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La falsa enfermedad del joven abogado de la causa 37

El temor a la verdad que Fidel denunciaba en el juicio a los asaltantes al Moncada provocó un falso certificado médico, que Melba desmintió leyendo la carta enviada por el líder al Tribunal de Urgencia que los juzgaba por los hechos del 26 de Julio de 1953 en Santiago de Cuba y en Bayamo.

Por Nancy Pérez Medina

Fidel Castro en el presidio.
En su carta Fidel declaró: “Un principio justo desde lo hondo de una cueva puede más que un ejército”.
(Tomada de www.prensa-latina.cu)

El dilatado juicio a los asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes de Santiago de Cuba y de Bayamo, respectivamente, comenzó el 21 de septiembre de 1953, con Fidel Castro como acusado y acusador. Ante la denuncia irrefutable del joven abogado a los desmanes del gobierno, del ejército y de la justicia, el Tribunal de Urgencia que los juzgaba, mediante la Causa 37, decidió utilizar el ardid de “inventar” que estaba incapacitado para estar presente en el juicio.

Fue entonces cuando el futuro líder de la Revolución Cubana entregó a Melba Hernández, una de las dos mujeres asaltantes, una carta para que desmintiera su supuesta enfermedad, la cual fue hecha pública por la valerosa combatiente durante la tercera sesión del juicio, el 26 de septiembre de 1953.

Como jurista, Fidel, quien encabezaba el movimiento que hoy se conoce como Generación del Centenario, durante las dos primeras sesiones rebatió las mentiras contenidas en los informes oficiales y declaró a José Martí como autor intelectual del asalto al Moncada; mediante las preguntas que formuló, los revolucionarios hicieron declaraciones sobre los crímenes horrendos perpetrados por los militares tras los combates. Dio así un golpe extraordinario a la dictadura de Batista.

En su libro “El juicio del Moncada, un testimonio excepcional”, la periodista Marta Rojas nos dice que, para evitar el emplazamiento, el gobierno ordenó al tribunal por medio del Estado Mayor del Ejército en Santiago de Cuba que el doctor Fidel Castro fuera retirado de ese juicio inmediatamente, con la orden de asesinarlo incluso, si fuera necesario, aplicándole la “ ley de fuga”. Como no pudo realizarse ese crimen, se determinó que un médico certificara que el acusado estaba enfermo y no podía concurrir a las sesiones siguientes del juicio.

Entonces el doctor Juan Martorell García, encargado del diagnóstico, aprovechó un momento oportuno para preguntarle al propio Fidel qué debía hacer, a lo que le respondió que actuara “según su propia conciencia”. Señala Marta Rojas que el médico, seguro de que si lo trasladaban a la audiencia Fidel sería asesinado en el camino, firmó el certificado de incompatibilidad para que el “enfermo” asistiera al juicio, que continuó para los demás acusados, incluyendo a Raúl Castro Ruz.

Fue cuando, en calidad de abogado, el jefe de los moncadistas 1 nombró a la también abogada Melba Hernández para que llevara una carta en la que negaba estar enfermo y solicitaba que médicos forenses lo examinaran. Escondido en el pelo llevó Melba el documento de Fidel, que además imponía condiciones para la celebración del juicio y concluía: “Un principio justo desde lo hondo de una cueva puede más que un ejército”.

La Causa 37 concluyó en los primeros días de octubre y tuvo dos espacios más: una clínica privada donde fue juzgado un herido, y la sala de estudios de las enfermeras en el Hospital Civil Saturnino Lora, escenario trascendental porque en él fue juzgado nuevamente Fidel y es cuando pronuncia se histórico alegato de autodefensa: “La Historia de Absolverá”, el 16 de octubre de 1953, en el cual denuncia a la tiranía y da a conocer su programa revolucionario.

El juicio del Moncada demostró que el movimiento revolucionario encabezado por Fidel no solo pretendía la acción a la segunda fortaleza militar del país para un gobierno corrupto, sino que respondía a un programa político que debía remover las deterioradas estructuras de la nación.

El 29 de julio de 1966, en el contexto de una semana en homenaje al 26 de Julio, el escritor cubano Alejo Carpentier expresó: “Ocurre a menudo, que los textos políticos envejezcan pronto, al ser rebasados por contingencias nuevas que hacen olvidar, con frecuencia, las circunstancias históricas en que, en un momento dejado atrás por el correr del tiempo, se pronunciaron determinadas palabras. Lo sorprendente con el texto de ?La Historia me absolverá’ es su vigencia, su actualidad, el interés de su estudio presente. Todo lo que anunciaba, se ha realizado; todo lo que presentía se ha cumplido; todo lo profetizado, con firme visión política del futuro, se nos hizo tangible. ….”


1 Participantes en los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes.

 

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