| Presentación
y estimativa inicial del “Pasmoso Noda”

En el bello Palacio de Guash funciona
hoy el Museo de Historia Natural Tranquilino Sandalio
de Noda.
(Foto: Archivo) |
No pretendo escribir la obra
que merece Tranquilino Sandalio de Noda, hacerlo equivaldría
a dedicar toda una vida y fuera quizás insuficiente.
Su multiplicidad era tal, que un solo tratado y hasta diez,
no bastarían para seguir sus huellas.
¿Acaso en un texto podríamos informar y comentar
la vida y obra de este apasionante, mítico incluso,
ser humano, que no dejaba rastros tan comunes como una foto,
una esposa, objetos o documentos personales y los que aparecen,
obligan a una tenaz búsqueda que ya de por sí
agota al posible exegeta? Obra que, quizá no rastreada
suficientemente, detiene su límite en unos ciento cincuenta
y cinco títulos; porque, contemporáneos suyos,
terminaron algunas iniciadas por él —y no todos
reconocieron tal cosa— abrogándose la paternidad
de la misma.
¿Acaso pudiera un solo texto revelar al pintor que
antes de sus 22 años produjo cuadros de tal calidad
que motivaron a una personalidad augusta, como la del obispo
Juan José Díaz Espada y Landa, para que le comprara
al menos seis obras sobre historia sagrada en madera, pagándole
500 pesetas y enviándolas a Madrid?.
¿O al dibujante, que además de colaborar con
Don Felipe Poey, en su tratado sobre los peces ciegos de Cuba,
demostrando sus conocimientos en Ictiología, dibujó
los mismos y otras especies, para el libro que aquél
preparó?.
¿O al traductor no sólo del inglés desde
muy temprano, pues no había cumplido 15 años
cuando tradujo por solicitud oficial. un testamento (inglés
antiguo!) sino también del portugués, cuando
vierte al español la poesía de Camoens; o la
novela “Rosalía” de Ana de Essoena, o del
francés, cuando traduce varias obras de Voltaire, o
cuando colabora con una hermana suya que traduce a Ossian;
por sus conocimientos acerca de la Escocia del siglo III y
sus modismos; o del griego, cuando asombra al escritor Anselmo
Suárez y Romero?.
¿O al políglota que demuestra ser, pues no sólo
probó tal hecho en sus traducciones, sino porque, además
de las lenguas modernas: español, inglés, portugués,
italiano; conoció y utilizó el griego, el latín
y el hebreo; al tiempo que se comunicaba con los esclavos
en lenguas africanas: mandinga, congo, carabalí y lucumí
y realizó estudios del alfabeto maya y dio inicio a
un diccionario de voces siboneyes?.
¿O al taquígrafo, que luego de recibir un curso
durante algunos días, perfeccionó el mismo;
y lo enseñó a otros, en menor tiempo y con mayor
calidad; y mediante su método ganó fama tal,
que se vio pecisado a escribir un tratado al respecto, el
cual en lo adelante sería utilizado para esa enseñanza?
¿O al crítico que redactó reseñas
en los periódicos de la época sobre cada libro
que caía en sus manos, fuesen científicos, historiográficos,
técnicos, económicos, o de carácter social,
o de ficción; e imponía respeto por sus consideraciones
críticas, en cartas, o de viva voz, como reconocen
algunos contemporáneos suyos?
¿O al periodista que demuestra ser, como diríamos
hoy, un comunicador por excelencia, al divulgar las noticias
propias del territorio donde reside, exaltando las bondades
de la naturaleza pinareña, creando para ello el primer
periódico vueltabajero; el cual, además de hacerlo
circular manuscrito por falta de imprenta en Pinar del Río,
principal poblado de la Jurisdicción de la Nueva Filipina,
exigía que, en pago de sus colaboraciones “El
Faro Industrial”, periódico habanero de industria
y comercio, bastante leído en la Jurisdicción,
lo reprodujera en sus páginas, respetando su formato
y machón con su nombre de “El Boletín
de Vueltabajo”?.
¿O al ensayista, no sólo de temas artísticos
como el que escribió sobre La Henriade, de Voltaire
sino de temas económicos como “Un tratado de
economía política en aplicación a la
Isla de Cuba”, o de carácter historiográfico,
como el dedicado a “Últimos sucesos de la Isla
de Cuba”, o de carácter sociológico como
“Los guajiros de vueltabajo”, o filosóficos
como “Riqueza y raíz de Cuba”; por sólo
mencionar algunos?.
¿O al poeta que sólo en verso, por no referirnos
a su prosa poética, publicó durante su juventud
en periódicos como: “El Artista”, no sólo
sus famosos epitafios, sino sus populares décimas y
cuartetas criollas?.
¿O al eminente narrador no sólo por su relatos
de viajes, como “La excusión al Guajaibón”,sino
como autor de escenas costumbristas y estampas folklóricas,
como las que recoge en sus “Tradiciones Cubanas”,
o como escritor de leyendas de Vueltabajo, escuchadas en su
mayoría en la tradición oral, recogidas con
otros fragmentos de diversas formas genéricas en todo
un compendio epistolar que llamó “Cartas a Silvia”?
¿O al novelista que escribe su obra histórica
“El Cacique de Guajaba” o sus aventuras, cuyo
personaje principal y título es “Cordero,”o
cuando deja inconclusa aquella novela “El Cacique de
Güines: Habanaguex”?.
¿Acaso estas facetas suyas, poco conocidas, cabrían,
de tratarlas como se debe, en sólo un volumen?
¿Y qué decir de su obra mayor sobre textos científicos,
en tan variadas ramas como la Agronomía, la Agricultura,
la Agrimensura, la Astronomía, la Botánica,
la Economía, la Geodesia, la Cartografía, la
Ictiología, la Matemática, la Mineralogía,
la Telegrafía, la Topografía, la Toponimia y
la Pedagogía, entre otras?.
¿Dejaríamos fuera sus actividades como coleccionista
y catalogador de especies (recuerdo el formidable Herbario
que acumuló en la finca La Casualidad), o como entomólogo,
o como malacólogo?.
¿O como investigador científico decapitando
leyendas y mitos fantasiosos, como dice José Lezama
Lima, en su artículo sobre la laguna de Santamaría?.
¿O como intrépido aventurero, descubridor de
islotes y puntos costeros, como lo señala Ernest Hemingway
en su novela “Islas en el Golfo”?.
¿O como historiador, el cual aportó no sólo
textos a la historiografía cubana, en tanto que cronista
y publicista de su tiempo, sino que indagó sobre la
época que le antecedió, más allá
del pasado precolombino inclusive, el cual escudriñó
como ninguno en la obra “La Historia del Marién”,
por ejemplo, sino en los variados artículos, muchos
de los cuales causaron y causan estupor aún, como aquel
en que se refiere a Votán, el Abenamago, hijo de Magón,
que vivía en el Templo Azul, “el templo que se
hunde” en el occidente de la provincia pinareña...que
tanta connotación tiene ahora, con los descubrimientos
realizados bajo el mar cerca del Cabo de San Antonio?.
Y en todo este recuento que hago, no he mencionado sus obras
más importantes si tomamos el criterio de Esteban Pichardo,
quien señalaba, entre otras, el “ Proyecto General
de Caminos de Vueltabajo” e “Itinerarios para
vapores”; así como sus trabajos de Agrimensura
y mediciones del Occidente... O el criterio de José
María Dau, quien se refería a su obra fundamental
“El Atlante Cubano”, sobre Agricultura y Agronomía;
o el de José María de la Torre quien daba la
palma a sus obras estadísticas y a “La Introducción
del Sistema Métrico Decimal en la Isla de Cuba”;
o al criterio de Anselmo Suárez y Romero quien apuntaba
su talento en obras de ficción y en obras sociales.
Y más pudiéramos decir acerca de los elogios
y de las críticas que le prodigaron Calcagno y Mestre
en ambos extremos, o de las veleidades de Bachiller y Morales
con respecto a una estimativa justa de la obra toda de Tranquilino;
a quien no le perdonó el haberle contrariado, (aunque
no pudo dejar de admirarlo a pesar suyo); o si nos atenemos
al criterio del publicista terrible y temido de entonces,
Adolfo Márquez Esterling, quien lo calificó
de inconstante por no comprenderlo; o si nos acordamos del
alegato, tardío, pero honesto y válido de Don
Felipe Poey, quien agradeció el apoyo y primeras noticias
recibidas de Noda, sobre los peces ciegos de Cuba, y sus dibujos
de otras especies para su obra, considerada la primera de
la Ictiología americana.
Un bello fragmento del libro sobre Tranquilino Sandalio de
Noda, sería el que se iniciara con esa estimativa general
que ya hemos adelantado en cierto sentido; pero, a partir
de lo dicho por nuestro José Martí.
Nuestro primer intelectual, acostumbrado más al elogio
que a la crítica, solía, las más de las
veces, ser un tanto hiperbólico, cuando la figura tratada
por él, acompañaba al valor de sus obras la
eticidad que le resultaba tan cara al Maestro. De muchos,
Martí dijo alabanzas, pero, de ningún otro dijo
lo que de Noda: “el pasmoso ”.
Martí, en 1885, cuando se refiere a los científicos
más connotados de su época, incluye entre ellos
a Tranquilino, porque le resulta “un hombre de soluciones
prácticas”, ello puede constatarse en el Tomo
22 de sus Obras Completas editadas en 1975, fragmento # 275,
página 170 y parece haber sido la primera alusión
a esta figura por parte de nuestro mayor hombre de letras
del siglo XIX.
Cuatro años después, el 24 de enero de 1889,
en “El Avisador Americano”, periódico de
Nueva York, hablando Nuestro Héroe Nacional acerca
de Bachiller y Morales y de su extensa obra escrita y sus
aportes a la “Sociedad Económica de Amigos del
País”, dice que “De nadie hay más
trabajos, ni de aquel mismo pasmoso Noda, en sus memorias,
injustamente olvidadas” (Tomo 5 página 14) con
lo cual haría el homenaje mayor a Bachiller, hiperbólico,
inclusive, como podrá constatarse más adelante,
e incluso Martí lo comprendería, en la medida
en que conociera la obra de Noda.
La admiración del Apóstol por el sabio cubano,se
manifiesta aún más cuando lo toma de arma ideológica
y símbolo de patriotismo e identidad , más adelante,
el 19 de marzo de 1892, en el segundo número de Patria,
cuando critica una medida colonial que impedía a universitarios
graduados hacerse doctores en Cuba, dice entonces que “la
tierra que da Nodas puede pasarse sin doctores” (Tomo
1, página 339).
Y también en Patria, el 11 de junio de 1892, el Delegado
del Partido Revolucionario
Cubano, refiriéndose a la aceptación de
Juan Gualberto Gómez, por la Sociedad Económica
de Amigos del País (puede leerse en el tomo 4, página
418), dice: “cuyo hijo más ilustre, a no haber
tenido en su seno al inefable José de la Luz y Caballero,
al padre amoroso del alma cubana, habría sido un hijo
de los campos, un titulado de la naturaleza: Tranquilino Sandalio
de Noda”. Y, de este modo, Martí, enmendaba su
estimativa al compararlo con Bachiller y Morales (una vez
más, aunque de manera implícita, pues aquel
también era símbolo de la Sociedad Económica)
quien sin duda era uno de nuestros más grandes intelectuales,
pero ni él, ni los demás, fueron de tan vasto
accionar científico como el pinareño.
Conociendo ya lo expuesto por José Martí, quien
caló hondo y de manera progresiva, en el conocimiento
de lo que significó Noda, debido a que su primera alusión
a nuestro biografiado se realiza 18 años después
de su muerte, quizás lo más correcto sea comentar
las palabras de su maestro y amigo, después colega
y admirador suyo, (pues se confesó su alumno más
tarde), el notable José María Dau, él
nos dio, de la siguiente manera, su apreciación sobre
Tranquilino: “Tuvo ocasión de oír en mi
casa lecciones de Gramática, Aritmética, Álgebra,
y Latín... yo vivía en La Isabela y él
me visitaba de manera asidua en 1823, tenía 14 años;
y aunque se presentó a la Comisión de Examen
en 1832 y alcanzó su título de Agrimensor, ya
desde 1824 medía tierras conmigo: desde muy temprano,
se vio abandonado a su propia inteligencia, por lo cual, él
mismo se mando al maestro, buscándolo para satisfacer
su curiosidad investigativa y sin más recursos para
estudiar que los que le suministraba su perseverancia ; mas,
como ésta nunca lo abandonó, pronto pudo, gracias
a su memoria mnemosínica de que estaba dotado, adelantar
y adquirir los vastos conocimientos que lo adornaban... Su
inteligencia era tal que se bastaba a sí propio para
penetrar en el santuario de la ciencia y con cortas lecciones
se abrió el camino, para marchar por sí solo:
y harto aprovechó ese camino, porque no hemos conocido
hombre de más variada y profunda erudición”.
Esteban Pichardo Tapia, eminente intelectual de su siglo,
el cual aprovechó no poco de las Memorias de la Sociedad
Económica redactadas por Noda e incluso de sus trabajos
no concluidos, llevándolos hasta el final, “para
bien del país” (y de sí mismo, pues los
firmaba luego como único autor) expresó: “Herrera,
Dubroq y especialmente Noda, son los padres de la topografía
occidental”; y en otra oportunidad apuntó: “La
cabeza de Noda es un almacén ambulante de conocimientos
diversos, retenidos por una memoria prodigiosa; es un erudito,
en el riguroso sentido de la palabra; fácil, verboso,
sin afectaciones; puede lucirse oralmente improvisando en
la sociedad más culta; priva sin embargo, al mundo
literario de utilizar su instrucción y talento, porque
nada acaba ni combina en grande: el Sr. Noda ha trabajado
mucho y bien; su obra maestra sobre esa parte occidental que
conoce palmo a palmo; debe ser la de las haciendas que tiene
medidas y ligadas por una serie de triángulos, desde
la costa sur, hasta la norte en Cayo San Diego”.
José María de la Torre, quien le conoció
personalmente y al igual que Esteban Pichardo tuvo la posibilidad
de guardar manuscritos suyos, que ni siquiera pasaron con
su nombre a las Memorias de la Sociedad de Amigos del País;
este mismo amigo suyo que compartió primero y luego
se apropió totalmente de la idea de Aplicación
del Sistema Métrico Decimal en Cuba, expresó
que: “Iniciamos el Diccionario Geográfico Cubano,
y él contribuyó además con el Diccionario
Ciboney; lástima que no haya llevado a cabo esa obra;
con la que habría ganado mucho la Lingüística,
pues pocos tenían sus probabilidades de éxito,
porque contaba con escasos rivales en materias arqueológicas
de Cuba”.
Anselmo Suárez y Romero, notable escritor de entonces,
quien hizo contacto con Noda en 1840 y éste le sugirió
que estudiara griego, pues ello contribuiría, no sólo
a su cultura general, sino también a lograr mayor fluidez
en su sintaxis demasiado dominada por el latín; le
contestó que aunque tenía diversos libros de
gramática griega, le resultaban sumamente complejos
y se los mostró. Tranquilinó se los pidió
prestados “... Y a los pocos días –expresa
Suárez Romero- me envió del campo, en manuscrito,
una gramática griega extractada por él, de las
que para ese efecto, se había llevado”.
Otro intelectual de mérito, investigador que escribió
el “Diccionario Biográfico Cubano”, Francisco
Calcagno, apuntó sobre Noda: “En su carácter
de escritor público, pocos, de haberlo querido, hubieran
rayado más alto, especialmente en materia científica,
como patentizan los cortos escritos que nos dejó: su
pluma, con la corrección de Jovellanos, con el laconismo
de Tácito unas veces y otras dejándose llevar
a útiles digresiones, jamás se rebajó
a perpetuar pensamientos fútiles; el principio de utilidad
dominaba y todo él era, cuando no profundo, por lo
menos provechoso”.
Y quizás el publicista más importante de su
medio en esa época en La Habana: Adolfo Márquez
Sterling, nos deja una semblanza un poco amarga cuando nos
dice: “Noda contribuía conmigo en mi publicación
“La Habana”, periódico científico
y literario... Allí tuve el gusto de ser editor, junto
a Calcagno, de su trabajo “Economía Política
en su Aplicación a la Isla de Cuba”, obra de
gran importancia, pero que, como todas las anteriores, quedó
sin conclusiones. Es que la misma multiplicidad de conocimientos
de aquella enciclopedia viva, le hacía ser poco perseverante
en sus trabajos...apenas comenzaba alguno de importancia,
lo dejaba sin concluir, o sin pretensión alguna lo
cedía a quien quisiera aprovecharlo y daba principio
a otro que le parecía más trascendental y el
que muy luego, por idéntica razón quedaba relegado
al olvido, poseía una constancia inmensa para trabajar,
pero ninguna para ocuparse de un trabajo exclusivamente”.
Don Felipe Poey, en 1865, cuando le quedaba
apenas dos años de vida a Tranquilino y ya, apartado
de toda acción ( el sabio pinareño se había
recluido en su casona de San Antonio de los Baños,
donde escribía su tercera novela), confesó que
a Noda le debía mucho, no sólo por los elogiosos
comentarios a obras suyas, como aquella primera de “Excursión
a Rangel”, sino por sus ideas transmitidas en la correspondencia
que mantuvieron , y en sus apuntes investigativos sobre los
peces ciegos, así como por las bellas ilustraciones
que para él dibujó.
Lamentablemente, Don Antonio Bachiller y Morales, quizá
demasiado enterado de su sapiencia y valía –indiscutibles-
miraba sobre el hombro al guajiro Tranquilino, que más
de una vez trató de enmendarle la plana y aunque agigantado
a su vera, no reconoció cuánto debió
agradecerle. Tampoco el bibliógrafo erudito Rafael
Mestre, por razones también explicables hasta cierto
punto, lo atacó sin mesura alguna, aunque basándose
en criterios de índole política, los cuales
incluso, pudieran ser discutibles, atendiendo a las comprensibles
limitaciones históricas de Noda, a las cuales nadie
escapa y sobre todo porque sus referencias no son de primera
mano y caen en el campo subjetivo de las pasiones, donde no
faltan apreciaciones motivadas por miserias humanas.
No quisiera concluir este muestrario de opiniones de aquellos
que más lo conocieron –la mayor parte contemporáneos
suyos- sin trasladar una nota de la Comisión Evaluadora
de la Sociedad Económica de Amigos del País,
cuando dio su aval al proyecto que presentó Tranquilino
Sandalio de Noda sobre “El Ramal de Línea Férrea
a Guanímar”: A insinuación de los principales
miembros de esta Sociedad, concluimos señalando que
los apuntes del Señor Noda: Están redactados
con aquel tino y exacto conocimiento con que se ha acreditado
este respetable amigo, siempre que ha tomado sobre sí
algún trabajo: desearíamos que tanto mérito,
tanta erudición, tan bello talento y tan recto juicio,
prendas que resplandecen en el joven Noda, no quedaran mucho
tiempo reducidas al estrecho círculo que él
mismo se ha trazado”.
Teniendo en cuenta todo lo anteriormente expuesto sobre este
“titulado de la naturaleza”, podremos comprender,
e incluso compartir las ideas planteadas por uno de los biógrafos
suyos, el Historiador Emeterio de Santovenia, quien escribe
en 1910: “Quizás no haya en cuanto se refiere
a Tranquilino Sandalio de Noda y Martínez, otro hecho
tan insólito como el de la ignorancia que con respecto
al egregio cubano han permanecido los más de sus compatriotas.
Extraño es encontrar, no ya en la República,
sino hasta en la misma provincia de Pinar del Río,
quien sepa que Noda fue un vueltabajero cuyas inusitadas condiciones
llegaron a ser tales, que al dirigir hoy una mirada en torno,
no hallamos a uno siquiera que por digno sucesor de él
pueda tenerse”.
(Tomado del sitio web de Gerardo Ortega, www.estampadelavueltaabajo)
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