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El Mayor cabalga eternamente por la Historia
El patriota cubano Ignacio Agramonte y Loynaz, conocido
como El Mayor, fue uno de los líderes más sobresalientes
de la Guerra
de los Diez Años. Por sus altas dotes morales y sus condiciones
revolucionarias, vivió y murió cubierto de gloria
Por Nancy
Pérez Medina

Monumento a Ignacio Agramonte en
el Parque que lleva su nombre en la ciudad de Camagüey.
(Tomada de www.radiorebelde.cu) |
Ignacio Agramonte y Loynaz nació
en la calle de La Soledad número 5, en Puerto Príncipe,
actual Camagüey,
el 23 de diciembre de 1841, en el seno de una familia adinerada.
En Barcelona, España, cursó Latinidad y Humanidades;
y Filosofía. En la Universidad
de La Habana estudió Derecho Civil y Canónigo.
En 1867 se vinculó con la fundación de la logia
Tínima, creada con fines conspirativos. Ejerciendo
como abogado, aprobó todas las asignaturas del doctorado,
pero no llegó a graduarse.
Se unió a los patriotas
que, dirigidos por Carlos Manuel
de Céspedes, se sublevaron contra el dominio español.
Meses antes contrajo matrimonio con Amalia
Simoni, con quien tuvo sus dos hijos: Ernesto, nacido
en la manigua, y Herminia, a la que no conoció. Su
arrojo y dotes combativas le valieron el nombramiento de Comandante
en Jefe de las fuerzas del distrito camagüeyano. Se cubrió
de gloria en los combates de Bagá, Sabana Nueva y Asiento.
Es muy conocida la literatura epistolar
que dirigió al amor de su vida. Un fragmento de la
carta escrita el primero de julio de 1871, lo demuestra: "Idolatrada
esposa mía: Mi pensamiento más constante en
medio de tantos afanes es el de tu amor y el de mis hijos.
Pensando en ti, bien mío, paso mis horas mejores, y
toda mi dicha futura la cifro en volver a tu lado después
de libre Cuba…”
En la reunión celebrada en el paradero de Las Minas,
Agramonte se enfrenta a la propuesta del caudillo Napoleón
Arango, acerca de un acuerdo con la metrópoli basado
en reformas políticas. Al respecto expresó:
“Acaben de una vez los cabildeos, las torpes dilaciones,
las demandas que humillan: Cuba no tiene más camino
que conquistar su redención, arrancándosela
a España por la fuerza de las armas."
Era miembro del Comité Revolucionario
de Camagüey cuando éste se convirtió en
la Asamblea de Representantes del Centro, la cual declaró
terminantemente abolida la esclavitud. Como delegado a la
Asamblea de Guáimaro, estuvo entre los que
proclamaron la Constitución de la República
en Armas, representando la tendencia más democrática
dentro de la Revolución.
Redactó, junto a Antonio Zambrana,
el texto constitucional que, con ligeras enmiendas, fue aprobado.
Ambos fueron nombrados secretarios de la Cámara de
Representantes; pero Ignacio abandona las tareas legislativas
para dedicarse por entero a la lucha armada. Sus victorias
le valieron el grado de Mayor General. Por discrepancias con
el presidente de la República en Armas renuncia a la
jefatura de la división de Camagüey, responsabilidad
que vuelve a asumir a petición del propio Céspedes,
y en aras de la causa independentista.
La temible caballería de Agramonte
contribuyó a superar el regionalismo de los primeros
años de la Revolución, que limitó la
capacidad combativa de los mambises en la provincia de Camagüey.
Con su gran autoridad y dotes organizativas, protagonizó
uno de los más heroicos hechos de la Historia de Cuba:
el rescate, con solo 35 jinetes, del brigadier
Julio Sanguily, quien era conducido prisionero por una tropa
de 120 españoles.
Murió en acción de guerra, en el combate del
potrero de Jimaguayú, provincia de Camagüey, el
11 de mayo de 1873. Los colonialistas llevaron el cadáver
a su ciudad natal y lo expusieron en el Hospital de San Juan
de Dios. Al día siguiente fue incinerado, y las cenizas
de El Mayor fueron esparcidas para cabalgar por siempre en
la Historia de Cuba.
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