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La primera guerra imperialista
Por Matilde
Salas Servando
Desde que en 1868 Carlos
Manuel de Céspedes liberó a sus esclavos y se fue
a la manigua con otros patriotas, el afán de libertad
de los cubanos se mantuvo firme. En ese tiempo Estados Unidos
se oponía a ese anhelo, y tres años después
el presidente del país norteño, Ulises Grant,
calificaba como delincuentes a quienes luchaban por la independencia
de la Isla.
El 24 de febrero de 1895 se inició en Cuba la Guerra
Necesaria, organizada por José
Martí; fue un movimiento revolucionario que dos años
después se extendía victorioso a lo largo y
ancho del territorio insular. Con la invasión de Oriente
a Occidente, en la que se destacaron jefes mambises como Antonio
Maceo y Máximo
Gómez, cada día se hacía más evidente
la victoria del pueblo cubano sobre el ejército español.
A esas alturas, los gobernantes de Estados Unidos consideraron
que ya había llegado el momento de lograr el viejo
anhelo de apoderarse de Cuba, y para eso crearon las condiciones
que le permitirían intervenir directamente en el conflicto
armado entre la metrópoli y su colonia en el Nuevo
Mundo. Con el objetivo de lograr ese propósito, el
25 de enero de 1898, entró en el puerto habanero el
acorazado
Maine.
En la noche del 15 de febrero de ese año, tres semanas
después de su llegada a Cuba, el acorazado estadounidense
explotó misteriosamente y dejó
como resultado la muerte de más de 260 marinos yanquis.
Con ese pretexto, días después, el gobierno
de Estados Unidos le declaró la guerra a España.
A principios del mes de julio del 98, las tropas norteamericanas
desembarcaron en las cercanías de Santiago
de Cuba y días después ocuparon la ciudad,
para de ese modo ingresar en la guerra hispano-cubana, cuando
ya los mambises habían conseguido la anhelada victoria,
luego de treinta años de luchas.
Los yanquis ocuparon la ciudad de Santiago de Cuba y no dejaron
entrar en la ciudad al General
Calixto García y sus tropas, que tan heroicamente habían
luchado para conseguir la ansiada libertad.
Ante ese acto irrespetuoso, el jefe mambí envió
una carta de protesta al general William Shafter, del Ejército
estadounidense, en la que se refería a la derrota de
España cuando dijo: ”La noticia de tan importante
victoria sólo llegó a mi conocimiento por personas
completamente extrañas a su Estado Mayor, no habiendo
sido honrado con una sola palabra por parte de usted, sobre
las negociaciones de paz y los términos de la capitulación
propuesta por los españoles”.
Días después, en agosto de ese año, España
solicitó que se negociara la paz, que se hizo efectiva
mediante el llamado Tratado de París, firmado el 10
de diciembre de 1898 en la Ciudad Luz sin la participación
de los representantes de las fuerzas cubanas, que el gobierno
de los Estados Unidos nunca quiso reconocer.
Transcurridos algunos decenios, los investigadores históricos
pudieron comprobar que resultaba muy extraño el hecho
de que todos los oficiales pertenecientes a la tripulación
del Maine hubieran bajado a tierra para asistir a una fiesta,
mientras se efectuaba el siniestro plan en la rada habanera.
De todo lo anterior se desprende que los marineros del acorazado
fueron sacrificados sin miramientos por el gobierno de Estados
Unidos, justamente cuando estaba a punto de iniciar su primera
guerra imperialista. Esas muertes se utilizaron como pretexto
para lograr el fin: intervenir en Cuba para luego apoderarse
de ella.
Bibliografia
- Discursos de Fidel Castro. Recibimiento al mercante “Hermann”,
efectuado ante el monumento al Maine, en El Vedado, La Habana,
el 1ro de febrero de 1990.
- Pino-Santos, Oscar.” Historia de Cuba. Aspectos fundamentales”.
Editora del Consejo Nacional de Universidades. 1964.
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