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Ana Betancourt, precursora de los derechos de las cubanas
Desde la temprana época de los años
sesenta del siglo XIX la mujer cubana comenzó a defender
sus derechos plenos, entre ellos a los de luchar por la independencia
de la Patria. La predecesora de tales anhelos fue la patriota
Ana Betancourt
Por Nancy
Pérez Medina

Como bien dijo el Padre de la Patria,
Ana Betancourt es recordada por su empeño en lograr
la emancipación de la mujer.
(Tomada de www.pprincipe.cult.cu) |
El 14 de diciembre de 1832, la ciudad de
Camagüey
recibió en su seno a una acaudalada niña,
a quienes sus padres nombraron Ana María de la Soledad
Betancourt Agramonte, y le dieron una educación pragmática,
como correspondía a su clase, época y género:
música, bordados, tejidos, cocina y atenciones hogareñas.
Su localidad la vio convertirse en una joven bella, majestuosa
e inteligente, de fuerte, severo —y a la vez dulce—,
espíritu.
Contrae nupcias en 1854 con el abogado Ignacio Mora de la
Pera, quien promovió en ella el ávido interés
por ampliar sus conocimientos, que incluyeron literatura,
gramática, historia e idiomas. La pareja abraza el
independentismo. Mora parte junto a Ignacio
Agramonte a luchar por la libertad de Cuba días
después de iniciada la conocida como Guerra
de los Diez Años contra el coloniaje español. Su
esposa le alienta: "Por ti y por mí, lucha por
la libertad". Y le pide: "Úneme a tu destino,
empléame en algo, deseo como tú consagrar la
vida a la lucha por mi patria".
A causa de su comprometimiento con los insurrectos (fue designada
agente del Comité Revolucionario del Camagüey),
Ana tuvo que partir hacia la manigua, el 4 de diciembre de
1868, a compartir las vicisitudes con su esposo, a quien ayuda
a escribir y corregir las proclamas revolucionarias que publicaba
en el periódico El Mambí. Participa con otros
jóvenes, en el poblado camagüeyano de Guáimaro,
en la primera Asamblea Constituyente de la República
de Cuba. Al terminar las sesiones de debates, habla en un
mitin:
"Ciudadanos: La mujer cubana en el
rincón oscuro y tranquilo del hogar esperaba paciente
y resignada esta hora sublime, en que una Revolución
justa rompe el yugo y le desata las alas.
''Todo era esclavo en Cuba, la cuna, el color, el sexo. Vosotros
queréis destruir la esclavitud de la cuna peleando
hasta morir si es necesario. La esclavitud del color no existe
ya.
''Cuando llegue el momento de libertar a la mujer, el cubano,
que ha echado abajo la esclavitud del color, consagrará
también su alma generosa a la conquista de los derechos
de la que es hoy en la guerra su hermana de caridad, abnegada,
que mañana será, como fue ayer, su compañera
ejemplar."
Sobre estas perecederas palabras, Carlos
Manuel de Céspedes, elegido Presidente de la República
de Cuba, predijo al felicitarla: "El historiador cubano
al escribir sobre este día dirá cómo
usted, adelantándose a su tiempo, pidió la emancipación
de la mujer". Algunos cronistas la consideran la primera
líder feminista de Cuba y Latinoamérica, en
una época en que el ambiente patriarcal prevalecía
en las costumbres.
En julio de 1871 el enemigo los sorprende
en La Rosalía; Ana logra que Mora escape, aunque es
detenida (una crisis de artritis le impiden huir), y la llevan
hasta Jobabo. La mantuvieron tres meses a la intemperie bajo
una ceiba, para atraer al coronel Mora (a quien no volvería
a ver). Soportó hasta el simulacro de un fusilamiento,
por negarse a escribir a su compañero para que se entregara.
Los soldados españoles la insultaban llamándola
"La Madame Roland Mambisa"
o ''La Madame Marat".
Enferma de reuma y tifus, es deportada, y en octubre de 1871
sale hacia México. Poco después se radicó
en la ciudad estadounidense de Nueva York. Da clases a hijas
de emigrantes cubanos, así como en Jamaica y El Salvador,
donde recibe una hermosa misiva de Mora en la cual le alienta:
"Bien, mi Anita, principias a recoger el fruto de tu
bella inteligencia".
En 1872 visitó al presidente de Estados Unidos, Ulises
Grant, para que intercediera a favor del indulto de los estudiantes
de Medicina presos por los sucesos
de noviembre de 1871. Ese mismo año pasó
a residir en Kingston, Jamaica, donde en noviembre de 1875
recibió la noticia del fusilamiento de su esposo. Regresa
a Cuba llena de pesares.
Poco después va a vivir con una hermana en Madrid,
y desde allí transcribe el diario de Mora y sigue conspirando
por la libertad de la Isla. Establece contactos con su sobrino
Gonzalo de Quesada, ilustre patriota. Cuando conoce del fracaso
de La Fernandina, le escribe: “La mala
suerte nos persigue y esos perros yanquees nos hacen todo
el mal que pueden... más no hay que desalentarse por
ello... la sangre de los héroes que ha empapado nuestra
tierra, la tierra de nuestros campos, la fecundará"
Realizaba los preparativos para regresar
a Cuba cuando una bronconeumonía fulminante le produce
la muerte en la capital de España, a los 69 años
de edad, el 7 de febrero de 1901. Sus restos fueron trasladados
a La Habana y actualmente
reposan en un panteón erigido en su memoria, en Guáimaro.
Su Patria no olvida a quien abrió la posibilidad de
la mujer de luchar por obtener un sitio digno dentro de la
sociedad
En su homenaje fue creada la Orden Ana Betancourt
al mérito, otorgada a las mujeres que contribuyan de
forma destacada a la defensa de los valores femeninos, revolucionarios,
internacionalistas o en algún meritorio trabajo. Al
principio era el máximo galardón de la Federación
de Mujeres Cubanas (FMC), pero desde 1979 fue elevado
a Premio de Estado.
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