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El inicio de los
100 años de lucha

En el ingenio La Demajagua, Carlos
Manuel de Céspedes liberó a sus esclavos
y lanzó su grito de independencia.
(Tomada de www.venceremos.co.cu) |
La Guerra de los Diez Años,
o como se le conoce también, Guerra Grande (1868-1878),
constituye uno de los hechos más relevantes y de mayor
trascendencia en la historia de Cuba que dio inicio a una
revolución que se prolongaría por casi cien
años de lucha por la total independencia.
Esta guerra tuvo un carácter anticolonialista, antiesclavista
y de liberación nacional. Además desde el punto
de vista cultural ayudó a que el sentimiento de nación
se afianzara.
Antecedentes
Durante la primera mitad del siglo XIX la clase esclavista
de los terratenientes cubanos, trató de resolver sus
problemas económicos, políticos y sociales a
través de diferentes vías: unas veces fue anexionista
y otras muchas reformista; además se produjeron manifestaciones
independentistas, cuyo máximo exponente fue Félix
Varela.
Hacia 1868 la agudización de las contradicciones existentes
en el país hace que el sector más revolucionario
de los terratenientes cubanos se plantee la búsqueda
de una salida por la vía independentista.
El país se encontraba ante una posible crisis sin solución
bajo la dominación española. Por un lado, la
existencia de la esclavitud en la industria azucarera se había
convertido en un freno; además, la crisis económica
mundial de 1857 y posteriormente la de 1866, habían
dejado de sentir con fuerza sus efectos en la economía
del país al provocar la caída de los precios
del azúcar. También afectó a la economía
la supresión casi total de los créditos, en
momentos en que se exigía un intenso proceso inversionista
para modernizar técnicamente la producción azucarera.
Sin embargo, España no hacía caso de estas necesidades
económicas de la Isla. Sacudida también por
los efectos de la crisis económica, trató de
resolver sus dificultades a costa de sus colonias.
En aquella época, el gobierno español se encontraba
enfrascado en algunas aventuras bélicas con el objetivo
de reconquistar territorios latinoamericanos y el costo de
ellas recaía, en gran medida, sobre Cuba.
La utilización del presupuesto cubano en asuntos de
interés para la corona española, pero completamente
ajenos a las necesidades de los criollos, era otro de los
males emanados de la dominación española.
Las circunstancias de explotación económica
en que España mantenía sumida a la Isla evidencian
un agravamiento superior al habitual, que se hacía
particularmente crítico en la zona oriental y central
del país.
Las diferencias entre la situación económica
de las regiones de Cuba desempeñaron un papel determinante
en la lucha independentista. Las zonas Oriental y del Centro,
con menos ingenios y un reducido número de esclavos,
atravesaban por una situación crítica de endeudamiento
y ruina de la mayoría de sus terratenientes, que se
convirtieron rápidamente en partidarios decididos de
lucha contra España; no obstante, esta no era una situación
uniforme para todo el territorio, en regiones como Guantánamo
con gran concentración de ingenios y esclavos, del
mismo modo que los ricos terratenientes occidentales asumieron
una postura reaccionaria por temor a que la guerra les hiciera
perder sus riquezas.
Otros sectores sociales como los profesionales, pequeños
propietarios y trabajadores libres: artesanos y campesinos,
eran más afectados por las condiciones de explotación
colonial y discriminados por ser pobres, criollos y además,
por el color de su piel.
La masa esclava, que hacia 1868 constituía la tercera
parte de la población, soportaba el mayor rigor y carecía
de todos los derechos.
La colonia era mantenida como una mera fuente de de ingresos
fiscales y los cubanos estaban desprovistos de todo tipo de
derechos políticos. La contradicción entre la
colonia y la metrópoli se hacía cada vez más
aguda, colocándose en un primer plano.
El sistema colonial español se había convertido
en una insalvable traba para el desenvolvimiento de Cuba,
pero todavía los cubanos albergaban la esperanza de
que, ante esta realidad, España concediera algunas
reformas, y así le fueron solicitadas ante la Junta
de Información, en 1867.
La negativa de la Junta de Información de hacer reformas
evidenciaba la miopía de España que no se percataba
de la imposibilidad de mantener su dominación como
hasta ahora, y al mismo tiempo, hacía imposible que
los cubanos vieran otra salida a los problemas de la colonia
que no fuera la lucha abierta por la independencia.
El Manifiesto proclamado por Carlos
Manuel de Céspedes el 10 de octubre de 1868, permitió
comprobar cómo los cubanos de esa época valoraban
la situación y porqué se lanzaron a la lucha.
“Cuando un pueblo llega al extremo de degradación
y miseria en que nosotros nos vemos, nadie puede reprobarle
que eche mano a las armas para salir de un estado tan lleno
de oprobio (…).
Céspedes y los hombres que lo secundaron declararon
su inquebrantable decisión de transformar la situación
existente a través de las armas, como única
vía de alcanzar las libertades económicas, políticas
y sociales a que tenían derecho como pueblo que comenzaba
a forjarse como nación. La grave situación que
vivía la Cuba, condujo a la decisión de luchar
contra la dominación española, y ambos factores
anunciaron el surgimiento de una situación revolucionaria.
El sector más radical y revolucionario de los terratenientes
cubanos había comprendido que para luchar exitosamente
contra España por la independencia de Cuba debía
antes darle la libertad a los esclavos y estaba dispuesto
a hacerlo.
Al estallar la guerra arrastró tras si a campesinos,
artesanos y esclavos, y despertó el patriotismo fervoroso
de estudiantes, profesionales e intelectuales y del pueblo
cubano en general, cuyo sentimiento nacional se hizo realidad
concreta e irreversible en el propio fragor de la lucha contra
el dominio de España.
Inicia la Guerra
El movimiento estalló el 10 de octubre de 1868, al
levantarse en armas el abogado bayamés Carlos Manuel
de Céspedes, uno de los principales conspiradores,
quien en su ingenio La Demajagua proclamó la independencia
y dio la libertad a sus esclavos a través de un manifiesto
histórico, en el cual quedaron reflejadas la decisión,
firmeza e ideas del ala más radical de los orientales,
que optaron por el único camino posible para lograr
sus aspiraciones, derrotar la metrópoli mediante la
lucha armada. Ese día se pronunció el grito
de ¡Viva Cuba Libre!, se enarboló la bandera
y se juró fidelidad a la misma.
Esta acción contó con la participación
de 36 patriotas, entre los que figuraron Manuel Calvar, Bartolomé
Masó, Ángel Maestre, Juan Fernández Ruz,
Emiliano García Pavón, Miguel García
Pavón, Juan Hall, Luis Marcano, Manuel Codina, Jaime
Santiesteban, Francisco Marcano, Félix Marcano, Agustín
Valerino, José Pérez, Rafael Caymari, Francisco
Javier de Céspedes, Enrique Céspedes y otros.
Esta insurrección fue el motor impulsor que transmitió
la suficiente energía a los posteriores levantamientos
de Oriente, Camagüey y Las
Villas, que trataron de dar carácter nacional a la
lucha armada. El alzamiento de la Demajagua posibilitó,
por primera vez, que blancos y negros compartieran ideales
y sacrificios, que cientos y miles de esclavos fueran liberados
por sus propios amos o por los patriotas insurrectos, que
gente de pueblo compartiera honores y responsabilidades en
un plano de igualdad con los hombres de la clase rica.
El movimiento se conoce como Grito de Yara, debido a que así
fue dado a conocer por las autoridades españolas, después
de que el 11 de octubre lograron dispersar las bisoñas
tropas insurrectas, que habían atacado el pequeño
poblado de Yara.
Mientras los españoles de las ciudades, agrupados en
los cuerpos de voluntarios, sembraban el terror entre las
familias cubanas convirtiéndose en un influyente factor
de las decisiones políticas, el ejército colonial
avanzaba sobre Bayamo -la capital insurrecta-, que los cubanos
tendrían que abandonar, no sin antes reducirla a cenizas
como expresión de su inclaudicable voluntad revolucionaria.
En tan difíciles condiciones, el movimiento independentista
logró unificarse, aprobando en Guáimaro
la constitución que daba lugar a la República
de Cuba en Armas.
El ejército libertador cubano, tras meses de duro aprendizaje
militar, alcanzó una capacidad ofensiva que se pondría
de manifiesto en la invasión de la rica región
de Guantánamo por el general
Máximo Gómez y las brillantes acciones libradas en las
sabanas camagüeyanas por la caballería al mando
de Ignacio Agramonte. Pero
este avance militar se vio lastrado por las diferencias políticas
en el campo revolucionario, las cuales condujeron a la deposición
de Céspedes de su cargo de Presidente de la República
(1873) e impidieron el tan necesario apoyo en armas y medios
de los patriotas emigrados.
Una influencia igualmente negativa ejerció la política
de hostilidad hacia los revolucionarios cubanos adoptada por
el gobierno de Estados Unidos que, frente a la gesta independentista,
prefirió atenerse a su vieja política confiado
en que el destino de Cuba gravitaría indefectiblemente
hacia el dominio norteamericano.
El empuje militar cubano alcanzó su cenit entre 1874
y 1875, primero con la campaña de Máximo Gómez
en Camagüey, jalonada por los victoriosos combates de
La Sacra y Palo Seco y la Batalla de Las Guásimas -donde
el ejército cubano derrotó una fuerza española
de más de 4 000 hombres- y la posterior Invasión
a Las Villas por las tropas mambisas al mando del genial general
dominicano. Pero el trascendental avance estratégico
resultó desvirtuado nuevamente por las disensiones
intestinas que, al entorpecer la llegada de vitales refuerzos,
posibilitaron que la invasión se empantanase sin conseguir
su objetivo de llevar la guerra al rico territorio occidental
de la Isla.
El debilitamiento del esfuerzo independentista coincidió
con la recuperación de la capacidad político-militar
española, cuando la restauración monárquica
de 1876 puso fin a las violentas conmociones que habían
caracterizado la vida de la península tras la "revolución
gloriosa" (1868) y con la posterior proclamación
de la república.
Como resultado de los sucesivos desastres, el 8 de febrero
de 1878 los organismos constitucionales del Gobierno de Cuba
fueron disueltos y las negociaciones para la paz fueron comenzadas
en Zanjón, Puerto Príncipe. El 10 de febrero
de 1878, los términos de paz fueron aceptados por los
gobiernos de Cuba y España y la [Guerra de los Diez
Años llegó a su fin. Pero un grupo de decididos
patriotas, encabezados por Antonio
Maceo, no aceptó tan oneroso pacto, y el aguerrido
Lugarteniente General protagonizó entonces la famosa
Protesta de Baraguá, una
de las más gloriosas páginas de la historia
de Cuba. Terminó diez años más tarde
con la Paz de Zanjón o Pacto
del Zanjón. Este acuerdo no garantizaba ninguno de los
dos objetivos fundamentales de dicha guerra: la independencia
de Cuba, y la abolición de la esclavitud.
Después de esta fallida pero muy importante guerra,
hubo otros conflictos menores como la llamada Guerra
Chiquita, que tampoco tuvieron éxito. Finalmente,
el 24 de febrero del 1895, con el Grito de Baire, comenzó
la Guerra del 95, que concluyó con la entrada de los
Estados Unidos de América en la guerra en 1898. A ésta
última parte de la guerra se le conoce como la Guerra
Hispano-Estadounidense.
Durante el curso de la Guerra de los Diez Años muchas
atrocidades fueron cometidas por el gobierno español
y por los simpatizadores de España. Entre los incidentes
repugnantes perpetrados durante la contienda figuran:
El fusilamiento el 27 de noviembre de 1871 de ocho
estudiantes de Medicina por supuestamente haber rayado
la tumba de un periodista español.
La captura en aguas internacionales el 31 de octubre de 1873
y la ejecución en serie, empezando el 4 de noviembre,
de 53 personas, incluyendo el capitán, la mayor parte
de la tripulación y casi todos los insurgentes cubanos,
a bordo del vapor Virginius.
La Guerra de los Diez Años no tuvo un final feliz,
influyó en ello un incontrolable caudillismo y regionalismo
desatado entre los cubanos que hicieron fracasar la unidad
y por ende, la independencia
Causas
Políticas
• España no permitía a los cubanos ocupar
cargos públicos y negaba a los cubanos el derecho de
reunión como no fuera bajo la supervisión de
un jefe militar.
• Era ilegal formar partidos políticos.
• Fracaso de la junta de información de 1887
y con esto la agudización de las contradicciones colonia-metrópoli
unida a la maduración de un pensamiento independentista
con figuras como Félix Varela, José Antonio
Saco y otros.
Económicas
• Existía la esclavitud, que además de
ser cruel era un freno para el desarrollo económico
de la isla, pues el desarrollo de la tecnología hacia
imprescindible el uso de obreros calificados.
• Cuba estaba siendo afectada por las crisis económicas
de los años 1857 y 1866.
• Las regiones occidentales y oriental tenían
diferente situación económica. La región
occidental era más desarrollada, tenía más
esclavos, mayor producción y más facilidades
de comercio que la zona oriental. Esto hacía que muchos
hacendados orientales se arruinaran.
• España imponía altos impuestos y tributos
a su antojo, sostenía un rígido control comercial
que afectaba enormemente la economía nacional y utilizaba
los fondos extraídos de la isla para asuntos completamente
ajenos al interés de los criollos como financiar guerras
en el continente (más de la tercera parte del presupuesto
nacional).
• La comprensión de la necesidad de introducir
el trabajo asalariado como única vía para hacer
avanzar la industria azucarera, y esto nunca se lograría
bajo el dominio español.
Sociales
• Marcada división de clases.
• La existencia de prejuicios raciales.
• No existía la libertad de prensa.
Cronología
• 10 de octubre de 1868. Levantamiento de La Demajagua
y el Manifiesto del 10 de Octubre.
• 11 de octubre de 1868. Ataque a Yara
• 20 de octubre de 186., Ataque y toma de Bayamo, Letra
del Himno Nacional en Bayamo
• 4 de noviembre de 1868. Primera
carga al machete en Pinos de Baire
• 4 de noviembre de 1868. Levantamiento de Las Clavellinas
• 26 de noviembre de 1868. Reunión de Las Minas
• Enero de 1869. Acciones de los voluntarios en La Habana
• 11 de enero de 1869. Incendio
de Bayamo
• 10 de abril de 1869. Asamblea de Guáimaro
• 15 de enero de 1871. Deportación de Martí
hacia España
• Julio de 1871, Inicio de la Invasión a Guantánamo
• 4 de agosto de 1871. Combate del Cafetal La Indiana
• 8 de octubre de 1871. Rescate
de Sanguily
• 1871. Se publica la obra “El Presidio Político”
en Cuba de José Martí
• 27 de noviembre de 1871. Fusilamiento de los Estudiantes
de Medicina
• 1873. Se publica “La República Española
ante la Revolución Cubana” de José Martí
• 11 de mayo de 1873. Muerte de Ignacio Agramonte en
Jimaguayú
• 27 de octubre de 1873. Destitución de Carlos
Manuel de Céspedes en Bijagual
• 9 de noviembre de 1873. Combate de La Sacra
• 2 de diciembre de 1873. Combate de Palo Seco
• 10 de noviembre de 1874. Combate del Naranjo
• 27 de febrero de 1874. Muerte de Céspedes en
San Lorenzo
• 15 al 19 de marzo de 1874. Batalla de Las Guásimas
• 6 de mayo de 1875. Cruce de la Trocha
• 17 de abril de 1875. Sedición de Lagunas de
Varona
• 4 de agosto de 1876. Muerte de Henry
Reeve en Yaguaramas
• 10 de mayo de 1876. Gómez se retira del territorio
• 11 de mayo de 1877. Sedición de Santa Rita
• 5 de julio de 1877. Carta de Maceo a Vicente García
• 4 de febrero de 1878. Combate de Juan Mulato
• 7 de septiembre de 1878. Combate de San Ulpiano
• 10 de febrero de 1878. Firma del Pacto del Zanjón
• 15 de marzo de 1878. Protesta de Baraguá
(Tomado de http://www.ecured.cu)
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