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Talento y discriminación marcaron su destino
Por Alicia
Centelles

Los convencionalismos sociales de
la época impidieron que se reconociera el talento
de Plácido.
(Tomada de www.cubagob.cu ) |
Si nos atenemos al tipo clásico académico
del poeta, Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido)
no lo es. Pero también es cierto que su talento innato
lo convirtió en uno de los más relevantes versificadores
cubanos de su época.
Hijo de una bailarina española
y de un mulato emancipado, fue víctima de la brutal
discriminación que sufría todo aquel con sangre
negra en sus venas durante la época colonial.
Hay quienes objetan que sus versos
no siempre fueron correctos, pero la dulzura de sus rimas,
la encantadora melancolía de sus ideas y la fluidez
de sus versos, de gran sabor popular, reflejan la naturaleza
y el sentimiento cubanos.
Con toda justicia Plácido ocupa un
lugar señalado entre los poetas de la Isla. Pobre,
sin elementos de educación, dedicado al oficio de su
padre (que era peinetero), solo adquirió la poca cultura
de la que pudo hacerse, y su poesía, espontánea
y sencilla, fue fruto de su talento natural.
Gabriel de la Concepción Valdés
nació en La Habana once años antes de que se
aboliera la trata de esclavos (1829) en Cuba. Mulato y huérfano
—había sido colocado en la Real Casa de Beneficencia
y Maternidad de La Habana—, recorrió casi todo
el país, fue encarcelado en Trinidad
y se estableció definitivamente en Matanzas,
donde se hizo extremadamente popular.
Envuelto, aunque nunca se supo con certeza,
en la llamada Conspiración de
la Escalera, subió al cadalso el 28 de junio de
1844, a los 35 años de edad.
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