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Céspedes, símbolo de dignidad y rebeldía
Por Matilde
Salas Servando
El 27 de febrero en Cuba se recuerda con
verdadero sentimiento patrio, la fecha en que ocurrió
la caída, en desigual combate, el primer Presidente
de la República en Armas, Carlos Manuel de Céspedes
y del Castillo, hace137 años.
Nacido en el seno de una familia rica, recibió una
educación esmerada y desde niño estudió
latín; antes de cumplir los 10 años hizo la
traducción de los versos de “La Eneida”,
el poema clásico de Virgilio, lo que representa una
verdadera precocidad, para esa edad. Cursó estudios
en Bayamo y luego pasó a la Universidad
de La Habana, donde se graduó, a los 19 años,
de bachiller en Derecho Civil. En 1840 marchó hacia
España, donde permaneció hasta concluir su carrera
de abogado en Barcelona.
Viajó por varias ciudades de Italia, Alemania, Inglaterra
y Austria, y en 1844 regresó a Cuba, donde poco después
comenzó a ejercer con brillantez su profesión,
al tiempo que pasó a ocupar el cargo de síndico
del ayuntamiento de Bayazo; desde esa posición civil
actuó en defensa de los esclavos, con lo que se ganó
la admiración y simpatía de los negros libres.
En 1850, en plena juventud, Céspedes se hizo sospechoso
de algunos representantes del gobierno colonial español
por las reuniones que sostenía con algunos amigos,
como: el poeta José Fornaris y el abogado Pedro
Figueredo, quien fue el autor de la letra del Himno
Nacional cubano. Por esa época viajó varias
veces al Camagüey,
donde estaba la Audiencia y se reunían algunos criollos,
inconformes con la situación general en la Isla.
A raíz de eso Céspedes fue detenido y puesto
a disposición del gobernador del Departamento Oriental,
en Santiago
de Cuba, quien lo condenó a tres meses de destierro
en el caserío de Palma Soriano; luego lo obligaron
a residir en Manzanillo, más tarde en Baracoa
y después fue condenado a cinco meses de prisión
a bordo del navío Soberano, anclado en el puerto de
Santiago de Cuba.
Por esa época comenzó a escribir para el periódico
La Antorcha, de Manzanillo, y poco después adquirió
el ingenio Demajagua, ubicado cerca de las estribaciones de
la Sierra Maestra, en la zona oriental del país.
La relevancia económica y social del político,
abogado, deportista, poeta y propietario de tierras Carlos
Manuel de Céspedes, se basaba en la producción
de esa propiedad recién adquirida, aunque su riqueza
no podía compararse con la de Francisco Vicente Aguilera
o el marqués de Santa Lucía.
La situación económica imperante en Cuba por
aquellos tiempos influyó decisivamente entre los criollos
acomodados, al tiempo que se fortaleció la conciencia
política, por lo que la gran mayoría de los
propietarios de entonces se sumaron a la conspiración.
En Céspedes, se conjugaron la decisión de lucha
y la convicción de ideas por lo que, sin discusión,
se convirtió en el líder del movimiento, que
estalló al amanecer del 10 de octubre de 1868.
En esa ocasión, la campana de su ingenio Demajagua
no llamó a los esclavos al trabajo, sino a la liberad,
y les dio la categoría de soldados de la naciente República
en Armas. A partir de entonces el negro se convirtió
en un hombre libre, con derecho a portar las armas para defender
su libertad y la de sus hermanos.
Al día siguiente, cuando se produjo el escalabro tras
el ataque al poblado de Yara, su grandeza se puso de manifiesto.
Uno de los participantes en la contienda, sin visión
de futuro, creyendo que había llegado el final, expresó:
“¡Todo se ha perdido!”, a lo que Céspedes
respondió con firmeza: “¡Aún quedamos
doce hombres, bastan para hacer la independencia de Cuba!”
A partir del alzamiento del `68, el pensamiento de Carlos
Manuel de Céspedes se radicalizó, hasta lanzar
la consigna de “Independencia o Muerte”, que sirvió
de guía a los cubanos hacia su definitiva liberación.
El Presidente de la República en Armas fue depuesto
en Bijagual, el 27 de octubre de 1873, a los cuatro años,
seis meses y 17 días de su elección en Guáimaro,
maniobra que no le sorprendió, porque la esperaba.
En una carta a su esposa, Ana de Quesada, le decía:
“No haré más que lo que quiera el pueblo
y crea convenirle. Mi política, no obstante, hasta
ahora sigue siendo la conciliación y atracción;
pero prudente y enérgica á mi parecer”.
En los últimos días de enero de 1874, Céspedes
llegó a la finca San Lorenzo, ubicada en las estribaciones
del macizo montañoso de la Sierra Maestra, donde fue
a vivir en un bohío y se dedicó a enseñar
las primeras letras a un grupo de niños residentes
en la zona. Así se convirtió en maestro voluntario
el abogado de holgada posición económica, que
antes fuera deportista, poeta, propietario de tierras, político,
revolucionario y Presidente.
El 27 de febrero de 1874 cayó, como un símbolo,
en desigual combate, el Padre de la Patria.
En ocasión del centenario del inicio de los Cien años
de Lucha, el Comandante en Jefe Fidel Castro dijo que “en
Cuba sólo ha habido una revolución: la que comenzó
Carlos Manuel de Céspedes, el 10 de octubre de 1868
(…) Céspedes simbolizó el espíritu
de los cubanos de aquella época, simbolizó la
dignidad y la rebeldía de un pueblo, heterogéneo
todavía, que comenzaba a nacer en la historia”.
Bibliografía
- Carreras, Julio Ángel. “Céspedes”.
Editora Política. La Habana, 2003.
- Castro, Fidel. Discurso 10 de octubre, 1968. Centenario
del inicio de la Guerra de independencia.
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