| Cuba:
también de cultura vive el hombre
Por Armando Pérez Fernández
De un extremo a otro de Cuba, más
de seis mil instructores de arte laboran en zonas rurales
y ciudades, en lo que se considera aquí una cruzada
para elevar la cultura general de la mayoría de la
población.
Con dos graduaciones históricas presididas por el mandatario
Fidel Castro el proyecto de formación de instructores
de arte, se afianza dentro de la sociedad, que transita hacia
una nueva estadía en la masificación de la cultura.
En el capitalino municipio de Boyeros se ubica la Escuela
de Instructores de Arte Eduardo García Delgado.
Este centro fue creado en el año 2000, cuando todo
el país estaba pendiente del regreso del niño
Elián González, secuestrado por parientes de
Miami, Estados Unidos, y como parte de un conjunto de programas
sociales y económicos bautizados como Batalla
de Ideas, recuerda su director, Mario Pérez.
Los centros son 15 (uno en cada provincia y el municipio
especial de Isla de la Juventud), y responden a la necesidad
de formar esta importante fuerza de profesionales según
la demanda de fuerza de trabajo en cada territorio, apunta.
En estas instituciones los estudiantes cursan cuatro años
en igual número de manifestaciones artísticas,
instructor de Artes Plásticas, Teatro, Danza y Música,
y todos tienen como base común un bachillerato en Humanidades.
Según el directivo, el objetivo fundamental del plantel
es formar un profesional revolucionario, con amplios conocimientos
culturales, conciencia social y alta apreciación del
arte universal.
En el centro el alumno obtiene un perfil laboral pedagógico.
Al decir de Pérez: se convierten en artistas, cuya
labor profesional es transmitir los valores de una cultura
general integral, máxima aspiración que tenemos
como pueblo.
Lisandra Castillo, de la primera graduación, imparte
clases en la escuela Concepción Arenal, del capitalino
municipio de La Habana Vieja, donde montó un interesante
proyecto de rescate de bailes tradicionales cubanos.
En una improvisada pista, escolares de quinto y sexto grados
se dejan envolver en el elegante aire de bailes que antaño
impulsaran los pies e ilusiones de sus antepasados de segunda
generación.
La mayoría no sabía que esos ritmos tradicionales
de Cuba existían, mucho menos los pioneros que comienzan
a descubrirlos, asevera la instructora, mientras da indicaciones
a los bisoños bailadores.
A las clases asisten más de 35 niños y un buen
grupo de padres y curiosos de la comunidad aledaña
a la escuela Concepción Arenal.
“Todos están muy entusiasmados. Les encanta porque
ponemos ganas y amor a lo que hacemos con el objetivo de que
se sientan bien y sean mejores individuos”, afirma.
La joven explica que su función principal en el centro
es impartir clases en horario curricular (de las 8:00 a las
16:00 horas), luego de ese tiempo se dedica a sus muchachos
del taller de bailes populares cubanos.
Por su parte, durante un recorrido por el centro de Boyeros,
el alumno de segundo año Rafael Gómez, comenta
a Prensa Latina sobre sus sueños y aspiraciones como
estudiante y futuro profesional.
No es San
Alejandro (importante escuela de arte situada en la capital),
reconoció el joven, pero me siento satisfecho de estudiar
en el centro.
He aprendido muchas cosas aquí, sobre todo técnica,
composición, cultura general e historia del arte, afirma
en aprobación del trabajo de sus profesores, una responsabilidad
que le tocará asumir.
Transmitir mis conocimientos a mis discípulos será
tan gratificante como enrolarme en un proceso creativo. De
todos modos seré artista, afirma resuelto.
Ellos entran aquí con unas enormes ganas de ser creadores,
tanto que a veces se desesperan. Así describe el perfil
de sus discípulos la profesora de Diseño María
Elena Cañas.
A veces se impacientan porque sienten que el programa docente
no va todo lo rápido que ellos esperan. Quieren descubrir
cosas, añoran crear y dar salida a todo lo que sienten.
Aclara que la escuela no es de nivel superior, y los muchachos
se preparan básicamente para ser instructores de arte
y trabajar en las comunidades y escuelas.
La función de ellos —subraya Cañas—
es ayudar a las personas a desarrollar su creatividad, y contribuir
a que lo mejor del arte popular se desarrolle a plenitud.(PL)
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