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¿Dónde habrá aterrizado Matías?
Por Matilde
Salas

¡Qué diferente hubiera
sido la historia si Matías Pérez hubiera
volado en uno de estos!
(Foto: Archivo) |
Muchas veces los trabajos periodísticos
se refieren a hechos recientes, que por su inmediatez cobran
importancia pero el de esta vez sucedió hace ya muchos
años, ciento cincuenta para ser más exactos.
El protagonista fue un portugués de apellido Pérez
y los hechos ocurrieron en la caribeña ciudad de La
Habana.
Esta historia tiene sus antecedentes a fines
del siglo dieciocho, cuando se conocieron en Cuba los primeros
globos aerostáticos. Años más tarde,
el 19 de marzo de 1828, se efectuó la primera excursión
aerostática en la Isla, como parte de los festejos
preparados para celebrar la apertura del Templete, que recuerda
la fundación de la otrora villa de San Cristóbal
de La Habana.
Viejas crónicas recogen que desde
la engalanada Plaza
de Armas, se elevó un aeronauta francés
a bordo de un globo, y después de ser visible durante
un rato fue a dar con los 15 mil pesos recaudados entre el
público a un potrero cerca del poblado de Managua,
en las afueras de La Habana, donde los habitantes de sus veinte
casuchas atestiguaron la novedad ocurrida.
Después de diversos intentos para
tomar el cielo por asalto, que realizaron con más o
menos suerte varios intrépidos viajeros, el 12 de junio
de 1856 se elevó el portugués Matías
Pérez, desde el Campo de
Marte. Ante la presencia de una muchedumbre que acudió
a despedirlo y vitorearlo.
Este Matías había constituido
su familia en la urbe habanera y se le conocía como
el “rey de los toldistas”, por su gran facilidad
para la preparación de estos artefactos, de ahí
que tuviera un negocio de ese giro en la localidad.
Las habilidades demostradas durante largo
tiempo le permitieron preparar un globo, con el que ascendió
por el territorio habanero, a modo de ensayo, y llegó
hasta el lugar conocido como Los Filtros del Husillo, en las
afueras d la ciudad.
Días más tarde, el 28 de junio,
Matías Pérez volvió a ascender hacia
las nubes a bordo del globo bautizado como “Villa de
París”, sin temor a que pudiera romperse su rudimentaria
nave, ni tampoco al brisote reinante, y tanto subió
y subió hasta que desapareció en el horizonte
a la vista de todos.
Ante el asombro y la angustia por el tiempo
transcurrido desde el comienzo del vuelo, se inició
una intensa búsqueda por tierra y por mar, con el objetivo
de encontrar al audaz aviador, o en el peor de los casos,
dar con sus restos, todo lo cual resultó totalmente
infructuoso.
Hasta nuestros días ha llegado, de
boca en boca, de generación en generación, la
leyenda del globo “Villa de París” y su
valiente conductor, cuyo nombre y su hazaña forman
parte de las tradiciones habaneras.
Cuando ahora se haba de quienes dejan de
estar cerca, o no se sabe de ellos por largo tiempo, entonces
se hace referencia a es hecho con una frase ilustrativa: ¡Voló
como Matías Pérez!
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