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Sexualidad y salud


Esa es la cuestión


Por Araima Saco

 

Jóvenes cubanos fumando.
La influencia del grupo social es, en numerosos casos, un motor impulsor para apostar por el hábito de fumar, por el aquello de no ser menos que los demás.
(Foto: Sureidy)

Está claro —y eso ya es una suerte—: no a todas las personas les gusta fumar. Sin embargo, también es cierto que aunque muchos reconocen lo dañino de tabaco, de todas formas lo hacen. La pregunta, entonces, se hace imperiosa: ¿qué sentirá un fumador y cuáles serán los resortes que lo han conducido a ello?

“Para mí es un placer inigualable, me siento bien, contento, me doy pista. Y, en un final, no le hago daño a nadie porque yo no pico, tengo para mantener el hábito. Simplemente lo disfruto y me es muy difícil dejarlo ya”.

Estas fueron las palabras de un conocido cuando le pregunté por qué no dejaba de fumar. No haré ninguna observación de inicio, solo lo guiaré a él y a todos los que dependan de ese hábito por este pequeño bosquejo acerca del tema, aunque al final, cada cual es responsable de escoger su camino.

Un poco de historia
Los primeros fumadores que se conocen en el mundo fueron los indígenas del continente americano, hace un poco más de 2000 años. Cuando Cristóbal Colón llegó a Cuba, observó que los nativos absorbían la hoja enrollada de una planta, o usan do una especie de caña o tubo llamado tobago.

Esas personas utilizaban el tabaco tanto de manera terapéutica, como con fines religiosos y formaba parte indispensable de las ceremonias ofrecidas a sus dioses.

Entonces los colonizadores lo llevaron a España, introduciendo de esta forma el cultivo y consumo, que se extendió por toda Europa y el resto del mundo.

A partir de 1600, el fumar como placer se generalizó a nivel global con rapidez, a pesar de las severas críticas que se han formulado contra este hábito. Sin embargo, para entender por qué es considerado droga portera (facilita la entrada de otras más peligrosas), recurramos a algunas definiciones que esclarezcan el asunto.

Droga es cualquier sustancia química en estado natural (entiéndase, tabaco, alcohol, hongos, anfetaminas, cocaína, entre otros), cuyo consumo perturba las funciones normales del individuo.

Las drogas que generan adicción son las que afectan el sistema nervioso central, ya sea por estímulo o depresión; mientras que la adicción es el estado de adaptación biológica o dependencia psicológica en que se encuentra una persona, provocado por el abuso de determinada sustancia.

Fumador.
(Foto: Archivo)

Sensaciones que produce el fumar
El principio más significativo del tabaco es la nicotina, de la cual se ha descubierto que tiene gran variedad de efectos complejos, tanto en la mente como en el cuerpo, y es la máxima responsable de la adicción al tabaco.

Al fumar, esta sustancia se distribuye con rapidez por el organismo y llega al cerebro aproximadamente a los siete segundos de ser inhalada, lo cual produce placer, alegría y estado de alerta.

Este mecanismo de acción es similar al de la heroína y la cocaína. Como el efecto desaparece a los pocos minutos y provoca depresión, el fumador desea seguir fumando para repetir los resultados placenteros.

Pruebas del daño del tabaco
Estudios realizados demuestran que el tabaco afecta casi todos los órganos del cuerpo. Cada cigarrillo puede reducir nueve minutos la vida y algunos especialistas plantean que los fumadores viven 15 años menos que el resto de la población.

La nicotina produce aumento en la frecuencia cardíaca, dilatación generalizada de los vasos sanguíneos, incremento de la presión arterial, de la acidez gástrica y de la motilidad intestinal.

La cantidad de monóxido de carbono en sangre disminuye el transporte de oxígeno a los tejidos, lo que, entre otras secuelas, provoca envejecimiento prematuro de la piel. También eleva el colesterol y desciende las lipoproteínas de baja densidad, acelerando la arteriosclerosis.

El tabaquismo es considerada una de las costumbres más nocivas y peligrosas. Atenta no solo contra la calidad de vida de los propios fumadores, sino también de las personas que los rodean, aunque no tengan el hábito.

Cajetilla de cigarros.
(Foto: Archivo)

Resultados que se obtienen al dejar de fumar
Según lo investigadores, pasados 20 minutos de haber dejado de llevarse un cigarro a la boca se restablecen la presión arterial, así como el pulso y la temperatura de los pies y las manos. Después de ocho horas, se normaliza el monóxido de carbono en sangre, al igual que el oxígeno.

Si la fuerza de voluntad continúa y el adicto llega a 24 horas sin fumar, disminuye la probabilidad de ataque cardíaco. Pasadas 72, los bronquios se relajan, y sale beneficiada la respiración.

De las dos semanas a tres meses mejora la circulación sanguínea y es más fácil caminar. De uno a nueve meses disminuyen la tos, la congestión nasal, la fatiga, la falta de aire y las infecciones.

Al año de haber dejado el hábito, el riesgo de morir por enfermedad cardíaca decrece a la mitad, y a los cinco años es igual al de los no fumadores.

Una década después se remplazan las células pre-cancerígenas y aminora la incidencia de otros cánceres.

¿Hábito o moda?
Ya el consumo de cigarros se ha incorporado a nuestros hábitos. Esto responde en gran medida a patrones establecidos y de los que no hemos podido desligarnos.

Es común la presencia del cigarro en actividades recreativas de los jóvenes
—entiéndase fiestas, discotecas, descargas—, lugares donde el individuo que no fuma habitualmente decide llevarse un cigarro a la boca para acompañar el trago o la cerveza que se dispuso a beber.

No olvidemos que el tabaquismo constituye una de las causas del deterioro de la calidad de vida de los fumadores y sus familias, más allá de otras incidencias en el orden económico y hasta ético.

Por ello, antes de llevar ese cigarrillo a la boca, se debe pensar: ¿Vale la pena abusar así con la salud y el entorno de los demás?

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