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Una segunda intervención ató más a Cuba
a los Estados Unidos
El 29 de septiembre de 1906 se produjo la Segunda
Intervención norteamericana en Cuba, tras el pedido
de Tomás Estrada Palma, quien desarrolló una
reelección fraudulenta y provocó focos insurreccionales
en la Isla.
Por Nancy
Pérez Medina

La llegada de Charles Magoon.
(Tomada de http://bdigital.bnjm.cu) |
Cuando el 20 de mayo de 1902 se izó
la bandera cubana en el Palacio de Gobierno, cesó la
primera intervención estadounidense a la Isla, no sin
antes dejar a Tomás Estrada Palma
como primer presidente de la república neocolonial,
cuyo entreguismo a Washington estaba sustentado jurídicamente
en el artículo 3 de la Enmienda
Platt: “Que el gobierno de Cuba consiente que los
Estados Unidos pueden ejercitar el derecho de intervenir…”.
Lejos de organizar y consolidar las instituciones,
y propiciar la reconstrucción económica, luego
de casi medio siglo de guerras, y siglos de dominación
colonial, este primer gobierno formalizó los vínculos
de dependencia, consolidando el control de nuestro mercado
y la monoproducción. Un nuevo partido (existían
el Liberal y el Conservador), el Moderado, surge como aparato
del gobierno de Estrada Palma para impulsar su reelección
en 1906, frente a la candidatura liberal de José Miguel
Gómez y Alfredo Zayas.
Una elección amañada lleva
a Don Tomás a una nueva posesión del cargo de
Presidente de la República, el 20 de mayo de 1906.
Se produce un hondo malestar en diversos sectores populares
y los liberales deciden rescatar sus derechos por medio de
las armas. Comenzó, el 17 de agosto, la llamada Guerrita
de Agosto, que se extendió rápidamente.
Se producen alzamientos en Las Villas, Pinar
del Río y La
Habana. El General Quintín
Bandera muere en manos de la Guardia Rural cuando lo sorprenden
en su campamento cercano a Arroyo Arenas.
Impotente para dominar la reacción, el mandatario solicita,
el 12 de septiembre de 1906, una nueva intervención
militar de los Estados Unidos en Cuba (la segunda). Tres días
después, el 15, una flota de ocho barcos de guerra
se acercó a la isla; el 17 los principales caudillos
amotinados se reunieron en Santiago de las Vegas para discutir
el cese de las hostilidades y envían al doctor Alfredo
Zayas a parlamentar con el gobierno (se entrevista con Méndez
Capote, vicepresidente de la República y jefe del Partido
Moderado).
A bordo del buque Des Moines, y acompañados
de una expedición de fuerzas navales y militares superiores
a las de la primera intervención, llegan a La Habana,
el 19 de septiembre, los “comisionados por la paz”.
En este barco se producen las entrevistas con los dirigentes
políticos de más alto rango. Como resultado,
el 29 de septiembre de 1906, el secretario de Guerra de los
Estados Unidos, William H. Taft, asume las funciones de gobernador
de Cuba para desarmar y dispersar a los insurgentes.
Taft entrega el gobierno de Cuba a Charles
Magoon, un abogado del servicio civil norteamericano, quien
desempeñó, como Gobernador Provisional, las
funciones de un antiguo Capitán General.
La Segunda Intervención Norteamericana
en Cuba definió los rasgos de corrupción en
el sistema gubernamental. No desocuparon la Isla hasta casi
dos años y cuatro meses después: el 28 de enero
de 1909, cuando tomó la presidencia José Miguel
Gómez, quien acentuó la podredumbre y los crímenes
políticos.
Bajo el gobierno interventor el ejército
permanece como salvaguardia de los intereses de los gobiernos
de turno y de Estados Unidos, y se mantuvieron los mecanismos
que aseguraban la dependencia económica cubana. Se
caracterizó, además, por las malversaciones
de los fondos públicos y la corrupción. Habiendo
recibido del gobierno anterior $13 625 539, Magoon dejó
a su sucesor sólo $2 800 000, de los cuales un millón
estaba en bonos de la deuda exterior.
Durante ese tiempo, Manuel
Sanguily recibió de los estudiantes de la Escuela
Normal de Kansas la solicitud de su opinión contra
la anexión. El patriota y diplomático respondió,
el 6 de marzo de 1907, explicando extensamente en una carta
sus puntos de vista, y asegurando que para el bien de Cuba,
y la honra y gloria de Estados Unidos, nuestro país
debía ser siempre independiente y soberano.
Las consecuencias más nefastas dejadas
por la Segunda Intervención estadounidense para la
República Neocolonial fueron que sentó las bases
de la corrupción desenfrenada, la violenta represión,
y la generalización del uso de la moneda estadounidense
para controlar la economía cubana. No faltaron los
intentos armados contra la misma, y algunos historiadores
reconocen como el único aspecto aceptable la elaboración
de una serie de leyes complementarias a la Constitución
de 1901, necesarias para el regreso a un gobierno dirigido
por los cubanos.
Esas leyes fueron elaboradas por una Comisión
Consultiva integrada por tres estadounidenses, uno de los
cuales la presidía, y por nueve cubanos. En esa Comisión
desempeñó un papel decisivo el combatiente independentista
Juan Gualberto Gómez, que
logró importantes victorias democráticas, como
el sufragio universal y la autonomía de los municipios,
frente a la tesis de sufragio limitado y de organización
centralizada que defendían los delegados foráneos
y algunos cubanos reaccionarios.
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