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Pablo, el periodista
Por Matilde
Salas Servando

Este libro reúne los textos
que fueron incluidos en la primera edición de “Peleando
con los milicianos” (México, 1938), a los
que se suman varias cartas escritas por Pablo en su exilio
de Nueva York inmediatamente antes de partir hacia la
guerra y, como apéndice, la crónica ”La
Revolución española se refleja en Nueva
York”, escrita en esa ciudad poco antes de su partida.
(Tomada de www.centropablo.cult.cu) |
Aunque en su partida de nacimiento dice que
llegó al mundo en San Juan, la capital de Puerto Rico,
el 12 de diciembre de 1901, Pablo de la Torriente Brau es
cubano, pues como tal lo acogió el pueblo de la isla
mayor de las Antillas, como un verdadero hijo, en reconocimiento
a todo lo que luchó por ella.
Muy pequeño viajó con su padre a Santander,
en España, y al regreso llegaron a La Habana, donde
comenzó a asistir a la escuela. Ese fue su primer contacto
con Cuba. Siguieron para Puerto Rico y volvieron para Cuba,
esta vez con toda la familia, para establecerse en Santiago
de Cuba, donde hizo parte del bachillerato, que luego
concluyó en La
Habana.
Esa época marcó un hito en su vida, pues comenzó
a trabajar como secretario en el bufete del doctor Fernando
Ortiz, una oficina de mucho movimiento intelectual, donde
conoció al joven luchador antiimperialista Rubén
Martínez Villena y se inició en el periodismo,
con trabajos que publicó en El Nuevo Mundo y El Veterano.
Poco después se vio obligado a interrumpir los estudios
de Derecho Diplomático y Consular en la Universidad
de La Habana por su intensa actividad política, contra
el tirano Gerardo Machado. El 30 de septiembre de 1930, cuando
fue herido de muerte Rafael Trejo
en una manifestación estudiantil, Pablo también
participó y recibió algunas lesiones; dos meses
después, fue a otra demostración de protesta,
para enfrentar la represión del régimen, por
lo que le encarcelaron y luego tuvo que pasar a la clandestinidad.
Después de guardar prisión, al ser detenido
en enero de 1931 junto a los principales dirigentes del Directorio
Estudiantil Universitario, cuando fue excarcelado publicó
en el diario habanero El Mundo, una serie de reportajes que
tituló “105 días preso”. Su libertad
fue breve, pues poco después los recluyeron de nuevo
y por espacio de casi un año permaneció en el
Presidio Modelo de Isla
de Pinos. De ahí salió para ser deportado
a España, pero al pasar por Nueva York se acogió
a su origen puertorriqueño y logró quedarse
en los Estados Unidos.
El derrocamiento del “asno con garras”, como calificó
Rubén Martínez Villena a Machado, en agosto
de 1933, permitió el regreso de Pablo de la Torriente
a la Isla y desde su llegada desarrolló una febril
actividad revolucionaria, que incluyó la preparación
de la Primera Conferencia Nacional del Ala Izquierda Estudiantil,
en Santiago de Cuba.
Por entonces colaboró con las revistas Bohemia,
Línea, Alma Máter y
en zonas rurales del país, fue corresponsal de Ahora,
donde publicó una serie de artículos titulados:
“La isla de los 500 asesinatos”, que en 1962,
después del triunfo de la Revolución Cubana,
se compilaron en un volumen.
Al fracasar la huelga de marzo de 1935, Pablo se vio obligado
a salir de nuevo hacia el exilio, otra vez a los Estados Unidos,
donde se desempeñó como corresponsal de El Machete,
órgano del Partido Comunista de México y de
The New Masse, en Nueva York, donde además fundó
la Organización Revolucionaria Cubana Antiimperialista
(ORCA) y su periódico Frente Único.
Con fecha 21 de diciembre de 1935, justo a un año de
su muerte, ocurrida en Majadahonda, España, Pablo le
dirigió una carta a su amigo y compañero de
luchas Raúl Roa, desde la
Babel de Hierro, en la que hace referencia al periódico
Frente Único, del que sólo salieron a la luz
tres números, de 16 páginas.
En la misiva le expresa: “Debo hablarte más
del periódico. Lo estoy haciendo circular por toda
la América española y por España. Como
llama la atención, será leído y en algo
contribuiremos a la fomentación de un ambiente internacional
favorable. Lo dirijo a intelectuales y revistas. Creo que
pronto tendremos noticias y resultados de tal propaganda (.
. . ) Estoy trabajando con entusiasmo —o no sé
hacerlo a medias, no me gusta el agua tibia— y por eso
a veces me vuelvo exigente con los demás”.
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