
y lo que puede y debe relacionarse con nuestra vida presente.
“Comenzaré diciendo lo mismo que dije en la Conferencia
—se animó Cintio—. Sería excesivo
suponer que un discurso pronunciado ante los emigrados cubanos
de Tampa en noviembre de 1891, aunque formule principios fundadores
de la futura República, conserve en todos sus aspectos,
más de cien años después, la misma vigencia”.
También señaló usted la presencia
de dos realidades que en el discurso “se confrontan”
.
“Eso vale en general para casi toda la oratoria martiana.
Resulta insoslayable la presencia de dos realidades, confrontadas
en el discurso, que ya hoy solo tienen para nosotros un valor
histórico: la emigración revolucionaria, y el
pueblo de la Isla”.
Martí recordó el peso del pueblo de
la Isla en esa correlación.
“Por eso dijo: 'Para Cuba que sufre, la primera palabra’,
y advirtió: 'De altar se ha de tomar a Cuba para ofrendarle
nuestra vida, y no de pedestal, para levantarnos sobre ella’
“.
¿Cómo debemos entender esta alusión
a Cuba?
“Como la patria integral que debía unir a los
que vivían en la Isla y fuera de ella, cuestión
que hoy adquiere dimensiones mucho más complejas y
amargas. No obstante, Martí enseguida comenzó
su elogio de los que 'tienen aquí las manos puestas
a la faena de fundar’, de los que 'han levantado [este
pueblo de amor cara a cara del dueño codicioso que
nos acecha y nos divide’, se refiere al colonialismo
español; y expresó su gratitud, además,
por 'este pueblo de virtud’, por 'este pueblo culto,
con la mesa de pensar al lado de la de ganar el pan’,
poniendo el énfasis en el ejemplo de los trabajadores,
'que es respuesta de sobra a los desdeñosos de este
mundo’ ”.
El tema de las dos orillas, ¿ya no es cuestión
vigente para nosotros?
“Dicho tema, que lo lleva a exclamar, '¡a la patria
que allí se cae a pedazos y se ha quedado ciega de
la podré, hay que llevar la patria piadosa y previsora
que aquí se levanta! ’, ocupa buena parte del
discurso, y aunque suscita arranques de elocuencia perdurable,
no es tema vigente ya para nosotros, tal como se planteaba
entonces”.
Luego Martí retomó otras ideas capitales.
“Una de ellas toca el tema eterno, para la filosofía
y para la política, de la libertad. Aquí es
preciso distinguir varios planos. De entrada Martí,
partiendo de la experiencia poscolonial de América
Latina que él conoció, alerta sobre el 'peligro
grave de seguir a ciegas, en nombre de la libertad, a los
que se valen de ella para desviarla en beneficio propio’
y ensalza a 'los cubanos que ponen su opinión franca
y libre por sobre todas las cosas’ “.
El jugo de la tierra
Ahí nació su concepto de “la dignidad
plena del hombre”.
“Concepto que en la tajante disyuntiva —léase
'o la república tiene por base el carácter entero
de cada uno de sus hijos’, y lo que sigue en forma perifrástica,
'o la república no vale una lágrima de nuestras
mujeres ni una sola gota de sangre de nuestros bravos’—,
se equilibra con otros dos elementos indispensables: 'el hábito
de trabajar con sus manos’, algo que, por cierto, también
atañe a los intelectuales y artistas, 'y pensar por
sí propio’: eso es fundamental en Martí”.
Para precisar, ¿de qué libertad habló
Martí?
“No se trata de la libertad que puede utilizarse para
fines indignos de ella, que es lo que estamos viendo hoy en
la prensa internacional, ni de la que, negándose también,
se pone, al servicio de ideas sin rostro, a lo que fue proclive
cierto socialismo. Hay, además, un coto a la libertad,
que es 'el respeto, como de honor de familia, al ejercicio
íntegro de los
demás’ “.
Si la libertad es “el respeto, como de honor
de familia, al ejercicio íntegro de los demás’,
¿qué cosa es el “ejercicio íntegro
de sí ’?
“ 'Ejercicio íntegro de sí’ no es
egoísmo, no es individualismo amoral, no es capricho
ni anarquía, mucho menos abuso de unos sobre otros.
Es, precisamente, lo contrario: justicia colectiva que no
mata a la persona original sino que la tiene por base: 'la
pasión, en fin’, concluye Martí, 'por
el decoro del hombre’ “.
Martí mencionó la “libertad original
que cría el hombre en sí’.
Es una idea que expresó de varios modos: lo que en
su artículo con ocasión de la muerte de Antonio
Bachiller y Morales en 1889 llamó 'dote de la tierra’.
Allí, en efecto, evocando a los próceres intelectuales
del Seminario de San Carlos, fundador de nuestra cultura,
leemos: 'Siempre será honra de aquellos criollos la
pasión que, desde el abrir los ojos, mostraban por
el derecho y la sabiduría, y el instinto que, como
dote de la tierra, los llevó a quebrantar su propia
autoridad, antes que a perpetuarla’. En aquel caso se
trataba de una especie de instinto telúrico de justicia:
'“dote de la tierra’. En Con todos y para el bien
de todos precisa, con precisión de físico social,
que en nuestra patria hay ?una enérgica suma de aquella
libertad original que cría el hombre en sí’
”.
¿Señaló Martí de dónde
procedía esa libertad?
Son varias fuentes. Procede, uno, 'del jugo de la tierra’;
dos, 'de las penas que ve’ y comparte; tres, 'de su
idea propia’; y cuatro, 'de su naturaleza altiva’.
Es así como Martí ve, como él quiere
que sea el cubano, el latinoamericano, y el hombre en general.
En este juicio, el factor 'tierra, naturaleza’, es predominante
como inspiración autóctona de esa 'libertad
original’. Ya el Padre
Varela en El Habanero, refiriéndose al innato deseo
de independencia de los americanos, había preguntado:
'¿Y a qué hombre no le inspira la naturaleza
este sentimiento? ’ “.
Abrazo y rechazo
Algo dijo Martí, a propósito de esto,
sobre Heredia.
Según Martí confiesa, Heredia
acaso despertó en el alma del Apóstol, como
en la de los cubanos todos, 'la pasión inextinguible
por la libertad’, pasión que en Heredia estaba
ostensiblemente vinculada a la naturaleza patria, a nuestros
campos —decía él en un verso inolvidable—
'vestidos de genial belleza’. De todo lo cual resulta
una concepción de la libertad como dote autóctona,
como instinto telúrico —de una teluricidad vuelta
paisaje, más bien aérea–, de raíz
esencialmente poética, no filosófica, pues la
filosofía vio casi siempre a la naturaleza como el
polo opuesto de la libertad, como el cerrado reino del determinismo.
Solo cuando la poesía entró en la filosofía,
es decir, en el pensamiento romántico, la naturaleza
empezó a identificarse con la libertad.
Con estos modos reúne Martí a la naturaleza
y a la libertad.
Así la ve Martí, que exalta la encarnación
en el cubano de la inspiración estética, ética
y libertaria, de la hermosura y altivez de su naturaleza,
superando así, también, la dicotomía
naturaleza-espíritu, que en su concepción se
integran. Por eso en Nuestra América habla de 'la justicia
de la naturaleza’ y cuando exclama aquí (en Con
todos y para el bien de todos), '¡y hemos de poner la
justicia tan alta como las palmas! ’, no es mera expresión
retórica, sino imagen orgánica.
¿Cuáles son los grupos que Martí
objetó y reprochó mientras anunciaba la buena
nueva de la República?
Llama la atención que en un discurso destinado a anunciar
la buena nueva del decoro a 'todos’ los cubanos, de
una República’ con todos, y para el bien de todos,
Martí objete y reproche enérgicamente nada menos
que a siete grupos de compatriotas, de los cuales y a los
cuales dice que 'mienten’. Estos grupos, indudablemente
significativos en cuanto merecían tanto espacio en
el discurso, eran: uno, los escépticos; dos, los que
temían “a los hábitos de autoridad contraídos
en la guerra’, él había vivido esa realidad
en México, en Guatemala, en Venezuela; tres, los que
temían 'a las tribulaciones de la guerra’ (alusión
al libro de Ramón Roa A pie y descalzo,
que es lo que va a provocar la carta de Enrique Collazo);
cuatro, los que temían al llamado 'peligro negro’;
cinco, los que temían al español como ciudadano
en Cuba; seis, los que, por temor al Norte y desconfianza
de sí, se inclinaban hacia el anexionismo; y siete,
los 'lindoros’ (aristócratas), los 'olimpos’
(oportunistas) y los 'alzacolas’ (intrigantes).
¿Tienen algo en común estos siete grupos?
Sí: la desconfianza en la capacidad del cubano 'para
vivir por sí en la tierra creada por su valor’,
que era precisamente el eje de la tendencia anexionista. Y
es este el grupo que, con el de los escépticos de diversa
condición, puede decirse que, de un modo u otro, sigue
hoy en pie frente al empeño revolucionario. El 'todos’
de Martí, por lo tanto, no es meramente cuantitativo,
parte de un abrazo de amor pero también de un rechazo
crítico, rechazo que no es inapelable pero que solo
puede convertirse en abrazo si los que se engañan,
yerran o 'mienten’, aceptan la tesis central del discurso,
que es la viabilidad histórica de una Cuba independiente
y justa.
En el sudor de la creación
Por eso desde el principio declara: “Yo abrazo
a todos los que saben amar”.
El abrazo no es a los que no saben amar, aunque también
a estos, a la larga, beneficie, y en este sentido puede hablarse,
como se habla del horizonte, de la 'fórmula del amor
triunfante’. Pero en lo inmediato de la lucha por la
independencia, que no ha terminado todavía ciertamente,
queda en pie que hay grupos que yerran o 'mienten’,
que no forman parte del 'todos’ martiano en cuanto realmente
no quieren 'el bien de todos’, expresión en la
que, no obstante el equilibrio de las clases sociales a que
aspiraba Martí, el mayor énfasis va sin duda
hacia los más desamparados.
Los más desamparados, “los pobres de
la tierra’.
A estos les advierte, huyendo del halago demagógico:
'No censure el celoso el bienestar que envidia en secreto’.
Mas para el afortunado o el poderoso no es solo la escrupulosa
advertencia, sino la conmovida e indignada admonición:
'¡No desconozca el pudiente el poema conmovedor, y el
sacrificio cruento, del que se tiene que cavar el pan que
come; de su sufrida compañera, coronada de corona que
el injusto no ve; de los hijos que no tienen lo que tienen
los hijos de los otros por el mundo! ¡Valiera más
que no se desplegara esa bandera de su mástil, si no
hubiera de amparar por igual a todas las cabezas! ’
“
Son las cabezas de los más desvalidos.
“'Todas las cabezas’ que necesitan 'amparo’
son principalmente las de los más desvalidos, que a
su vez constituían, como le dirá a Manuel
Mercado en su última carta, importantísima,
porque hay un giro en su pensamiento, 'la masa mestiza, hábil
y conmovedora, del país, la masa inteligente y creadora
de blancos y de negros’, no ciertamente 'la especie
curial’ [es decir, cortesana] contenta solo de que haya
un amo, yanqui o español, que les mantenga, o les cree,
en premio de oficio de celestinos, la posición de prohombres,
desdeñosos de la masa pujante.
A fin de cuentas, ¿qué discurso es este?
“ 'Con todos, y para el bien de todos’, pues,
no por ser un discurso de amor deja de ser un discurso combativo.
Para nuestro combate de hoy nos dice dos cosas fundamentales.
La primera es que no podemos admitir 'la perpetuación
del alma colonial en nuestra vida, con novedades de uniforme
yanqui, sino la esencia y realidad de un país republicano
nuestro’ “.
¿Y la segunda?
Que esa 'esencia y realidad’ nos obligan a darle un
sentido original a la libertad que internamente debemos hacer
coincidir con la justicia 'para el bien de todos’. Y
siempre sin olvidar que 'es necesario contar con lo que no
se puede suprimir’. Aquí está presente,
como siempre, el tremendo realismo de Martí: que 'los
pueblos, en el sudor de la creación, no dan siempre
olor de clavellina’, que 'todo tiene la entraña
fea y sangrienta’ y que 'eso mismo que hemos de combatir,
eso mismo nos es necesario’ “.
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