| Juventud:
divino-olvidado-tesoro
Por Pavel
López

Cuba ya tiene su Comité Nacional
Preparatorio para el XVII Festival Mundial de la Juventud
y los Estudiantes.
(Foto: Calixto N. Llanes) |
La noticia recorre el planeta. En Sudáfrica
se conjurará el milagro: Nuevo Festival
Mundial de la Juventud y los Estudiantes, tras cinco años
de espera.
Fiesta de los jóvenes progresistas, aquellos negados
a aceptar un presente en el cual bailen a su antojo, como
en siniestro aquelarre, irracionalidad y barbarie.
Pero también banquete, por qué
ocultarlo, de los escépticos: esos que se divierten
a mares vinculando el multitudinario encuentro con un fósil
viviente, esperpéntica figura de lo que ayer constituyó
esperanza en un mundo donde la guerra y el imperialismo deviniesen
material anacrónico.
¿De qué lado se pondría
usted? Ciertamente, no faltan razones para militar en ambos
extremos
Por un lado, recrudecimiento del injerencismo
yanqui sobre los países del mal llamado “Tercer
Mundo”, escaladas bélicas en el Oriente, amenazas
de intervenciones militares en Venezuela.
Simultáneamente, despertar de los
oprimidos, consolidación de las izquierdas y gobiernos
progresistas en América Latina, crisis económica
del capitalismo.
Evitemos por un instante el pensamiento
simplificador que vislumbra ante tales síntomas la
salud o enfermedad de algún sistema político.
Frente a dicho panorama la esperanza y el
desasosiego podrían ser convocados por igual.
Mas, preguntémonos también:¿Qué
pueden hacer hombres y mujeres para lograr que la balanza
se incline hacia el flanco del bien?
Y evocando el mañana, ¿les
interesaría a los jóvenes jugar algún
papel en semejante empresa, teniendo en cuenta que, por ley
natural, a ellos les corresponde habitar el porvenir?
Pretender una respuesta única, equivaldría
a carenar en el esquema que percibe a la juventud como una
masa homogénea, uniformada.
Para analizar el fenómeno tampoco habría que
traspasar nuestras fronteras.
Según medios de prensa locales, en
la Cuba de ahora mismo un alto porcentaje de jóvenes
manifiestan apoyo sustancial a la Revolución.
Pero, ¿deberían tranquilizarnos tales estadísticas?
¿Acaso “ser revolucionario”
constituye una fórmula absoluta y cerrada?
¿Qué sectores de las nuevas
generaciones se reconocen dentro de esa mayoría?
Para nadie es secreto que la nueva realidad,
tras la caída del socialismo Este-europeo, se muestra
pletórica de contradicciones, en cualquier rincón
de la tierra.
Junto a ese sector que ratifica su compromiso
con el proyecto social cubano, movido por el altruismo y el
sacrificio (más o menos consciente), también
pervive el joven que da la espalda al acontecer mundial y
a su Historia, que señala al consumismo desmedido,
la anorexia de pensamiento, el individualismo y el culto a
lo material, como el último “grito de la moda”.
No faltan los que se empeñan en engrosar
los cómputos “oficiales”, monarcas de la
doble moral, expertos en convertir el eslogan de la fidelidad
al socialismo en máscara tras la cual ocultar la mueca
disidente frente a todo lo que se siente y construye.
Otros se cruzan de brazos, aburridos o cómodos
por escuchar hablar incesantemente de heredad, de un mañana
que les pertenece por decreto, el cual aguardan pasivos para,
en ese distante “entonces”, tomar partido.
Claro, concordemos que estos serían
los lúcidos.
Aún nos quedan aquellos que, dada
su precaria instrucción, desperdician el talento en
“adaptarse a las circunstancias”.
Datos ofrecidos por la Comisión
Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), alertan
sobre las adversidades que enfrenta la juventud iberoamericana
en diversos aspectos, entre ellos, integración social,
educación, salud, familia y acceso al empleo.
Pese a esquivar muchos de estos golpes gracias
a la obra revolucionaria, las nuevas generaciones de cubanos
aún lidian con deficiencias en temas como los niveles
de ingreso, la disponibilidad de viviendas o la recreación.
Solidaridad, paz, justicia social, ha sido
el reclamo de todos los festivales anteriores y, por supuesto,
igual será el de Sudáfrica.
En cualquier país o región,
sin importar lo que proclamen aquellos que ostentan el poder,
la juventud deberá enfrentar el principal y más
antiguo reto: aprender a tomar las riendas de su destino y
elegir el lado más digno.
Hoy como ayer, el futuro es ahora. Mientras
haya un joven que lo comprenda podrá apostar por la
vida.
En otras palabras, hay y tendremos
Festival.
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