| El
arte de robar sonrisas
Por Jesús
E. Muñoz Machín, estudiante de Periodismo

El piropo tiene que ser expresión
de caballerosidad, galantería, respeto a la mujer.
(Tomada de www.susanasuscircunstancias.blogspot.com) |
Es cualquier lugar del país es fácil
escuchar decir: “El cubano lleva el piropo en la sangre”.
El exquisito sentido del humor de los habitantes de la Isla
y su extraordinaria capacidad para encontrar la belleza en
casi todo los convierte en galanes natos.
En Cuba se piropea en todas partes: en el
centro laboral, la escuela, el consultorio o la guagua. Es
una de las costumbres más arraigadas en los “machos”,
razón por la cual resulta preocupante la proliferación
de cierta tendencia burda y grosera en los piropos “modernos”.
A diario escuchamos frases en extremo desagradables
como: “Mami, si te cojo…” y otras que considero
innecesario repetir. El piropo pierde cada vez más
el lado poético y jocoso que lo identifica. La metáfora,
el símil o el sentido figurado son sustituidos por
palabras obscenas y agresivas.
Muchos hombres parecen olvidar que la galantería
solo funciona si recibe la aprobación de la dama. Algunos,
jóvenes en su mayoría, dicen utilizar esas frases
ofensivas para ganar prestigio entre un grupo de amigos, mientras
otros, simplemente intentan demostrar su “hombría”.
Los tiempos han cambiado y los jóvenes
somos más atrevidos. Sin embargo, nada justifica la
incorrecta utilización de la lengua materna y mucho
menos atentar contra la belleza femenina.
Además, detrás de esos “antipiropos”
subyacen problemas mayores como la pérdida del respeto
hacia la mujer y una mala educación.
Aquí o allá, en Cuba o Japón,
la galantería pretende honrar la belleza, no degradarla.
El piropo no morirá, estoy seguro de ello. No obstante,
si continuamos por el sendero de la vulgaridad, esta cubanísima
forma de elogiar a las sabrosas criollas dejará de
ser, como dicen los más añejos, “el arte
de robar sonrisas”.
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