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El barrio nuestro de cada día


Por Isabelle
Fotos: Wildy

 

Barrio cubano.

Si pidieran resumir las principales características de nosotros los cubanos, muchos nos describirían, a veces de manera desmedida, como ilustres herederos de lo mejor de diferentes culturas.

Así, el ser familiares, expresivos, bullangueros, fiesteros, atrevidos, serán características recurrentes según criterios propios y foráneos.

Atendiendo a ello, los sitios donde moramos y su contexto resultarían una especie de lugar paradisíaco en el cual las problemáticas propias de la caribeña realidad se resolverían sin grandes vicisitudes.

De tal suerte, nuestras costumbres podrían emular como eficiente fórmula del éxito para vivir en armonía.

Pero, ¿qué sucede realmente en el vecindario cubano? ¿Qué ocurre cuando parte de aquellas características que nos granjean la simpatía universal amenazan con tornarse en desuso?

¿Qué pasaría si convertimos al barrio en escenario poco tolerable, una especie de pequeño infierno en el cual la llegada al estatus de «paraíso» queda varada o pasa de largo por no respetarse los límites ajenos?

La familia tributa con sus valores a la conformación de la fisonomía del lugar
Donde residimos.

Entre lo particular y lo colectivo
Si leyéramos añejas crónicas sobre algún barrio cubano caeríamos en la cuenta de que se mantienen ciertas características, amén del cambio en el entorno social.

Así seguimos, como antaño, solicitando la camaradería del de al lado para un poquito de sal, ver la novela, hacer un “motivito” o solicitar el cuidado de nuestros viejos o niños por unas pocas horas.

Son estas particularidades las que convierten al vecindario y sus habitantes en extensión de la propia casa y la familia.

Ante esta realidad se hace necesario, entonces, modular las actuaciones individuales (familiares) en función de mantener esa comunión especial de la que disfrutamos a lo largo y ancho de la Isla.

Las perennes carencias por las cuales hemos tenido que transitar producto del bloqueo económico de Estados Unidos en ocasiones, de la negligencia en otras, han venido haciendo mella en varias esferas de nuestras vidas.

El estado constructivo de las viviendas, por ejemplo, la escasez o ausencia de determinados productos, entre otras estrecheces ha obligado a parte significativa del cubano a establecer una sostenida colaboración entre quienes conviven en el mismo barrio.

Por ello, pedir ayuda al vecino o contribuir en la solución de un problema es usual en la Cuba nuestra.

Lamentablemente, desde hace algunos años vienen aflorando actitudes que ponen en riesgo la colaboración propia del entorno vecinal, actuaciones que atentan contra la sana convivencia.

En ese sentido, el seno familiar es de vital importancia. Claro, la tolerancia y el respeto de los límites del otro son acciones que, si no han sido fomentadas en ese núcleo, se hace difícil ejercitarlas fuera.

Por tal razón es indispensable para el buen funcionamiento de una sociedad que esa célula principal y primaria eduque sobre la base del respeto.

Ello se logra asumiendo una comunicación eficiente, pero no solo de manera explícita en la cual verbalizamos una orden o corregimos una mala acción. También la forma silente, esa que incluye predicar con los buenos ejemplos pues así estaremos fomentando iguales conductas hacia los de al lado, del frente, de arriba o de abajo, en fin, hacia los vecinos.

Ese eslabón no puede faltar si queremos perpetuar la idea de familia como parte funcional del barrio y no familia vs. barrio.

Si bien es cierto que el contexto influye sobre el ser humano, a su vez este debe ser capaz de transformar las circunstancias adversas hasta crear otras nuevas, pero todo ello basado en las reglas tácitas que se establecen en las relaciones sociales.

Los CDR, los Consejos Populares, las Casas de Orientación de la Mujer y la Familia, el jefe de sector de la Policía Nacional Revolucionaria así como el delegado del Poder Popular son figuras e instituciones a las que se puede apelar cuando la tolerancia y la búsqueda de entendimiento sean desplazadas.

Vivamos en paz
La especial coyuntura en la cual se originó la Revolución Cubana propició la existencia de estructuras con las cuales se pueden canalizar y solucionar determinadas problemáticas.

Por supuesto que la anterior reflexión no indica que la zona, el reparto, ese lugar donde habitamos esté en medio de una total crisis de convivencia.

Por suerte este sitio para muchos sigue siendo la patria chiquita si estás lejos o el lugar que te saca un suspiro de alivio cuando bajas de la guagua y ves a los tuyos.

Así de profundo calan las calles, olores, “socios” y amigas en el cubano. Por esto se hace camino a seguir el abrir los ojos ante nuestro propio comportamiento, y apelar a toda nuestra profusa verborrea cuando se trata de salvar la tranquilidad del barrio nuestro de cada día.

 

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