| Compay
Segundo, tradición y cubanía
Por Jesús Risquet

Compay Segundo fue un verdadero
amante de la vida y de la música. |
Se dice que a partir de la década
del 90 viene teniendo lugar en Cuba un reencuentro con las
raíces soneras, que habían quedado empolvadas
en el mercado discográfico internacional. Y ciertamente,
la música tradicional cubana en los años 90
volvió a tener un despegue vertiginoso.
Como dicen los muchachos del grupo vocal Sampling Lo bueno
no pasa, se queda siempre, y ahí están los éxitos
del Buenavista Social Club y del ya desaparecido Máximo
Francisco Repilado Muñoz, “Compay Segundo”,
llamado internacionalmente el Embajador de la Música
Cubana, quien impuso el “son armónico”,
sobre la guitarra y el tres, tras un enfrascado trabajo desarrollado
durante muchos años.
Compay Segundo nació el 18 de noviembre del año
1907 en Siboney, Santiago de Cuba, donde conoció a
Sindo Garay, otro grande del panorama musical cubano, a los
8 años de edad, cuando su madre, la santiaguera Manuna,
atendió a un hombre que llegó a su puerta pidiendo
permiso para lavarse las manos. Aquel hombre era Sindo Garay
quien para entonces ya era un músico reconocido. Manuna
le invitó a café y le pidió que tocara
alguna pieza. Así fue como por primera vez Compay escuchó
los compases de las cuerdas de una guitarra, sonoridades que
penetraron en su interior, y ya a los 10 años manejaba
con soltura y armonía el tres, instrumento llevado
a su casa por su hermano mayor Roberto.
Todos los hermanos aprendieron y estudiaron música
con una vecina la cual se asombraba del acompañamiento
que Compay lograba hacerle cuando ella tocaba el violín.
Su oído fino perceptor de la buena música, recibió
las más difíciles clases de Solfeo. Un día
su profesora le dio a elegir un instrumento y Francisco prefirió
el melodioso clarinete.
En 1929, a los 22 años entró en la Banda Municipal
de Santiago de Cuba y con esta viajó a la capital.
Cuentan que los ensayos en la casa de Ñico Saquito,
quien fuera su vecino, fueron perfeccionando tanto su clarinete,
que terminó proponiéndole ingresar en el cuarteto
Cuba Star, convertido en quinteto, comenzó a tocar
también el bongó y así se quedó
en La Habana cuando Ñico se lo pidió. Recorrió
las provincias con este conjunto a la vez que alternaba la
música con su trabajo como pintor, peluquero y torcedor
de tabaco.
Compay Segundo fue un magnífico compositor. Su musa
se inspiraba hasta en las cosas más simples de la cotidianidad,
siempre dispuesta a brotar desde la Loma de Alto Cedro, hasta
en las avenidas europeas más frías.
Composiciones como “El Toro” y “El Malecón
de la Gozadera” le surgieron en Europa.
Su bregar tabaquero, el desandar por el lomerío, la
paternidad fecunda de cinco hijos le aportaron una sabiduría
intuitiva, reflexiva y conceptual de la vida.
Compay Segundo integró un grupo llamado Hatuey con
el que viajó a México en 1938 donde la estancia
de tres meses se prolongo a seis, debido a la filmación
de dos películas: Tierra Brava y México lindo.
Luego con el dúo Los Compadres incursionó en
la película Cuba, Canta y Baila, pero su fama no sólo
se basaba en esto, las grabaciones disqueras de todos los
meses lo llevó a un pedestal musical, hasta que diseñó
una nueva propuesta musical: Compay Segundo y su grupo.
Con el Cuarteto Patria las giras fueron numerosas, pero no
por esto abandono su última propuesta musical: Compay
Segundo y su grupo, la cual mantuvo con mucho orgullo y éxito,
llevando por el mundo esa mezcla o mestizaje, ese ambiente
de luz y color, esa salsa o son haciendo salir de su armónico,
un instrumento de siete cuerdas, entre la guitarra española
y el tres cubano creado por él, una sonoridad suave,
que es el pulso de la Isla.
Participó activamente en el disco Buena Vista Social
Club, con el cual ganó varios premios Grammy, y apareció
también en la película del mismo nombre realizada
posteriormente por Wim Wenders.
La sonrisa abierta, su piel cobriza, el sombrero protector,
eran las características de este hombre de pueblo distinguido
por una cierta elegancia europea, quien hizo retumbar los
teatros neoyorquinos, franceses y españoles con su
pegajoso “Chan Chan” y otros temas llenos de cubanía.
Compay Segundo es un importante eslabón de una cadena
de gestores de ritmos cubanos, su eterna juventud fue un secreto,
porque dedicó sus felices años a amar la vida
y a la música hasta que el 14 de julio de 2003, a los
95 años, se nos fue sin poder cumplir su sueño
de vivir 116 años como su abuela.
(Tomado de
www.trabajadores.cubaweb.cu) |
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