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Antonio Bachiller y Morales
Una vida entre libros
Por Kalika
Kofi
Foto: Archivo

Bachiller y Morales fue un hombre
de vasta erudición.
(Tomada de Diccionario de la Literatura Cubana) |
“Americano apasionado, cronista ejemplar,
filólogo experto, arqueólogo famoso, filósofo
asiduo, abogado justo, maestro amable, literato diligente,
era orgullo de Cuba Bachiller y Morales (1812-1889), y ornato
de su raza”, escribió José
Martí en un periódico de Nueva York hace 122 años,
dos semanas después de que se apagara “la vida
bibliográfica” de este ilustre habanero.
“[…] Era la moderación,
y cierta mezcla del ímpetu del país y de lengua
togada”, dice el Apóstol, “lo que da a
su estilo (al de Bachiller y Morales) el tono vivo que viene
de expresar lo que se siente. “La naturaleza nunca nos
engaña”. “Amo la discusión racional,
como aborrezco la disputa”. “Religión,
sí; pero no permita el cielo que la hipocresía
ocupe el lugar del convencimiento”.
“[…] No le gustaba en las polémicas”,
continúa Martí hablando del llamado padre de
la bibliografía cubana, “ni aun en la defensa
de sus mismas ideas “tanta alusión y amargura”,
ni “un fuego excesivo”. Le indignaba “la
miseria de las nulidades que no pueden soportar el mérito
ajeno”. Del obispo Espada le admiraba esta frase: “Dios
no quiere otra cosa sino que se observe constantemente el
orden”.
Suma de conocimientos
Antonio Bachiller y Morales cursó sus primeros estudios
en el Seminario de San Carlos. En la Real y Pontificia Universidad
fue alumno de Lógica, Metafísica y Moral y se
graduó de Bachiller en Leyes (1832). Con la "Memoria
sobre la exportación del tabaco en rama!", disputó
“a plumas más hechas” el primer premio
de un concurso que había convocado la Sociedad Económica
de Amigos del País (SEAP), la que lo distinguió
con la condición de Socio de Mérito (1825).
Obtuvo la licenciatura en Derecho Canónico
(1837) y en Derecho Civil (1838). En la misma Universidad
fue nombrado sustituto de la cátedra de Derecho Canónico.
En 1842, se le designó catedrático de Derecho
Natural y de Fundamentos de Religión. Llegó
a ocupar el decanato de la Facultad de Filosofía hasta
1862. Fue secretario y letrado consultor Caja de Ahorro, Descuentos
y Depósitos de La Habana, cuyas memorias redactó
y publicó entre 1846 y 1867.
Bachiller y Morales perteneció al
Liceo de La Habana y fue varias veces presidente electo de
su sección de Literatura. En 1850 se le denominó
síndico primero del Ayuntamiento habanero. Desempeñó
la secretaría de la (SEAP). Fue miembro asimismo de
otras instituciones y corporaciones nacionales y extranjeras.
En 1863 pasó a ser director del recién
creado Instituto de Segunda Enseñanza de La Habana,
en donde además enseñó Economía
Política, Estadística y Derecho Mercantil hasta
1869. Por un documento en que solicitaba la autonomía
para Cuba, sufrió represalias y vejaciones por parte
del gobierno español, debido a lo cual se vio obligado
a emigrar a los Estados Unidos con toda su familia a principios
de 1869. Regresó a Cuba en 1878.
Durante años desarrolló una
intensa labor periodística como redactor de El Puntero
Literario, La Siempreviva, Faro Industrial de La Habana, La
Serenata y la Revista crítica de ciencias, artes y
literatura, y como colaborador de El Nuevo Regañón
de La Habana, Diario de La Habana, Gaceta de Puerto Príncipe,
El Árbol, Anales de la Isla de Cuba, Revista de Jurisprudencia,
Eco del Comercio, Prensa de La Habana, Revista de La Habana,
Brisas de Cuba, Revista de Cuba y otras publicaciones periódicas
de su época.
Fundó con Ildefonso Vivanco el Repertorio
de Conocimientos Útiles, y colaboró además
en El Siglo XIX y La Patria (México), Diario del Comercio
(Río de Janeiro), Revista de España, de Indias
y del Extranjero (Madrid), The Magazine of the American History,
The Scientific American, El Mundo Nuevo y La América
Ilustrada (Estados Unidos).
Jovial y sencillo
Autor de las novelas “Matilde o los bandidos de Cuba”
y “La Habana en dos cuadros o La Seiba y el Templete”,
aparecidas en El Aguinaldo Habanero (1837) y Faro Industrial
de La Habana (1845), respectivamente, Antonio Bachiller y
Morales participó en la confección de Paseo
pintoresco por la Isla de Cuba (La Habana, Impr. de Soler,
1841) y en Tipos y costumbres de la isla de Cuba (La Habana,
Editor Miguel de Villa, 1881).
Tradujo el drama “El campamento de
los cruzados”, de Adolphe Dumas; la comedia “Los
celos deseados”, de Luis Stella; “Fisiología
e higiene de los hombres dedicados a trabajos literarios.
Investigaciones sobre lo físico y lo moral”,
de Reveillé-Parisse; “Rudimentos de la lengua
latina”, de T. Rediman y “Libro de lectura para
los niños americanos”, de William O. Swan.
Como erudito e investigador se ocupó
de los más diversos temas a través de una extensa
obra, en la que se destacan sus tres tomos de “Apuntes
para la historia de las letras y de la instrucción
pública en la Isla de Cuba” (1859-1861).
Signo claro de la importancia de estos tres
volúmenes, es que figuran en la Selección bibliográfica
para estudios específicos del capítulo “V.
De la sociedad esclavista a la revolución independentista”,
de Historia de Cuba. 1492-1898. Formación y Liberación
de la Nación (2002), el libro compilado por los historiadores
y ensayistas contemporáneos cubanos Eduardo Torres-Cuevas
y Oscar Loyola Vega, que publicó la Editorial Pueblo
y Educación hace apenas nueve años.
“Pero lo que enamoraba de él
(de Antonio Bachiller y Morales)”, terminaba diciendo
Martí, “era aquel carácter jovial y sencillo
[…]. Con saber tanto, jamás pedanteaba; ni se
ponía como otros, donde le oyesen —así
como sin querer— las novedades que acababa de entresacar
de este o aquel libro, o componer, con cierto aire que parezca
desorden, en la soledad de la alcoba literaria…”
Bibliografía:
- Martí, José. “Antonio Bachiller y Morales”,
en sus Obras Completas. T. 5. Editorial de Ciencias Sociales.
La Habana, 1975. pp. 141-153.
- Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias
de Cuba, Instituto de. Diccionario de la Literatura Cubana.
Editorial Letras Cubanas. Ciudad de La Habana, Cuba, 1980.
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