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La amistad entre Serafín Sánchez y José
Martí

Casa natal del Mayor General Serafín
Sánchez Valdivia.
(Tomada de www.hero.cult.cu) |
Desde los inicios de nuestra
lucha emancipadora el patriota espirituano Serafín
Sánchez Valdivia mostró su capacidad de sacrificio
y valentía, ante las situaciones más difíciles,
llegó por su heroísmo a ser Mayor General del
Ejército Libertador y estuvo presente en las tres guerras
por la independencia, se hizo merecedor de la amistad plena
de José
Martí, estrechó amistad con Gómez y se ganó
la admiración y respeto de aquellos que lucharon junto
a él.
Para Martí, Serafín fue uno de los hombres más
útiles en la emigración por su prestigio y lealtad.
Su primer encuentro se produjo en Nueva York en julio de 1891.
Desde entonces no se desvincularon más, anudando una
amistad y un compañerismo que solo la muerte pudo quebrantar.
Serafín estuvo poco tiempo en Nueva
York. Martí lo necesitaba en Cayo Hueso y entre los
años 1892 y 1895, que fue un período intenso
de trabajo revolucionario y organizativo, permaneció
en el cayo, donde ganaba su sustento como tabaquero.
Allí mantuvo un contacto permanente con Martí,
quien le escribió más de un centenar de cartas
en las que manifestaba su entrañable cariño
y el aprecio por todo lo que hacía a favor de la causa.
Fue en esta coyuntura donde se destacó
el espirituano como su más cercano colaborador y también
como escritor y periodista. Redactó numerosos artículos,
muchos de ellos a petición de Martí, contra
los sectores vacilantes, los autonomistas y los cobardes.
En carta del 10 de mayo de 1894 le escribía a Martí:
"Que no me falten su cartas, el pensamiento de usted
es absolutamente el mío. Eso es lo mismo. Y eso tendremos.
Ayúdeme con su cariño. Serafín.”
En septiembre Martí le envió siete cartas y
todas con encargos políticos de organización,
confiando en la capacidad del revolucionario para cumplir
las misiones más difíciles.
En el mes de octubre de ese mismo año, en una larga
misiva le informaba del estado general de la organización
revolucionaria en la isla, y en uno de los párrafos
decía:
"Aquí le pongo el alma a borbotones, porque usted
es para mí como yo mismo y me aborrecería si
le escribiera con penas y ambages. Como a mi hermano le quiero
y tengo por su juicio mucha estimación, y a su alma
cubana le tengo admiración profunda. Yo también
tengo prisa, y no vivo, ni me llamaré hombre hasta
que tengamos el pie en campaña".
Y el 10 de noviembre, cuando ya estaba próxima la hora
de partir hacia la manigua cubana Martí le escribió:
"Mil pequeñeces me mortifican
en este instante y roban el tiempo, y la indecible angustia
de Cuba, y del precioso tiempo que hemos perdido. Jamás
culpe de él a quien más lo ha llorado. Aquí
quisiera tenerlo a usted, pero no puede ser. Con usted me
desahogaría, me fortalecería, pero no tema:
conservo el juicio claro y sé de tormentas, y aunque
se echen a comerme las entrañas, yo las sacaré
triunfantes en el puño. Ya usted sabe cuáles
son mis entrañas: la libertad de nuestro país".
El plan de La Fernandina, concebido por Martí como
delegado del Partido
Revolucionario Cubano para hacer la insurrección
en Cuba, fue descubierto por las autoridades norteamericanas
y confiscados los barcos y armas. La pérdida resultó
dolorosa para la Revolución. Los barcos eran tres,
con hombres y pertrechos que vendrían a Cuba comandados
por Máximo
Gómez, Antonio
Maceo y Serafín Sánchez.
La última carta de Martí para el espirituano
está fechada en Montecristi, Santo Domingo, en marzo
de 1895 cuando la guerra se había desatado en Cuba
y él se aprestaba a partir al reclamo de la Patria:
"Usted da pocas vueltas y parte derecho.
De modo que ya doy por realizado lo que puede realizar. Esta
nueva hora en que otros pudieran gustar una dedada siquiera
de triunfo, solo lo es para mí de angustioso y continuo
sacrificio y de amargas responsabilidades. Haré en
cada momento lo que deba y no lo que desee, y así estoy
seguro de ser útil. Raro es el día en que por
acá no hablemos de usted y siempre con cariño."
Y en las indicaciones finales, la recomendación
aleccionadora para el compañero entrañable:
"No piense; haga, que es nuestra manera de pensar".
Fracasada la empresa de La Fernandina, Serafín organizó
con Carlos Roloff, una expedición con los recursos
aportados por los tabaqueros cubanos en Cayo Hueso, y desembarcó
en las costas espirituanas el 24 de julio de 1895. Ya la infausta
noticia de la muerte del hermano del alma, había conmovido
su espíritu por lo irreparable de la pérdida,
por eso el vapor que trasladaba la expedición tenía
el nombre de "José Martí".
Por eso también, unido de nuevo al
general Máximo Gómez y siguiendo los preceptos
del ideario martiano, Serafín libró sus más
importantes batallas y participó en la invasión
a Occidente.
Ya de regreso a Las Villas para activar la guerra en el territorio
después de propinar mil derrotas al enemigo el 18 de
noviembre de 1896 cayó en combate.
Antes de morir, el hálito inconmovible del compañero
resumió en su entereza el coraje de los grandes, dándole
energías para ordenar en la hora postrera de la muerte:
"Me han matado... eso no es nada, ¡Siga
la marcha!".
(Tomado de http://www.radiosanctispiritus.cu)
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