| Seguridad
alimentaria y medio ambiente
Por: Gabriel Torres Rodríguez y Lianet
Fundora Armas (estudiantes de Periodismo)
Especial de la AIN para Somos Jóvenes
Fotos: Marisol Ruiz
Trabajar, y hacerlo duro. Esa es la máxima de estos
tiempos. Mirar a lo profundo del asunto deviene observación
crítica de aspectos que afectan el desarrollo de diversos
sectores de la economía nacional
Se deben atravesar diferentes vías para desembocar
en buen final: el desarrollo del país en correspondencia
con los intereses de la sociedad. El sector agropecuario se
convierte hoy en eslabón imprescindible en esa cadena.
La provincia de Matanzas
cuenta con 61% de sus suelos caracterizados como productivos
y muy productivos, con alta disponibilidad de agua de buena
calidad. Sin embargo, ¿se explotan al máximo
estas ventajas? ¿La ciencia y la técnica juegan
un papel decisivo en la base productiva? ¿Están
sus profesionales preparados para enfrentar las tecnologías
modernas de desarrollo y producción?
José Miguel Rodríguez de Armas, delegado de
la Agricultura en la provincia, en conferencia ofrecida en
la Universidad Camilo Cienfuegos (UMCC), de Matanzas, explicó
sobre la necesidad de que los jóvenes estudiantes tomen
cartas en el asunto.
Forjarse como buenos profesionales, principalmente en las
carreras técnicas
—Agronomía, Veterinaria, Ingeniería Mecánica—,
debe suponer avalancha de ideas que devengan necesario perfeccionamiento
del sector, asegura De Armas.
Si acudimos a los números, estos reflejan situación
crítica en la cantidad de profesionales que se desenvuelven
en esta esfera. Solo mil 915 laboran en la agricultura, lo
cual representa cuatro por ciento del total de vinculados
al trabajo “en el campo”, y existen cinco mil
223 técnicos de nivel medio –11%– insuficientes
para operar exitosamente las nuevas tecnologías e inmiscuirse
en los retos modernos de la productividad agraria.
El avance de la ciencia y la técnica es indetenible
Los nuevos descubrimientos en el ámbito agropecuario
repercuten en la Isla, pero falta personal capacitado para
enfrentarlos y entenderlos. Si no se ponen en práctica,
corremos el riesgo, al aferrarnos a los viejos métodos,
de quedarnos atrás.
Datos ofrecidos por Rodríguez de Armas revelan que
el territorio yumurino se benefició con máquinas
fumigadoras, sembradoras de papa, casas de tapado y semitapado,
entre otras… Resulta entonces irónico que se
malogre la producción por falta de operarios o por
subutilización de los equipos.
La provincia cuenta, además, con poco más de
una docena de laboratorios que garantizan la óptima
calidad de los productos y necesitan nutrirse de la vitalidad
y la voluntad creadoras de nuevos científicos surgidos
de las universidades.
Los cogió la rueda...
Desde el curso 2008-2009 se adoptó por Resolución
del Ministerio
de Educación Superior (MES), la participación de
los universitarios en las labores agrícolas en campamentos
de la FEU y del Ministerio de la Agricultura (MINAGRI).
En la UMCC resulta gracioso escuchar: “Te cogió
la rueda” en referencia a que al estudiante aludido
le llegó la ocasión de sumarse a la actividad
productiva. Así se denomina el campamento (La Rueda)
ubicado en el municipio de Jovellanos —unos 140 kilómetros
al este de La Habana—, donde los futuros profesionales
matanceros desempeñaron tareas como recogida de papas,
siembra de boniatos la durísima chapea de marabú.
En reciente encuesta realizada a más de 100 jóvenes
de la universidad yumurina, muchos manifestaron su inconformidad
con el trabajo en el campo. Mientras que otros concuerdan
con el criterio de que su presencia resulta imprescindible
para lograr buenos resultados.
“Se necesitan mucho amor y voluntad”, opina Guillermo
González, estudiante de Cultura Física.
Carlos Reloba, quien cursa la carrera de Estudios
Socioculturales, afirma:
“Es la oportunidad de sentirnos útiles, de acercarnos
a un mundo muchas veces
desconocido para la mayoría de nosotros, sabemos que
estamos dando nuestro granito de arena y eso es estimulante”.
El delegado del MINAGRI dijo que este campamento fue seleccionado
bajo la premisa de su baja productividad, y los jóvenes
vendrían a ser un refuerzo útil para esa entidad.
Es verdad que las condiciones materiales influyen en el desarrollo
de la tarea, y que hay jóvenes que nunca se han enfrentado
a ese tipo de trabajo, lo cual no es motivo de justificación
para presentar dolencias inexistentes
o malestares fantasmas.
La realidad es que el trabajo no mata a nadie; te ayuda a
comprender de dónde sale lo que comemos, y contribuye
a valorar el esfuerzo de quienes han dedicado su vida a esta
faena.
Caminando hacia el futuro
El curso escolar 2009-2010 constituyó escenario para
enfrentar disímiles desafíos,
esta vez con tareas encaminadas a sumar nuevas fuerzas a la
labor que, sin dudas, compromete a todos.
Entre los planes que pretende implementar el MINAGRI se encuentran
fomentar el
intercambio entre los especialistas y los futuros graduados,
proyecto que ya muestra sus frutos. Se incluye, además,
la apertura de nuevas aulas en los Institutos Preuniversitarios
Agrícolas (IPA).
Pero los esfuerzos y mayores perspectivas giran en torno
a las prácticas laborales,
destinadas a establecer contacto directo con áreas
especializadas donde se les otorgue más protagonismo
a los estudiantes, se les brinden las condiciones necesarias
para acceder a esos sitios y exista personal calificado capaz
de orientarlos en el cumplimiento de la misión asignada.
El proyecto conjunto entre la juventud universitaria matancera
y las empresas agropecuarias permitirá incrementar
el desarrollo agrícola sostenible, en busca del abastecimiento
y la competitividad en el mercado nacional y contribuirá
a sustituir importaciones, además de incrementar los
renglones exportables.
El propósito: garantizar la seguridad alimentaria
de la población en armonía con el
medio ambiente y los recursos laborales disponibles.
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