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Jornada internacional por la liberación de los Cinco
Minisitio sobre la Jornada Internacional por la liberación de los cinco héroes cubanos presos en Estados Unidos por su labor antiterrorista.


De mi Cuba te cuento


Fontán le llamaban sus compañeros de lucha


Por Letty Fernández Chirino

En la ciudad de Santa Clara, un 24 de septiembre de 1932, nació Gerardo Abreu Fontán. Fruto de un hogar pobre, desde pequeño tuvo que hacer frente a las necesidades del hogar, convirtiéndose en el único sostén de su familia. Se trasladó a La Habana con su familia, en busca de mejores oportunidades de empleo.

Gerardo sintió aún más en carne propia, al ser pobre y negro, la explotación, injusticia y violencia que acontecía en la sociedad cubana por aquellos años, todo ello fue forjando su rebeldía que lo condujo a identificarse rápidamente con la Juventud Ortodoxa, donde figuraba Fidel Castro y Antonio López Fernández, “Ñico”, quien años más tarde sería su gran amigo.

Fue Ñico quien lo vinculó al Movimiento 26 de Julio (M-26-7) que había quedado constituido de manera oficial luego de la liberación de los participantes en el asalto a los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba, y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, dirigidos por Fidel. Sus primeras responsabilidades en el movimiento estuvieron relacionadas con la labor de propaganda.

Por su disciplina supo asumir con responsabilidad todas las tareas que se le asignaran en el movimiento, como llenar las calles con consignas revolucionarias por orientación de Ñico López de convertir la ciudad en un mural de denuncia contra la tiranía.

Fontán se caracterizaba por su honradez, inteligencia natural y valentía, que le permitió salir airoso de situaciones muy difíciles. Profundamente humano, se preocupaba por que en las acciones insurrecciónales no cayeran víctimas inocentes. Afirmaba que no quería morir, pero añadía que si exponía su vida era precisamente por vivir.

Al partir Ñico López hacia México para incorporarse en la expedición del Granma, Fontán asumió la dirección de las Brigadas Juveniles del 26 de Julio en La Habana. Tenía el temple de un verdadero líder y la agudeza de un conspirador experimentado, rasgos que le favorecieron cuando tuvo que situarse frente a los revolucionarios más comprometidos del movimiento.

Gerardo Abreu Fontán desarrolló una actividad tan intensa que atrajo sobre sí la atención de la tiranía, que vio en el un gran revolucionario y como tal una amenaza. Fue arrestado varias veces, la primera en 1956, en la imprenta Curita. En la segunda ocasión fue el Buró de Investigaciones quien lo detuvo, y quedó fichado.

Una de las acciones con mayor repercusión organizadas por el joven combatiente revolucionario, fue poner más de 100 bombas en la ciudad en una noche.

El 6 de febrero de 1958, con tan solo 26 años, fue detenido nuevamente y sometido a las más brutales torturas; Fontán mantuvo por encima de todo su lealtad a la Patria y a la Revolución: no dijo una palabra.

Después de ser asesinado, su cuerpo fue lanzado a un costado del Palacio de Justicia (actualmente sede del Consejo de Estado y del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, en la capital).

Su muerte le llegó en plena juventud, lleno de perspectivas, sueños y coraje, y con el deseo de hacer triunfar aquella revolución a la que siempre estuvo dedicado.

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