| La
Conspiración de la Escalera: el precio de una traición
Por María del Carmen Barcia Zequeira
y Manuel Barcia Paz
En los años cuarenta del siglo XIX la represión
hacia los negros esclavos y también libres alcanzó
su punto culminante. Por esos años, los forzados constituían
en el occidente de la Isla el 43 % de la población
en tanto que las plantaciones, cada vez más extensas,
disponían de enormes dotaciones que tenían entre
doscientos y cuatrocientos esclavos cada una.(1)
Tampoco puede obviarse la notable presencia
de los negros libres, sobre todo en las ciudades. Éstos
constituían un sector que aspiraba a ascender socialmente,
presidido por una élite económica con cierto
grado de ilustración, considerada marcadamente peligrosa
y subversiva por el poder colonial. Desde 1810 negros y mestizos
habían mostrado su vocación sediciosa conspirando
contra el poder colonial.
Aunque la resistencia de los siervos había
tenido una presencia constante y diversa en la isla de Cuba,
sus manifestaciones más significativas habían
sido las frecuentes sublevaciones ocurridas en las plantaciones
azucareras y cafetaleras desde los años veinte del
siglo XIX. A partir de 1843 estas rebeliones comenzaron a
caracterizarse por su vastedad y organización. En ese
año se alzaron las dotaciones de los ingenios Alcancía,
La Luisa, La Trinidad, Las Nieves, La Aurora, el cafetal Moscú
y el potrero Ranchuelo; también se amotinaron los forzados
que construían el ferrocarril que iba de Cárdenas
a Bemba, y por último se sublevaron los esclavos de
los ingenios Triunvirato y Ácana. La oleada del movimiento
sedicioso se extendió por toda la llanura de Colón
cuando los esclavos invadieron los ingenios La Concepción,
San Miguel, San Lorenzo y San Rafael.
En el mes de enero de 1844 se "descubrió",
gracias a la delación de una esclava, que la revuelta
respondía a un complot de gran alcance que ha pasado
a la historia como Conspiración de la Escalera, porque
este objeto se utilizaba para sujetar a los negros que eran
torturados. El procedimiento era usual en la amplia gama de
castigos que se aplicaban a los siervos; éstos eran
atados por las muñecas y los tobillos a una escalera
de mano, de forma tal que no pudiesen eludir los azotes que,
con un látigo de cuero, les inflingía el mayoral.(2)
Como puede apreciarse, esa forma de castigo, que podía
revestir la forma pública o privada, no sólo
se utilizaba como escarmiento o corrección ante una
falta cometida, sino también como procedimiento para
obtener la confesión de un "delito". De esta
manera la declaración pasaba a ser una prueba decisiva,
capaz de confirmar el crimen, justificar la sanción
y restablecer el precario equilibrio en el micromundo de la
plantación.
Todo suplicio está sometido a reglas:
se calcula el terror previo, los comentarios en torno al mismo,
el número de latigazos que puede darse para que el
esclavo no muera, el alcance de la fatiga. A menudo la muerte
puede significar para la víctima el cese de la tortura;
resulta preferible hablar para descansar, para que todo termine;
asentir para confirmar y también delatar para que otros
compartan el castigo, quizá así el dolor se
difumine. Pero la memoria de los hombres conservará
el recuerdo.
Desde la época en que se produjo
la cadena de sublevaciones de los años 1843 y 1844,
se establecieron dos posiciones fundamentales con respecto
a su posible carácter espontáneo o provocado,
y a la existencia real o construida de un proyecto conspirador:
una respondía a aquellos que consideraban que Inglaterra,
a través de sus cónsules en la Isla, había
desempeñado un papel promotor; y la otra a los que
argüían que todo era una falacia fomentada por
las autoridades coloniales para eliminar la disidencia y establecer
un control aún más férreo. La historiografía
en torno al tema ha heredado esta dicotomía, sin que
hasta el momento se hayan brindado los elementos factuales
necesarios para llegar a un consenso sobre el problema.
Una mayor convergencia entre los estudiosos
de la esclavitud existe con respecto a que la represión
del movimiento no sólo se dirigió contra los
esclavos, sino, incluso con mayor fuerza, contra los libres
"de color". En este sentido las cifras son elocuentes,
pues de acuerdo con las sentencias 71,09 % de los participantes
pertenecían a este sector, en tanto que 25,45 % eran
esclavos, y sólo el 10,5 % procedía de las plantaciones.
Aquí se refleja el poder ideológico del castigo,
el control a partir de su posible aplicación; el "miedo
al negro" justificaba la utilización de procederes
sobrecogedores y paralizaba la movilidad de una sociedad que
pretendía romper viejas ataduras.
La simple confrontación de estas
cifras permite percibir que los criterios sobre la existencia
de las plantaciones como enclaves cerrados, con esclavos imposibilitados
de tener conexiones con el exterior, constituye una construcción
histórica que no resiste el análisis científico
del problema. El microcosmos social de la plantación
—avizorado en múltiples documentos— muestra
diversos tipos de relaciones entre amos y esclavos, entre
trabajadores forzados y empleados libres, entre siervos y
vendedores ambulantes o taberneros, y también entre
los miembros de las dotaciones de diferentes ingenios o cafetales.
Si estas formas de sociabilidad no hubiesen existido, la rápida
dispersión del movimiento sedicioso hubiese sido imposible.(3)
Pero de una u otra forma, estuviesen presentes
los intereses de Inglaterra o la necesidad de un control "justificado"
por parte del poder colonial, el terror en su más amplia
acepción se apoderó de la sociedad cubana. Pánico
en los esclavos al castigo físico para que confesaran
delitos pensados o realizados, pavor de los negros y mulatos
libres a ser condenados a muerte o expatriados, temor en los
criollos blancos acusados por sus expresiones liberales ante
la esclavitud. Fue entonces cuando el terror brotó,
invadió, penetró y caló las esencias
más profundas de la sociedad cubana. Poco importa,
a estos efectos, si se trataba de conjuras aisladas o de un
plan concertado fuera y dentro de la Isla.
Desde luego, el miedo no era nuevo, y aunque
hubo amos que se caracterizaron por ejercer el paternalismo
sobre sus siervos, muchos más instituyeron la crueldad
como un mecanismo de coacción generalizado. Uno de
ellos fue Esteban Santa Cruz de Oviedo, quien "según
pública voz y fama era un hombre ignorante, de limitadas
facultades intelectuales, retraído del roce de la gente
sensata, viviendo en su finca en completo aislamiento, entregado
a los falaces goces de su harén de esclavas y reputado
de cruel en el tratamiento que daba a sus negros".(4)
Por estar en amores con una de sus siervas, hizo matar a golpes
a un esclavo; a la negra Rufina, que trató de escapar
para ver a su marido, del cual la había se parado hacía
nueve años, le dio "bocabajo" durante siete
días y después la mantuvo en el cepo, con grillos,
durante cinco meses; a otros siervos los torturaba con hierros
candentes.(5) Tal vez por esa razón la esclava Polonia,
de "nación" gangá,(6) se decidiera
a traicionar a los suyos. Según su testimonio, las
dotaciones de los ingenios Trinidad, La Rosa, Santo Domingo,
Jesús María, La Majagua y La Trinidad estaban
complotadas para levantarse el primer día de la Pascua
de Navidad del año 1844; en ese momento incendiarían
los campos y las fábricas de azúcar y darían
muerte a los amos.(7)
¿En qué fecha llegó
Polonia a Cuba? ¿Quién la capturó? ¿Qué
vicisitudes sufrió en la travesía? ¿Cuántos
la violaron? Son preguntas sin respuesta; sólo cabe
decir que era una esclava de dotación, que trabajaba
en el campo y que ni siquiera logró llevar, como otros
africanos, el apellido de uno de sus amos; era sólo
una gangá más, calificada así por su
supuesta "etnia" de origen.
Debió venir niña, pues hablaba el idioma de
los amos, que a los africanos les llevaba años aprender,
y era aún joven, porque formaba parte del harén
de Esteban Santa Cruz. La delación se basó en
que los esclavos pretendían dar muerte a los dueños,
entre ellos al suyo; pero ¿fue amor o miedo a las consecuencias?
Todas las sublevaciones anteriores habían fracasado
y muchos esclavos habían muerto en el intento. ¿Pensaba
Polonia en ello o simplemente calculó el beneficio
que podía recibir? La traición podía
llevarla a una libertad más fácil y segura;
finalmente ése fue el camino que escogió, individual
y artero. La esclava se transformó en libre, mientras
sus congéneres pagaron su decisión con la muerte
o la cárcel. Se le otorga el derecho a que "trate,
contrate, venda, compre, otorgue, escriba testamentos, poderes
y cuantos más documentos pueda y deba". También
recibió quinientos pesos como premio, cifra notable
para la época; con éstos debía iniciar,
no sin cargos de conciencia, su nueva vida.
Desconocemos si Polonia tenía hijos;
probablemente decidió marcharse del ingenio Trinidad
y de Sabanilla del Encomendador para rehacer su vida, pero
el recuerdo de la violencia que había contribuido a
desatar y los lamentos de los esclavos torturados debieron
perseguirla a todas partes.
En las largas jornadas de trabajo en el
Archivo Nacional de Cuba a que el oficio de historiador nos
obliga, Manuel Barcia Paz encontró la Carta de Libertad,
otorgada a Polonia Gangá, que confirma su traición.
Fue un hallazgo casual, pero no por ello menos valioso. No
estaba entre los papeles de la Conspiración y ni siquiera
aparecía registrada como tal. El documento fue localizado
en el fondo Gobierno Superior Civil y forma parte de los testimonios
de las sentencias sobre la conspiración de varias dotaciones
de esclavos en la jurisdicción de Matanzas. Ese día
Manuel y yo compartimos la alegría de un pequeño
"descubrimiento" que ahora ponemos a la disposición
de los estudiosos del tema.
En este documento el Capitán General
de la Isla, Leopoldo O'Donnell, declara a Polonia acreedora
de la libertad que se ha ganado con la delación; además
le otorga, de acuerdo con lo señalado en el párrafo
primero del artículo 38 del Reglamento de Esclavos,
un premio de quinientos pesos. El gobernador de Matanzas sería
el encargado de realizar las gestiones pertinentes.
El 21 junio de 1844 éste último
informará al Capitán General que Esteban Santa
Cruz de Oviedo había expresado su disposición
de otorgar la carta de libertad a la negra Polonia por los
servicios que ésta había prestado en la causa
de la Conspiración, siempre y cuando el Gobierno le
pagase los cuatrocientos pesos en que estaba coartada.
También expresa el Gobernador de Matanzas que no tenía
dinero suficiente para entregar los quinientos pesos que,
en clase de premio, debía dar el Gobierno a la ex esclava,
porque en los fondos de Policía de la provincia sólo
había trescientos cuarenta y dos. Ante esta situación,
el Capitán General autorizó que se librase la
cantidad de dinero que faltaba, tanto para la manumisión
como para el premio, de los fondos de la Secretaría
de Obras Públicas de la ciudad de La Habana. De esta
forma se consumó la traición, y Polonia obtuvo
el beneficio que esperaba desde hacía más de
un año.
Carta de Libertad
(8)
En la ciudad de Matanzas, a veinte y cinco de julio de mil
ochocientos cuarenta y cinco años: ante mi el Esb.
Público y testigos que se expresaran compareció,
D. Estevan Santa Cruz de Oviedo, vecino y hacendado dela Sabanilla
del Encomendador Residente en esta a quien doy fe conozco
Dijo: Que a consecuencia de la Conspiración proyectada
por la gente de Color, habiéndose faltada la instruida
en el citado Partido dela Sabanilla e Ingenio de su propiedad.
Según el párrafo primero del articulo treinta
y ocho del Reglamento de Esclavos y que se cita en dicho fallo,
el Esmo. Sr. Capitan General por su oficio de doce de Enero
del año prosimo pasado dirigido al Sor. Brigadier Governador
de esta Ciudad, dispuso que a la negra Polonia esclava del
compareciente sele otorgase desde luego la Carta de Libertad
de toda servidumbre y sele entregasen ademas la suma de quinientos
pesos, bajo su correspondiente recibo por haberse hecho acreedora
a este premio segun lo dispuesto en aquel artículo,
en su consecuencia en obedecimiento de aquel superior precepto:
Otorga: Que ahorra y liberta a una negra de su propiedad nombrada
Polonia, de nación Ganga que no esta gravada a ninguna
reponsabilidad, como al final constara por Certificación
de la Oficina de Hipotecas de esta Ciudad, mediante a que
para esta le ha exhibido el Sor. Brigadier D. Antonio García
Oña, Governador Politico y Militar de esta ciudad la
suma de cuatrosientos pesos en esta forma, ciento setenta
y ocho pesos dos reales en efectivo y los dosientos veinte
y un pesos seis reales restantes, valor de un libramiento
jurado por dicho Sor. contra los fondos de obras públicas
dela Ciudad de la Habana a donde los cobrara el compareciente,
de todo lo cual se da por entregado a su satisfaccion, remita
la prueba, leyes dela entrega, esepcion de la non numerata
pecunia dolo y demas del caso y otorga formal recibo. Consecuente
al cual se aparta del derecho de propiedad que tenia a la
Esclava Polonia, todo lo cede renuncia y transfiere en ella
para que como persona libre, trate, contrate, venda, compre,
otorgue, escriba testamentos, poderes y cuantos mas documentos
pueda y deba gozando de su libertad y se obliga aquela presente
sedara cierta y segura y a que no se le contradira por persona
alguna y si lo tal sucediere siendo requerido saldra a la
voz y defensa del litis que se moviere siguiendolo hasta su
conclusión abonandole ademas las costas con costos,
daños, y perjuicios que se le ocasionaren diferida
liquidacion en el simple juramento de la parte que siendo
legitima usare de esta escritura a quien releva de prueba,
a cuya firmeza obliga sus bienes presentes y futuros prestando
poderio y sumision a la justicia de S.M. y clausula cuarentigia
que dio por inserta para su cumplimiento. En fe de lo cual
asi lo dijo ratifico y firmo siendo testigos D. Francisco
Reale, D. José María Güemes y D. Antonio
Salinas, vecinos presentes = Estevan Santa Cruz Oviedo = Ante
mi Angel Bruzón = Certifico que la negra Polonia Ganga
de que dice es dueño Santa Cruz de Obiedo no consta
este gravada por este hasta hoy. Fcha. Tu. Supra = Naranjo
(La ortografía del documento corresponde
al original.)
Notas:
1 En 1850 los ingenios considerados como grandes productores
tenían entre trescientos ochenta y seiscientos esclavos.
El ingenio Santa Rosa, de Domingo Aldama, contaba con cuatrocientos.
Ver: José García de Arboleya: Manual de la isla
de Cuba. Compendio de su historia estadística y administración.
Imprenta del Gobierno y la Capitanía General por S.M.,
La Habana, 1852.
2 Walter Goodman refiere ese tipo de castigo, aplicado en
un cafetal, en su libro Un artista en Cuba Consejo Nacional
de Cultura, La Habana, 1965, p. 195.
3 Para este aspecto resulta sumamente interesante el trabajo
de Gloria García Rodríguez: La esclavitud desde
la esclavitud. La visión de los siervos, Centro de
Investigación Científica Ingeniero Jorge L.
Tamayo, México D. F., 1996.
4 Vidal Morales y Morales: Iniciadores y primeros mártires
de la revolución cubana, Colección de Libros
Cubanos, vol. XXIV, t. I, Cultural S.A., La Habana, 1931,
p. 303.
5 Manuel Barcia Paz: Con el látigo de la ira, Pinos
Nuevos, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1999.
6 Con este término se designaba un conjunto de tribus
del interior de Liberia y Sierra Leona que participaban en
común de la cultura mandinga. Ver Gonzálo Aguirre
Beltrán: La población negra de México.
Estudio etnohistórico. F.C.E., México, 1972,
p. 122.
7 Hasta este momento toda la información que se tenía
sobre Polonia se resume a estos datos, que fueron expuestos
por Vidal Morales y Morales ob. cit. (4), p. 299.
8 La ortografía del documento corresponde al original.
(Tomado de www.lajiribilla.cu)
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